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	<description>Revista trimestral para el díalogo entre el Magreb, España y Europa</description>
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		<title>La geopolítica de la energía en un norte de África más amplio y profundo</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 08:43:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gonzalo Escribano El ataque a la planta gasista de In Amenas, en Argelia, ha mostrado que para España y, en general, para la Europa mediterránea, la gran frontera geopolítica de la energía sigue siendo la más cercana: la mediterránea. Las preocupaciones geopolíticas sobre el “gran juego” energético centroasiático, las promesas de la revolución de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Gonzalo Escribano</em></p>
<p>El ataque a la planta gasista de In Amenas, en Argelia, ha mostrado que para España y, en general, para la Europa mediterránea, la gran frontera geopolítica de la energía sigue siendo la más cercana: la mediterránea. Las preocupaciones geopolíticas sobre el “gran juego” energético centroasiático, las promesas de la revolución de los hidrocarburos no convencionales, los equilibrios de poder en el Golfo Pérsico o la competencia de China por el acceso a los recursos, han absorbido en los últimos años la atención del pensamiento estratégico europeo. Mientras tanto, desde 2011 el norte de África viene atravesando una etapa convulsa que ha devuelto la atención al escenario energético regional, desde el futuro del Canal de Suez tras la revolución egipcia a la parálisis durante meses de la producción libia (incluyendo las exportaciones de gas a Italia por el gasoducto Greenstream), pasando por las dudas sobre la respuesta de política energética argelina a la ola de revueltas en la región.<br />
Esta sucesión de acontecimientos ha aumentado considerablemente la profundidad geopolítica del norte de África, en el sentido de que ha agravado la percepción de riesgo, tanto en su mayor intensidad como debido a las nuevas manifestaciones del mismo. El ataque a la planta de In Amenas, a la que han seguido otros incidentes menores en la misma Argelia, refleja esa mayor profundidad geopolítica. Pero dada su interrelación con la crisis de Malí, apunta también a la extensión del escenario norteafricano al espacio sahelo-sahariano y al África occidental. Las tres subregiones parecen haber asumido dinámicas paralelas, si no comunes, y conforman un norte de África más profundo y más amplio, al menos desde la perspectiva de la geopolítica de la energía.<br />
<strong>La dimensión sahelo-sahariana</strong><br />
El deterioro de la seguridad en el espacio sahelo-sahariano ha supuesto una preocupación creciente en los últimos años. Pocas veces un desierto ha estado tan poblado, en este caso de actividades ilegales que abarcan el terrorismo yihadista, tráficos ilícitos de armas, drogas, personas, contrabando de mercancías varias y secuestros. Los servicios de seguridad occidentales, pero también norteafricanos, llevan años alertando de las implicaciones que la profusión de estas actividades podría tener en el flanco sur europeo y, por tanto, en la propia Europa.<br />
La situación alcanzó un punto insostenible con el control por parte de una amalgama de fuerzas yihadistas y secesionistas del norte de Malí y, posteriormente, con su avance hacia la capital, Bamako. La intervención franco-africana en Malí frenó una expansión que amenazaba con extender el santuario yihadista al África occidental y exportar la inestabilidad al Golfo de Guinea. La propagación de la amenaza yihadista a las instalaciones petroleras y gasistas del Golfo de Guinea, y su eventual coalición con el movimiento nigeriano Boko Haram, hubiese supuesto un deterioro adicional a las condiciones de seguridad en el África Occidental, ya precarias tras la renovación de los ataques a instalaciones nigerianas por parte del Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND) y episodios esporádicos de piratería que han afectado a petroleros.<br />
El ataque a la planta gasista de In Amenas mostró la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas situadas en los territorios desérticos del sur de Argelia, pero también de Libia y Túnez. Se configuraba, así, un sistema geopolítico que, en términos clásicos, podría describirse como un heartland sahelo-sahariano con capacidad para perturbar la seguridad energética de un extenso rimland que abarcaría desde el Canal de Suez hasta el Golfo de Guinea. Ese conjunto geopolítico agrupa productores que representan cerca del 10% de la producción mundial de crudo y un 6% de la de gas, con porcentajes superiores de las exportaciones mundiales. Además, alberga zonas poco exploradas y con gran potencial, tanto en Argelia como, sobre todo, en Libia y la costa atlántica africana, además de recursos no convencionales de gas en Argelia y Libia que se sitúan entre los mayores del mundo. A esto se suma la calidad de sus crudos y su cercanía a Europa, que se traduce en ventajas logísticas y convierte a estos países en socios energéticos naturales de la Europa mediterránea.<br />
La planta de In Amenas es el cuarto complejo de gas argelino por nivel de producción. Comprende un grupo de campos de wet gas o “gas húmedo”, gas natural que contiene hidrocarburos más pesados que el metano y que se recuperan en forma de gas condensado y gas licuado del petróleo-GLP. Está situada en la cuenca de Illizi, en el sudeste de Argelia y cerca de la frontera libia, muy próxima a otros campos del sudeste argelino y de los grandes campos libios de Ghadames. El complejo inició su producción en 2006 y produce unos 8-9 bcm (miles de millones de metros cúbicos) de gas al año, lo que representa cerca del 10% de la producción argelina de gas, y cerca de 55.000 barriles/día de condensado. Sonatrach exporta la producción íntegramente a Europa, básicamente a Italia mediante el gasoducto TransMediterráneo (Enrico Mattei), y sus socios, BP y la noruega Statoil, recuperan su inversión mediante la comercialización del condensado y el GLP. Si esos 8 o 9 bcm de gas natural se imputasen íntegramente a exportaciones, supondrían ingresos del orden de 3.000 millones de dólares al año.<br />
Se trata, por tanto, de una instalación importante, con nuevas infraestructuras de compresión en desarrollo que debían entrar en funcionamiento en los próximos meses para mantener la producción. No hay información acerca del alcance de los daños sufridos por la instalación, pero tras las dudas iniciales sí se sabe por fuentes abiertas que el ataque había sido planificado meses antes de la intervención francesa en Malí, que los terroristas intentaron volar la planta de manera deliberada y que si no lo consiguieron fue por su desconocimiento técnico y, sobre todo, por el heroísmo de los profesionales que se negaron a restablecer el flujo de gas, lo que en última instancia costó la vida a muchos de ellos, pero probablemente salvó la de todos los demás.<br />
<strong>La nueva geopolítica de la energía en el norte de África</strong><br />
El ataque a In Amenas tiene implicaciones evidentes para la geopolítica de la energía en la región. La invulnerabilidad de las instalaciones energéticas argelinas ha quedado en entredicho, siendo este un factor que diferenciaba históricamente la seguridad de sus infraestructuras de las de otros países del norte de África y Oriente Medio, expuestas con mayor frecuencia a sabotajes. Además, si un Estado fuerte como Argelia no ha podido controlar su territorio y vigilar sus fronteras, aumenta el riesgo de que se produzcan nuevas acciones semejantes en territorio libio, donde las fuerzas de seguridad no pueden prevenir ni reaccionar tan rápido como ha ocurrido en Argelia. Por otro lado, el ataque a In Amenas ha mostrado a los yihadistas la importancia estratégica y simbólica de las infraestructuras energéticas, permitiéndoles golpear simultáneamente los intereses de los gobiernos norteafricanos y occidentales. Pese a que Argelia reforzó inmediatamente la seguridad de sus fronteras y de sus instalaciones energéticas, el 27 de enero, apenas unos días tras el ataque a In Amenas, se registró otro en Buira, a un centenar de kilómetros al sudeste de Argel. El ataque pretendía volar el gasoducto que une el norte con el campo de Hassi R&#8217;Mel, el principal del país, con el resultado de tres muertos entre los guardias que vigilaban la infraestructura. Inmediatamente después, Túnez envió a sus fuerzas especiales para aumentar la protección de los campos del sur del país.<br />
Aunque, como era de prever, Argelia actuó con la misma determinación de casos anteriores para desincentivar cualquier ataque semejante en el futuro, el coste de la toma de la planta de In Amenas puede tener consecuencias importantes a largo plazo. Argelia ya ha tenido dificultades recientemente para atraer a las compañías internacionales a su sector energético, dadas las limitaciones en las concesiones (que deben estar participadas mayoritariamente por Sonatrach) y unas condiciones fiscales poco atractivas. De hecho, consciente de las dificultades de atraer a las compañías extranjeras, el gobierno lleva meses anunciando la reforma de la Ley de Hidrocarburos y enviando mensajes, ciertamente contradictorios, acerca de una posible flexibilización de las condiciones de inversión en el sector energético, previsiblemente una mejora de la fiscalidad.<br />
En este contexto, ya de por sí preocupante para el país, un deterioro de la percepción de seguridad por parte de las compañías extranjeras, muy sensibles a la seguridad física de sus empleados, puede complicar la logística de su actividad a corto plazo y, sobre todo, afectar negativamente a futuros proyectos de exploración y desarrollo en las zonas del país consideradas más expuestas. Esa situación se extiende a Libia, donde la incertidumbre respecto a la actitud del gobierno para con las compañías internacionales y su capacidad para controlar la seguridad de las instalaciones ya planteaba dudas importantes.<br />
<strong>España interpelada</strong><br />
La creciente profundidad geopolítica de un norte de África ampliado tiene implicaciones energéticas importantes para España. En primer lugar, las empresas españolas están muy presentes en la región, si bien la planta atacada se encuentra muy alejada de los campos con intereses españoles. Cepsa evacuó preventivamente a su personal de los campos de Rhurde el Kruf, en la cuenca de Berkié, y Rhurde Rumi, en la cuenca de Berkine, aunque ambos se encuentran muy al norte de In Amenas. Los campos de Reggane Nord explotados por el consorcio que lidera Repsol en participación con Sonatrach, RWE y Edison, núcleo del proyecto gasístico del sudoeste (Southwest Gas Project), se encuentran también muy alejados geográficamente de la instalación atacada. En este sentido, y considerando el incremento de la seguridad de las instalaciones energéticas que previsiblemente se derivará de este incidente, no parece que los intereses inmediatos de las empresas españolas corran riesgos significativos.<br />
Tampoco parece que puedan peligrar los abastecimientos argelinos de gas a España (alrededor del 40% de las importaciones españolas de gas en volumen y cerca del 45% en valor), ni al resto de Europa (Argelia es el tercer suministrador europeo de gas, tras Rusia y Noruega). Es cierto que, según el operador de red italiano, los suministros argelinos decrecieron del orden del 15% tras el ataque, pero en circunstancias normales la situación debería gestionarse con relativa facilidad. Respecto a España, la buena diversificación de los suministros de gas y la capacidad de GNL minoran el riesgo de desabastecimiento. Si ampliamos el foco para incluir el Golfo de Guinea, el norte de África ampliado supone casi el 60% de las importaciones españolas de gas, procedente básicamente de Argelia (40,8%), Nigeria (15,5%) y Egipto (2,5%). En el caso del petróleo, representa casi el 30% de las importaciones españolas: 15% de Nigeria, 8% de Libia (y en ascenso) y alrededor de un 6% de Argelia. España también se abastece de uranio de Níger, pero apenas en un 18%, y como ocurre con gas y petróleo, sus importaciones están muy diversificadas; nada que ver con la elevada dependencia francesa, que realiza casi la mitad de sus importaciones de uranio de minas controladas por empresas francesas en Níger.<br />
Pero la capacidad de gestionar crisis puntuales en el corto plazo no debe conducir al conformismo a más largo plazo. La fuerte interdependencia energética con la macro-región norteafricana muestra que España, y la UE, no pueden permanecer ajenos al deterioro de la seguridad en el espacio sahelo-sahariano. Aunque los riesgos energéticos inmediatos parezcan gestionables en un primer análisis, obligan a los grandes importadores de la región, entre los que se encuentra España, a diseñar una estrategia creíble para afrontarlos. El ataque a In Amenas sugiere que una crisis persistente en el Sahel no podría dejar de tener efectos de desbordamiento sobre la seguridad energética conjunta de productores y consumidores en el Mediterráneo Occidental y, en ausencia de la intervención francesa en Malí, en el Golfo de Guinea. Al menos, así lo interpretan los mercados de crudo, que registraron alzas de precio importantes tras el ataque a la planta argelina.</p>
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		<title>Argelia y la crisis maliense</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 08:37:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La crisis de Malí ha agravado la sensación de cerco argelina, mientras los focos de tensión se acercan a sus fronteras y el terrorismo interno sigue constituyendo una amenaza. Abed Charef Argelia se ahoga. Todas sus fronteras están bajo presión. El país da la impresión de estar atrapado por la incertidumbre de su entorno regional. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis de Malí ha agravado la sensación de cerco argelina, mientras los focos de tensión se acercan a sus fronteras y el terrorismo interno sigue constituyendo una amenaza.</p>
<p><em>Abed Charef</em></p>
<p>Argelia se ahoga. Todas sus fronteras están bajo presión. El país da la impresión de estar atrapado por la incertidumbre de su entorno regional. Al Este, Túnez no logra recuperar su estabilidad mientras que a Libia le cuesta deshacerse de las milicias que surgieron en la lucha contra el régimen de Muamar Gadafi. Al Oeste, la frontera con Marruecos y el Sáhara Occidental está cerrada. Al Sur, el país tiene que ocuparse de 3.500 kilómetros de fronteras con Mauritania, Malí, Níger y Libia. En total, eso representaría la distancia entre Madrid y Moscú.<br />
La crisis maliense, que ha adquirido una dimensión internacional, ha agravado la tensión en el Sur, lo que completa la situación temida por las autoridades argelinas. La región, en efecto, ha acabado por atraer aquello que el país teme por encima de todo: la presencia simultánea de grupos yihadistas y de fuerzas militares de las grandes potencias, ya que, por otra parte, según los dirigentes argelinos los dos fenómenos están estrechamente relacionados.<br />
Sin embargo, Argelia parecía bien encaminada para solucionar la crisis maliense a su favor. Argel, que en el pasado ya tuvo que arbitrar en conflictos malienses en tres ocasiones, ha defendido otra vez una solución política, basada en un proceso que conduciría a un acuerdo entre malienses, un nuevo pacto que tendría más en cuenta los intereses de los tuaregs, preservando al mismo tiempo la integridad territorial de Malí, que sigue siendo la base de cualquier negociación. Argelia se ha agarrado a este planteamiento, a pesar de las presiones francesas.<br />
Enfrentada a la petición de una intervención militar de Francia y de los países de África Occidental, en el marco de la Cedeao, especialmente por parte del exprimer ministro maliense, Cheikh Modibo Diarra, Argelia encontró un apoyo inesperado para imponer su planteamiento. EE UU, que quería evitar una aventura militar apresurada en el Sahel y que no creía en el plan de francés, proporcionó una ayuda inesperada a Argelia. Tanto el viejo como el nuevo jefe del Africom afirmaron que una intervención militar solo podía ser la culminación de un proceso político. La experiencia americana en Afganistán, Irak y Somalia ha demostrado que una intervención militar es contraproducente si no se apoya en un Estado, instituciones y un ejército local que tomen el relevo. La entrada en escena de los americanos pudo hacer entrever a los dirigentes argelinos que la opción militar quedaba descartada.<br />
Argelia, fortalecida por este respiro, organizó una serie de reuniones entre las autoridades de Bamako y los movimientos rebeldes del Norte: el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) y Ansar Dine. Una polémica enfrentó a Argelia con Francia en relación con Ansar Dine, que parecía que era el movimiento rebelde más poderoso: ¿había que admitirlo en la mesa de negociación? No, decía París, que lo consideraba un grupo terrorista. Sí, aseguraba Argel, que pensaba que era un movimiento con reivindicaciones “legítimas” de la comunidad tuareg. Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental  (MUYAO) quedaron excluidos de las negociaciones desde el principio, ya que eran considerados movimientos terroristas.<br />
<strong>El incumplimiento del compromiso del movimiento Ansar Dine</strong><br />
Sin embargo, la postura argelina se equivocó en al menos tres puntos. En primer lugar, Argelia propuso un planteamiento pragmático y convincente, que acabó por obtener la adhesión de los americanos y de numerosos africanos, pero no supo gestionarlo hasta el final. No disponía de medios políticos, financieros y militares para imponerlo. También se equivocó al mantener una actitud dogmática e inamovible, mientras que la situación evolucionaba con rapidez. Por eso no supo reaccionar ante la campaña sobre los castigos y la aplicación de la sharia en el norte de Malí, mientras que el objetivo evidente de esta campaña era preparar el terreno para una intervención militar inminente. La actitud argelina acabó por parecer alejada de lo que sucedía sobre el terreno.<br />
A continuación, Argelia apostó fuerte por el movimiento Ansar Din y por su líder, Iyad Ag Ghali, un refugiado maliense en Argelia desde los años ochenta y veterano de la lucha tuareg. Los responsables argelinos lo conocían desde hacía mucho, hasta tal punto que los franceses consideraban a Iyad Ag Ghali como el hombre de Argel. En eso se equivocaban los franceses: puede que Argel haya apoyado a Iyad Ag Ghali en el pasado, pero desde entonces, ha estado en Arabia Saudí como diplomático maliense, y en Catar. Ya no era militante tuareg, sino islamista. Logró sustituir a los demás dirigentes de la rebelión tuareg para dar otra orientación a la lucha. Sus lugartenientes ya no eran militantes tuaregs, sino yihadistas que afirmaban públicamente preferir una alianza con Al Qaeda y el MUYAO que una solución democrática a la crisis maliense.<br />
El tercer elemento es que Argelia contaba con una solución basada en un esquema clásico, con negociaciones, un acuerdo político y un intento de reconciliación para culminar el proceso. Pero esta fórmula ya se aplicó en los  años sesenta, al principio de los noventa, y luego en 1996 y 2006, sin resultado. Es verdad que el método permite poner fin a la violencia, pero no resolver los problemas de fondo. Si se reproduce mecánicamente, se llegará de nuevo al fracaso, ya que esta fórmula no tiene en cuenta determinados aspectos de la crisis maliense, especialmente la tendencia de los distintos socios malienses a violar acuerdos cerrados, una vez que la tormenta ha pasado.<br />
El poder central de Bamako siempre ha considerado que el problema tuareg era marginal. Afecta a una parte muy reducida de la población maliense, entre el 5% y el 10%. Además, no son mayoritarios ni siquiera en el territorio del Azawad, que los movimientos tuareg consideran como su tierra histórica. Y cuando la situación se envenena, Argelia y Libia siempre están disponibles para calmar las tensiones: los dos países usaban sus medios de influencia tradicionales, el dinero y las diferentes ayudas, para evitar que el problema alcanzase su territorio, ya que los tuaregs viven a caballo entre Argelia, Malí, Níger y Libia.<br />
A esto se le añade algo que no se dice sobre la cuestión tuareg: la oposición histórica entre, por una parte, las poblaciones del Norte (blancos, árabes, bereberes, musulmanes y nómadas) que viven en grandes espacios por todo el Sahel; y, por otra, los negros del Sur, que constituyen la mayoría de la población y que también son musulmanes, pero con pequeñas minorías cristianas y animistas. Este antagonismo nunca ha desaparecido desde la época de la esclavitud y resurge periódicamente de forma especialmente brutal. Las rebeliones tuaregs dan lugar así a actos de una violencia poco frecuente, a los que el ejército responde de forma aun más cruel. Los movimientos tuareg no dudan en masacrar a los soldados malienses durante sus ofensivas, y la contraofensiva del ejército para recuperar el control de algunas ciudades en poder de los movimientos rebeldes ha dado lugar a exacciones, ejecuciones sumarias de sospechosos, a una caza a los tuaregs en las ciudades reconquistadas y al saqueo de sus bienes.<br />
<strong>La advertencia de Tiguenturine</strong><br />
Argelia, que tiene que tener en cuenta estos frágiles equilibrios de Malí en cualquier propuesta de solución, también se enfrenta a unos retos importantes para su seguridad y estabilidad. “La situación de Malí, en nuestra frontera sur, y las manifestaciones esporádicas de un terrorismo contra el que no hemos dejado de luchar ponen en peligro nuestra seguridad”, afirmaba el presidente Abdelaziz Butelika el 24 de febrero de 2013 en un discurso dirigido a los trabajadores del sector petrolero.<br />
La inquietud de Argelia se centra en la implantación de grupos yihadistas en el norte de Malí, de donde es complicado desalojarlos. AQMI y el MUYAO han convertido esta región, con el apoyo de parte de la población local, en un refugio difícil de atacar. Desde allí salieron los 32 terroristas que llevaron a cabo, el 16 de enero de 2013, un atentado sangriento en Tiguenturine, cerca de In Amenas, en el centro del Sáhara argelino, causando 37 muertos entre los trabajadores de un yacimiento de gas de Sonatrach. Y para demostrar la dificultad de controlar los miles de kilómetros de frontera, los terroristas salieron de Malí hacia Níger y subieron hacia el Norte para pasar a Libia, donde bordearon su frontera antes de entrar en Argelia.<br />
Este ataque, por sí solo, muestra el desafío securitario de Argelia. Pero solo es una parte del problema, ya que la segunda está compuesta por la implantación del ejército francés y americano en Malí. Por el momento, Francia afirma que no ha hecho más que responder a una situación de urgencia, para impedir que los grupos yihadistas se hicieran con el poder en Bamako. EE UU participa en la guerra suministrando Predators, esos aviones no tripulados conocidos como drones que se han vuelto vitales para la vigilancia de las fronteras y de los desplazamientos de grupos terroristas. Los drones, estacionados en Níger, ya han actuado en Malí, cerca de la frontera argelina.<br />
¿Hasta dónde llegarán Francia y EE UU en su intervención en Malí? Oficialmente, Francia espera al despliegue de las fuerzas africanas para retirar sus unidades. EE UU afirma que solo facilitará apoyo técnico y logístico. Pero la guerra tiene su propia lógica. Y si bien resulta fácil entrar en un conflicto armado, es difícil salir de él, especialmente cuando sabemos que el ejército maliense está hecho trizas, y que los americanos han expresado públicamente su desconfianza hacia los ejércitos africanos que se esperan sobre el terreno para estabilizar la situación.<br />
Esta evolución oculta la paradoja argelina. Por una parte, Argelia no quiere tropas extranjeras en sus fronteras, desconfía de la presencia de fuerzas francesas y teme una implantación de las americanas. Pero, por otra, no puede imponer la paz en Malí y no puede dejar que la región se convierta en una zona no controlada, entregada a los grupos terroristas y traficantes. Y aún menos puede aceptar que grupos islamistas vinculados a Al Qaeda tomen el poder en Bamako, con todo lo que eso implica como riesgo de desestabilización para toda la región y su transformación en un Sahelistán. Se resigna, por tanto, a aceptar una intervención militar francesa, e incluso a facilitarla, mientras que su doctrina militar consiste precisamente en rechazar cualquier intervención extranjera, a la vez que prohíbe enviar a sus propias tropas al extranjero.<br />
<strong>Mantener un papel de mediador</strong><br />
Al insistir en su negativa a intervenir en Malí, Argelia evita formar parte activa de un conflicto en el que tendría que reprimir a tuaregs, cuyos primos son argelinos. También quiere proteger su condición de árbitro en una crisis que se repite para poder retomar su papel de mediador cuando llegue el momento de las negociaciones. Pero al mismo tiempo se impone una postura de espectador, lo que le impide, de hecho, participar directamente en la solución de la crisis.<br />
Esta postura es criticada, incluso en Argelia, donde la pasividad de su diplomacia se percibe como una muestra de impotencia, e incluso de complicidad con la antigua potencia colonial. Más si cabe porque los argelinos han sabido, a través de dirigentes franceses, que la aviación militar francesa obtuvo la aprobación de Buteflika para sobrevolar el espacio aéreo argelino para ir a Malí. La idea ha sido mal recibida por la opinión pública.<br />
Pero para Argelia, el verdadero problema reside en su incapacidad de anticipar los golpes y de adaptarse a una situación que evoluciona rápidamente. Ya en la crisis libia, el país se encontró atado de pies y manos, incapaz de actuar a nivel militar, y totalmente impotente a nivel mediático, cuando Argelia fue acusada de apoyar al régimen de Gadafi y de transportar a los mercenarios que luchaban para él. Una parte de la prensa argelina llegó a participar incluso en esta campaña de propaganda, que resultó ser completamente falsa. Eso reveló otro anacronismo de la diplomacia argelina: aunque a menudo se considera que la prensa argelina se encuentra bajo las órdenes del gobierno, una parte de los medios de comunicación defendió las posturas francesas en las crisis libia y maliense.<br />
En la crisis maliense, Argelia se encerró en esa misma actitud inamovible y no aprendió la lección del fracaso libio, en el que la solución se impuso sin ella. Sin embargo, Malí es un país donde la influencia argelina ha sido tradicionalmente importante. Aunque se considera que forma parte de la zona de influencia francesa, Malí era en realidad una zona de influencia mixta, en la que Argelia siempre ha tenido algo que decir. El propio presidente Buteflika era conocido como “Abdelkader Mali”, apodo que heredó de la época de la guerra de liberación, cuando fue trasladado al frente maliense para vigilar el envío de armas a los maquis del interior a través del Sáhara.<br />
Pero ahora, Buteflika, de 76 años de edad, está enfermo y envejece. Un poco como la diplomacia argelina, que no consigue imponer el respeto a sus intereses vitales, mientras el cerco se estrecha.</p>
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		<title>Irrupción del salafismo en la política</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 08:29:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid. En Túnez los salafistas mantienen el activismo radical violento; en Egipto se debaten entre integrarse en el islamismo del sistema o la independencia opositora. Que el salafismo ha irrumpido en política no es una afirmación banal, en la medida en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><em>Luz Gómez, profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.</em></p>
<p>En Túnez los salafistas mantienen el activismo radical violento; en Egipto se debaten entre integrarse en el islamismo del sistema o la independencia opositora. Que el salafismo ha irrumpido en política no es una afirmación banal, en la medida en que históricamente ha hecho gala de desasimiento político. Su irrupción, vocablo que define mejor lo sucedido que el más inocuo “entrada”, materializa dos realidades estrechamente relacionadas: la diversidad de la oferta política islámica y la emergencia de una nueva cultura contestataria en las sociedades árabes. Ha sido el salafismo y no el islamismo tradicional, representado por los Hermanos Musulmanes, quien ha inaugurado el paradigma posrevolucionario árabe. Y lo está protagonizando por encima incluso de las previsiones de sus seguidores, hasta el punto de que, en buena medida, el futuro más inmediato de la política egipcia o tunecina depende de su concurso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El salafismo y la no política</strong></p>
<p>Qué es el salafismo se contesta mejor en negativo, repasando lo que denuesta más que lo que defiende. Porque la proclama de volver a los orígenes, al modelo prístino de los primeros musulmanes (los salaf del nombre árabe que da lugar a esta corriente islámica), es ante todo una utopía compartida por las múltiples propuestas regeneracionistas de la historia del islam. A partir de este presupuesto, lo que distingue al conjunto de los movimientos que se proclaman salafistas es la virulencia de las acusaciones contra sus enemigos, entre los que se incluyen los salafistas de tendencia diferente de la propia, y el recurso permanente al takfir, la acusación de infidelidad al islam.</p>
<p>El takfir salafista dirige su condena a cuatro ámbitos: la libertad individual, la igualdad civil, la separación de espacio público y privado y la pluralidad del islam. Así, el takfirismo se ha venido plasmando en batallas concretas de gran visibilidad: contra el atuendo supuestamente no islámico, como la no velación femenina o el afeitado masculino; contra la participación de las mujeres y los no musulmanes en la vida política; contra la no islamización del espacio público, que incluye la persecución de cualquier intercambio social entre sexos, el consumo de bebidas y alimentos haram o la cultura no religiosa; y contra las prácticas del islam popular, desde las visitas a los mausoleos a las celebraciones sufíes. Sin embargo, durante todo el siglo XX, el siglo de vida de las agrupaciones salafistas, nacidas en Egipto pero rápidamente reproducidas por todo el mundo islámico, la obsesión por la reislamización de la vida pública se ha mantenido al margen de la implicación en la vida política. Buena parte de la fuerza del proselitismo salafista ha residido históricamente en su apelación al sentimiento, al corazón y no a la razón del buen musulmán, de modo que, en manos de líderes hábiles y con la conveniente financiación, la religión se convertía en una forma de control social. El miedo a la pérdida de la identidad islámica, siempre en peligro y siempre expresada en términos genéricos y de forma dialéctica –en un primer tiempo contra el poder colonial, en un segundo contra un Occidente nebuloso–, ha centrado su estrategia.</p>
<p>Por el contrario, el islamismo gestado en el entorno de los Hermanos Musulmanes, tanto egipcios como árabes en general, incluido Ennahda tunecino, ha hecho de la religión una ideología alternativa al orden nacional establecido, no solo en lo social, sino también y sobre todo en lo político. Esto no ha impedido que en Egipto y Túnez las agrupaciones salafistas hayan actuado de manera distinta hasta el estallido de las revueltas en 2011: con quietismo apolítico las egipcias; mediante el enfrentamiento violento pero sin alternativa política las tunecinas, lo cual determinará a la postre su relación con los regímenes posrevolucionarios. Desde la década de los setenta, las dos grandes agrupaciones salafistas egipcias, Ansar al Sunna al Muhammadiya y Al Dawa al Salafiya, basaron su estrategia en el control de la predicación a través de la expansión de su red de mezquitas y en la búsqueda de fórmulas doctrinales que no les enfrentaran con el gobernante. Si bien los líderes de Ansar abogaron insistentemente por la no interferencia en el gobierno, los de Al Dawa sostenían que aunque el gobernante era impío, no se le podía combatir, porque no había llegado el tiempo de hacer la yihad con la espada, sino con el corazón y la lengua, esto es, mediante la dawa, la predicación.</p>
<p>Esta connivencia de ambas agrupaciones con el régimen de Hosni Mubarak facilitó su expansión, pues su versión moral de la sharia hacía de contrapeso a la pujanza política de los Hermanos Musulmanes. Así, cuando en enero de 2011 las manifestaciones populares obligaron a sus líderes a una toma de posición, sus jeques más emblemáticos, Rashad al Shafii y Yasir al Burhami, respectivamente, llamaron a sus seguidores a quedarse en casa. Por el contrario, los salafistas tunecinos, peor implantados y con un largo pasado de represión bajo el régimen de Zine el Abidine Ben Ali, estuvieron desde el principio a la cabeza de la lucha callejera. Menos numerosos y organizados que sus correligionarios egipcios, supieron, sin embargo, hacerse con una cuota de visibilidad contestataria desde un primer momento: se sumaron al clima general de protesta y, durante la primera campaña electoral, acapararon el discurso sobre la reivindicación de la identidad islámica del país, enfrentándose abiertamente a las fuerzas laicistas. Éstas, a su vez, reaccionaron adoptando un discurso defensivo sobre su legitimidad islámica, que a la postre retroalimentó las pretensiones salafistas.</p>
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<p><strong>Egipto: quietistas contra políticos</strong></p>
<p>A diferencia de Túnez, en Egipto salafistas de distinta procedencia crearon sus propios partidos políticos en la primavera-verano de 2011. Emad Abdel Ghafur, impulsor del partido Al Nur (“La Luz”), que había estado semiexiliado en Turquía, convenció a los líderes de Al Dawa de la necesidad de organizar un partido digno de tal nombre, tanto por su programa como por su estructura. Los resultados electorales sobrepasaron cualquier expectativa, propia y ajena. Al Nur se convirtió en la segunda fuerza política de Egipto, con 112 escaños, y en coalición con otros dos partidos salafistas –Al Asala (“Autenticidad”) y Al Biná wa-Tanmiya (“Construcción y Crecimiento”)– sumaron el 28% de los votos. Pero con ello, los salafistas se vieron abocados a integrarse en la política, cuando lo que cuadraba a su historia y su organización eran precisamente las estrategias paralelas al sistema. Las tensiones entre el viejo salafismo quietista y el naciente salafismo político surgieron de inmediato: primero por la disciplina de partido, y luego por el tipo de relación que debían mantener con sus inmediatos rivales: los Hermanos Musulmanes y el salafismo populista que se nutre de la calle. Cuando, al calor de la revolución, se fundaron los partidos de orientación salafista, no se establecieron nexos estructurales entre ellos y las agrupaciones que los sustentaban, sino solo ideológicos y personales.</p>
<p>Las primeras disensiones surgieron ya por la elaboración de las listas electorales para las elecciones legislativas de 2011-2012, pero fueron la campaña presidencial y los trabajos de la Asamblea Constituyente lo que fracturó la frágil alianza entre Al Nur y su agrupación nodriza, y desunió al propio partido. Oficialmente, su joven portavoz, Yusri Hammad, anunció que “Al Nur apoyaba a Abdel Moneim Abul Futuh”, el ex Hermano Musulmán que se presentaba como independiente, “por su proyecto nacional”. Pero se sabe que destacados miembros más vinculados a Al Dawa apoyaron a Ahmed Shafik, no por cuestiones ideológicas (en ningún momento de los intercambios de acusaciones se esgrimió la sharia como argumento), sino para posicionarse frente a la línea independiente del partido. Entre tanto, la candidatura del jeque Hazem Salah Abu Ismail, el carismático líder salafista de Tahrir que fue apartado de la carrera por la presidencia debido a la nacionalidad norteamericana de su madre, había puesto a todos en alerta.</p>
<p>El salafismo político y el quietista, ambos temerosos de la popularidad y radicalismo de Abu Ismail, respiraron tranquilos cuando la Comisión Electoral dictaminó en contra de éste. Las luchas intestinas por el control político del salafismo evidenciaron su intensidad cuando el pasado diciembre, Abdel Ghafur, y otros 22 exparlamentarios abandonaron Al Nur. Inmediatamente se anunció la creación de un nuevo partido, Al Watan (“La Patria”), llamativa denominación secular para un partido que se dice salafista. Los detalles que rodearon la presentación oficial de Al Watan son significativos: se eligió el 1 de enero y el salón de actos de la sede de la Universidad de Al Azhar, en Madinat Nasr, ciudad satélite de El Cairo, habitada por clases medias de voto independiente. En la retórica del acto, las referencias de soslayo a la sharia y a la pureza del ideario salafista contrastaron con los llamamientos de corte nacionalista: “Una patria libre y un pueblo con dignidad” fue el lema del nuevo partido. Pero, sobre todo, fue muy aclamada la intervención de Abu Ismail, que evidenció hasta qué punto es cortejado por todas las corrientes islamistas.</p>
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<p><strong>El salafismo y la revolución inacabada</strong></p>
<p>El clima general de protesta popular que caracteriza el actual periodo de transición política en Egipto y en Túnez evidencia que una nueva cultura política contestataria ha tomado la calle, es más, que la protesta no solo es posible, sino legítima. El salafismo tunecino parece haber optado por mantener el activismo radical de corte violento prerrevolucionario y amenaza la transición. Abu Iyad, líder de Ansar al Sharía, pronosticaba la víspera de que fuera asesinado el líder opositor, Chokri Belaid, el “suicidio político” de Ennahda si cedía a las demandas del bloque secularista del gobierno, en lugar de crear un “bloque islamista”.  El salafismo egipcio, por su parte, se debate entre la integración en el islamismo de sistema en curso y la independencia opositora en un marco democrático. Por un lado, en busca de refuerzos para su modelo de transición acomodaticia, los Hermanos Musulmanes tratan de encontrar aliados en el resto de la esfera religiosa islámica, aunque ello suponga pretender conciliar a protagonistas tan dispares como la élite de Al Azhar, los grandes jeques sufíes y los líderes salafistas. La batalla con Al Azhar, con secuelas entre los guías de las cofradías sufíes, se libra a nivel institucional, por la independencia de las organizaciones y el control del Ministerio de Asuntos Religiosos.</p>
<p>Al frente del Ministerio, tradicionalmente en manos de Al Azhar, el presidente, Mohamed Morsi, ha colocado a un predicador, Muhammad Yusri, conocido por su pasado de mediador entre los Hermanos Musulmanes y los líderes salafistas. Si bien ha concitado el rechazo frontal de la élite azharí, el nombramiento no ha sido mal recibido por los jeques de menor estatus, simpatizantes con el salafismo de Al Dawa. Por otra parte, el emergente salafismo político busca redefinirse. Tras la fundación de Al Watan, Abdel Ghafur ha anunciado la formación de la Coalición Patria Libre, que aglutina a partidos islamistas con diversos referentes: los socialdemócratas de Al Amal Al Yadid (“Nuevo Laborismo”), los conservadores de Al Fadila (“La Virtud”) y la escisión neosalafista de Al Shaab (“El Pueblo”), y cuenta con el apoyo de Abu Ismail.</p>
<p>Han quedado fuera los partidos salafistas de las primeras elecciones, a los que se tilda de sectarios y faltos de flexibilidad política, para encarar alianzas en torno al “proyecto islámico de reconstrucción del Estado”. La reacción de los Hermanos Musulmanes ha sido inmediata. En una de sus habituales maniobras políticas, el carismático Jairat al Shater ha avanzado que, ante las elecciones legislativas de esta primavera, están dispuestos a negociar en qué distritos se presenta el Partido Libertad y Justicia, para facilitar que salgan elegidos los candidatos salafistas y los de la Coalición. Pero estos cálculos políticos son ajenos a los usos de Abu Ismail, que cuenta con legalizar su propio partido antes de los comicios y presume de que su Facebook tiene casi un millón de seguidores. A todo esto, Abdel Ghafur, al que Morsi nombró consejero presidencial, ha manifestado que la Coalición Patria Libre aspira a presentar candidatos en todas las circunscripciones. Mientras llegan las nuevas elecciones, la violencia en la calle se retroalimenta por la actuación policial, la parálisis política y la caída libre de la economía. Si bien la ruptura de la coalición salafista se ha consumado por sus propias contradicciones internas, la movilización popular contra Morsi también está empezando a hacer mella en lo que había sido el consenso intersalafista de apoyo al presidente. Al Nur ha amenazado con “bajar a la calle” si el Estado sigue cruzando lo que definen como “línea roja” de la represión. Para Yusri Hammad, ahora vicepresidente de Al Watan, hay que responder a los revolucionarios instigados por las televisiones por satélite, empeñadas en extender el caos por el país. La calle sigue siendo la protagonista y controlarla, el interés de todos.</p>
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		<title>Operación en Malí</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 08:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“El control del norte del país por parte de grupos extremistas suponía ya un peligro de talibanización de los tuareg. Corríamos el riesgo de que creara un ‘Yihadistán’ en el centro de África”. Entrevista con Jean-Pierre Filiu por Jordi Bertran Francia lanzó el 11 de enero una operación militar en suelo africano para evitar que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“El control del norte del país por parte de grupos extremistas suponía ya un peligro de talibanización de los tuareg. Corríamos el riesgo de que creara un ‘Yihadistán’ en el centro de África”.<br />
<em></em></p>
<p><em>Entrevista con Jean-Pierre Filiu por Jordi Bertran</em></p>
<p>Francia lanzó el 11 de enero una operación militar en suelo africano para evitar que la capital de Malí cayera en manos de grupos terroristas. El avance hacia Bamako de los grupos extremistas que desde principios de 2012 se habían contentado con controlar y declarar la independencia del norte de ese país precipitó la intervención gala. Sobre el terreno, 2.000 efectivos franceses, apoyados por fuerzas del maltrecho ejército maliense y soldados principalmente de Chad, repelieron con aparente facilidad el avance de los grupos rebeldes y retomaron las principales ciudades del norte  (Tombuctú, Gao, Kidal), en manos hasta entonces de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el MUYAO y Ansar al Din. Sin embargo, a mediados de marzo parecía que lo más complicado estaba por llegar: erradicar AQMI de las vastas extensiones del norte de Malí, relevar a los efectivos franceses por soldados africanos y reconstruir el Estado de Malí.<br />
afkar/ideas ha hablado sobre este conflicto con Jean-Pierre Filiu, catedrático en Historia de Oriente Medio contemporáneo en Sciences Po y autor, entre otros libros, de Las nueve vidas de Al Qaeda (Icaria, 2011).</p>
<p>afkar/ideas: En primer lugar, ¿porqué cae el norte de Malí?<br />
jean-pierre filiu: La crisis se larva a partir del año 2009 cuando AQMI mató a un coronel maliense y el ejército cayó en una emboscada al intentar vengar esa muerte. Desde entonces, el norte de Malí –excepto las ciudades– quedó en manos de grupos yihadistas, como AQMI y el MUJAO, así como de tuaregs huidos de Libia que volvían con un gran arsenal. Ese retorno dio un nuevo impulso a la insurrección tuareg que acumulaba mucha frustración por la falta de avances del acuerdo de paz apadrinado por Argelia en 2006. En enero de 2012 los grupos tuareg, el MNLA y Ansar al Din –con conexiones con Al Qaeda–, conquistaron las ciudades.  Al poco, se expulsó al MNLA –más laico–  y las ciudades se repartieron entre tres grupos principales: Gao (MUYAO), Kidal (Ansar Dine) y Tombuctú (AQMI). Esta situación provocó además un nuevo golpe de Estado que ahondó la crisis de legitimidad del poder en Bamako.</p>
<p>a/i: El problema se veía venir y Francia había impulsado una resolución de la ONU en diciembre.</p>
<p>j.p.f.: Francia buscaba el respaldo de la ONU para la restauración de la integridad territorial mediante el apoyo europeo al ejército de Malí y con presencia de tropas africanas de los países de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO). Y Argelia apoyaba esta solución con negociaciones con la parte de Ansar al Din. Pero el 9 de enero, el plan se descalabró cuando los yihadistas atacaron el sur de Malí.</p>
<p>a/i: ¿Qué riesgo se corría de no haber actuado?<br />
j.p.f.: La conquista de Bamako y la consiguiente toma de centenares de rehenes habrían sido una catástrofe, un 11-S africano. Solo el control del norte del país por parte de grupos extremistas suponía ya un riesgo de talibanización de los tuareg. Como ha pasado con los pastún de las zonas tribales de Afganistán y Pakistán, que han acabado viendo en el yihadismo su propia forma, muy peligrosa, de expresar reivindicaciones nacionalistas étnico-territoriales. Si los tuareg hicieran esa mutación tendríamos un Yihadistán en el centro de África.</p>
<p>a/i: ¿Cuáles deberían ser los siguientes pasos de Francia?</p>
<p>j.p.f.: Desde el punto de vista militar, la operación Serval ha sido casi perfecta. Pero ahora hay que crear una arquitectura compleja para reconstruir Malí. Primero, legitimidad. No puede haber estructuras golpistas. Como decía François Hollande en Tombuctú  “Celebrad elecciones en julio”. Eso es lo más importante, elecciones libres, pluralistas, que puedan dar legitimidad a nuevas autoridades. Y después es necesario forjar un acuerdo para atender las reivindicaciones legítimas de las poblaciones del Norte. Sería una locura no darles respuesta. Pero esto es una cuestión maliense que contará probablemente con la intervención de Argelia, que conoce a todos los actores y no tiene ningún interés en que lo que pase en Malí se contagie a la importante población tuareg del sur del país.</p>
<p>a/i:  ¿Hasta cuándo va a quedarse Francia en Malí?</p>
<p>j.p.f.: Estamos en 2013. Venimos de los sonados fracasos de Afganistán e Irak. Ahora no hay legitimidad para intervenciones extranjeras duraderas. Piense, por ejemplo, que en 1894 los franceses conquistaron Tombuctú y al día siguiente ya sufrían el ataque de guerrillas. Es decir, la conquista de las ciudades nunca ha sido la solución en el norte de Malí. La solución debe proceder del mismo país, de la comunidad internacional a nivel de la ONU o de la organización regional de la CEDEAO. Y Europa debería ayudar en los comicios y en la reforma de un ejército que respete los derechos humanos. No pueden haber más abusos contra los peaux rouges (pieles rojas), como llaman a los tuaregs. Hay un problema étnico que Francia, potencia colonial histórica, no puede asumir. No funcionaría.</p>
<p>a/i: El coste de la intervención es muy alto.</p>
<p>j.p.f.: La misión francesa en Afganistán fue mucho más cara. En Malí, la cuestión primordial de la ecuación no va a ser el coste económico porque Francia no va a quedarse. Y, en cualquier caso, asegurada la estabilidad en el norte del país, la victoria para Malí será política o no será.</p>
<p>a/i: Lo cierto es que malienses y franceses respaldan la operación.</p>
<p>j.p.f.: De entrada hay un gran apoyo a la intervención entre la sociedad maliense. Y no solo en el país. Yo vivo en Francia, cerca de Montreuil, conocida como la segunda ciudad de Malí, y allí hay un soporte popular enorme a la operación militar. El 65% de la sociedad francesa también la respalda ya que la perciben como una respuesta a una amenaza directa. AQMI es muy conocida por el secuestro de franceses, por sus amenazas al territorio nacional y por el desmantelamiento de redes en Francia. Aparte de eso, el relato sobre la intervención del presidente Hollande ha sido inteligente al utilizar el discurso de la deuda: muchos malienses integraron los tirailleurs sénégalais ((tiradores senegaleses) que tanto contribuyeron a la liberación de Francia en la Segunda Guerra mundial con un alto coste en vidas. En cambio, también ha habido declaraciones funestas, como la del ministro de Defensa, Jean-Yves Le Drian, hablando de “guerra contra el terrorismo”, que son todo un error.<br />
a/i: Da la sensación que Europa y Estados Unidos tardan en reaccionar.</p>
<p>j.p.f.: En Europa tenemos un problema de decisión y de capacidad de implementarla. Esto es fatal cuando se trata de salvar a un país del yihadismo con una acción rápida. En vez de criticar a Francia, ahora debería europeizarse el apoyo a la reconstrucción de Malí, con ayudas prioritarias a la reforma del ejército y después a las elecciones. El problema en la UE, pero también en EE UU, es que la decisión sobre Malí se está tomando en un nivel infrapolítico, burocrático. Nadie marca la línea política que después va a defenderse. Por eso EE UU presentó a Francia una factura elevadísima al principio de la operación en Malí por el material militar suministrado. Las discusiones políticas que enseguida tuvieron lugar acabaron con la retirada de esa factura.</p>
<p>a/i: ¿Hay relación entre el ataque terrorista de In Amenas, en Argelia, y el conflicto en Malí?</p>
<p>j.p.f.: No hay vasos comunicantes entre ambas cosas. Belmojtar había sido excluido de AQMI y había planificado el ataque para volver al frente del yihadismo. La intervención francesa en Malí le granjeó la posibilidad de aparecer como un campeón yihadista. En cualquier caso, Argelia sufrió un ataque al corazón de su sistema de intereses, los hidrocarburos, y se ha visto forzada a entender de nuevo que AQMI es también un problema argelino. De hecho, AQMI lo integran argelinos por lo que, como diría Freud, Argelia debe hacer frente al “retorno de lo reprimido”.</p>
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		<title>Túnez, Egipto, Libia: nada está perdido</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Apr 2013 08:19:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Editorial de Afkar/Ideas 37, primavera 2013. Dos años después de las revoluciones, los países árabes en transición atraviesan sus momentos más delicados. Profundas divisiones y una violencia latente cuando no patente, caracterizan el momento político en un Egipto exaltado y empobrecido, en un Túnez inoperante y polarizado y en una Libia dominada por milicias y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Editorial de <em>Afkar/Ideas</em> 37, primavera 2013. Dos años después de las revoluciones, los países árabes en transición atraviesan sus momentos más delicados. Profundas divisiones y una violencia latente cuando no patente, caracterizan el momento político en un Egipto exaltado y empobrecido, en un Túnez inoperante y polarizado y en una Libia dominada por milicias y facciones. Tanto es así, que algunos consideran que hablar de transición es un ingenuo optimismo porque ninguno de estos países, sin mencionar Siria y su interminable tragedia, parece conocer la estación de destino en el viaje que iniciaron en 2011. Pero más allá del optimismo de unos pocos y del pesimismo de muchos, podríamos resumir en cinco puntos, aun a riesgo de equivocarnos en el análisis, los desafíos más importantes que deben superar los tres países que están obrando la reconstrucción de sus sistemas políticos. El primero de ellos es el marco normativo de convivencia y la adopción de una Constitución que una y no que separe a los ciudadanos. En Egipto no hay consenso sobre la Carta Magna aprobada. El frente de fuerzas no islamistas considera que contiene disposiciones inaceptables y que solo una exigua parte de los ciudadanos votó a favor del texto constitucional ahora en vigor. Túnez y Libia todavía no han adoptado el proyecto constitucional, y ésta última, aún está debatiendo la ley electoral para elegir la Asamblea Constituyente. Segundo, reformar el sector de seguridad: la policía en Túnez, la policía y el ejército en Egipto y la creación de un ejército en Libia, donde algunas milicias almacenan una parte de las armas de Gadafi. El mundo árabe tiene una larga tradición de politización de las fuerzas armadas donde éstas han sido el ascensor social para muchos ciudadanos de las clases sociales desfavorecidas. El desafío es conseguir la profesionalización y despolitización de los cuerpos de defensa y de seguridad, al servicio de unos poderes civiles elegidos democráticamente. El tercer reto es la puesta en marcha de una justicia independiente y de mecanismos de justicia transicional, importante para abordar las violaciones de los regímenes derrocados, establecer cauces de reconocimiento y compensación de las víctimas y abrir las puertas de la reconciliación entre los adversarios, que ponga fin a un sentimiento de impunidad que puede poner en peligro toda transición pacífica a la democracia. Si los crímenes pasados quedan impunes, la tentación de prolongar la violencia se enquista y la democracia, como instrumento de prevención y resolución de conflictos, pierde su razón de ser. La cuarta necesidad hace referencia a uno de los pilares de toda democracia, la existencia de unos medios de información libres, plurales y profesionales. Sin libertad de expresión, la aventura democrática pierde impulso, la oposición deja de tener voz y la corrupción deja de ser denunciada. Y otro reto, en fin: el del crecimiento económico. Egipto necesita con urgencia un crédito del Fondo Monetario Internacional. Túnez debe volver a atraer turistas e inversiones. En Libia la distribución de la riqueza entre las regiones y los ciudadanos podría convertirse en el objeto de confrontación y de conflicto. Sin esperanza de progreso económico y sin protección social, se abre paso la tentación populista de creer que la democracia no sirve más que para alimentar a los partidos políticos. El crecimiento debe acompañar a la democracia para que ésta sea sostenible. No sería la primera vez que una profunda crisis económica se lleva por delante la compleja ingeniería de una democracia representativa. Nada está perdido pero nada está ganado en los tres países mediterráneos que hace dos años iniciaron el difícil camino de la libertad. Túnez, Egipto y Libia necesitan el apoyo de la comunidad internacional y, sobre todo, de Europa, para abordar estos retos. Sin hacerles frente, no habrá futuro democrático.</p>
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		<title>Consejo Nacional Sirio: crónica de un fracaso anunciado</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 12:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El CNS se ha visto obligado a renunciar al monopolio de la oposición incorporándose a una nueva plataforma reconocida como representante legítima del pueblo sirio. Ignacio Álvarez-Ossorio El Consejo Nacional Sirio (CNS) nació con la voluntad de unificar a la oposición, mantener el carácter pacífico de la revuelta e instaurar una Siria democrática, plural y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El CNS se ha visto obligado a renunciar al monopolio de la oposición incorporándose a una nueva plataforma reconocida como representante legítima del pueblo sirio.</strong><br />
<em>Ignacio Álvarez-Ossorio</em><br />
El Consejo Nacional Sirio (CNS) nació con la voluntad de unificar a la oposición, mantener el carácter pacífico de la revuelta e instaurar una Siria democrática, plural y civil tras la caída del régimen de Bashar al Assad. Catorce meses después se ha visto obligado a rendirse ante la evidencia de su fracaso e incorporarse a la nueva Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria.<br />
La revuelta siria arrancó el 15 de marzo de 2011. Como en otros países árabes, la población salió a las calles para demandar la caída del régimen autoritario, la derogación de las leyes de emergencia y el restablecimiento de las libertades públicas. Después de varias tentativas fallidas, el 23 de agosto de ese mismo año se anunció la creación del CNS que se cifró como objetivos respaldar las movilizaciones populares y luchar a favor de la libertad, la dignidad y la democracia.<br />
Fueron necesarios cinco meses para que los grupos de la oposición siria vencieran sus diferencias y se pusieran de acuerdo en torno a la distribución de poder. El Consejo estaba compuesto por los Hermanos Musulmanes, los Comités de Coordinación Locales (CCL), la Declaración de Damasco, el Bloque Nacional, el Bloque Kurdo, la Organización Democrática Asiria, figuras independientes y dirigentes tribales. Desde un primer momento se puso especial énfasis en que el CNS debería reflejar la heterogeneidad de la sociedad siria en lo que se refería a su diversidad confesional (musulmanes suníes, alauíes, drusos e ismaelíes y cristianos de diferentes iglesias), étnica (árabes, kurdos, asirios, turcomanos, etcétera) e ideológica (laicos, islamistas, liberales, izquierdistas, independientes, etcétera), aunque pronto quedó claro que era un club suní dominado por los Hermanos Musulmanes.<br />
El primer presidente, elegido por consenso, fue Burhan Ghaliun. Su elección fue interpretada como un intento de dar una imagen moderada y moderna, ya que Ghaliun era un prestigioso profesor universitario conocido por su defensa de un Estado laico. El hecho de no militar en ninguna formación fue considerado inicialmente como una ventaja, pero a la larga se convirtió en una tara ya que su acción se vio condicionada por los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza del CNS.<br />
De manera intencionada, y siguiendo la estela de las revoluciones tunecina y egipcia, se buscó que el CNS no tuviera un líder carismático que lo eclipsara. Adib Shishakli, uno de sus fundadores, señaló al respecto: “No habrá iconos, sino más bien tecnócratas y personalidades de la oposición que han sido elegidos en función de la distribución geográfica de las provincias para asegurarse de que todas las etnias y sectas estén representadas” (Al Sharq al Awsat, 19 de agosto de 2012). Se trataba, por tanto, de rehuir de los personalismos y garantizar una revuelta sin líderes.<br />
<strong>El Programa Político del CNS</strong><br />
El 17 y 18 de diciembre, el CNS aprobó su Programa Político que reclamaba el establecimiento de un Estado democrático, civil y pluripartidista con una plena división de poderes. Asimismo se mostró favorable a respetar la legalidad internacional, preservar los derechos humanos y las libertades fundamentales (libertad de opinión, expresión y reunión) y garantizar los derechos de las minorías. También se comprometió a que la futura Constitución reconociera los derechos nacionales de los pueblos kurdo y asirio y la unidad territorial siria. Además, insistió en la necesidad de mantener el carácter pacífico de la revuelta, unificar a la oposición y conseguir el reconocimiento internacional del CNS.<br />
El 22 de enero de 2012, la Liga Árabe planteó un plan de transición que contemplaba el diálogo político entre el gobierno y el conjunto de la oposición para establecer un sistema democrático y pluralista. El objetivo sería crear un gobierno de unidad nacional dirigido por el vicepresidente Faruq al Shara, que se encargaría de convocar unas eleciones libres y transparentes bajo supervisión internacional en un plazo de dos meses. El 28 de ese mes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debatió una resolución que daba su apoyo a dicho plan, pero el veto de Rusia y China impidió su aprobación.<br />
El bloqueo del Consejo de Seguridad obligó a explorar otras vías, entre ellas la creación de un Grupo de Amigos de Siria que se reunió por primera vez en Túnez el 24 y 25 de marzo. Ante esta cita, el CNS se vio intensamente presionado para que se plegara a la iniciativa de la Liga Árabe. El CNS aceptó a regañadientes un gobierno transitorio en el que tomaran parte “miembros aceptables del régimen”, siempre que no tuvieran las manos manchadas de sangre ni estuviesen implicados en casos de corrupción. Su misión sería supervisar las elecciones a una Asamblea Constituyente que redactaría la nueva Constitución y garantizar el desarrollo de elecciones legislativas y presidenciales en un plazo de 12 a 18 meses.<br />
Asimismo, el CNS tendió puentes hacia los grupos armados al dar su “respaldo al Ejército Sirio Libre (ESL) y a todas las formas de resistencia popular” y a los intentos de “deponer al régimen del Assad mediante medios no violentos”, aun reconociendo que “el pueblo sirio tiene el derecho a protegerse a sí mismo y a sus comunidades”. Con este movimiento, el CNS pretendía adaptarse a la creciente militarización de la revuelta. El ESL, cada vez más activo, estaba integrado por desertores de las Fuerzas Armadas y por voluntarios civiles. A pesar de que en un principio solo desarrollaba labores defensivas, con el tiempo lanzó también operaciones ofensivas contra las fuerzas del régimen.<br />
Los escasos avances en la lucha contra Bashar al Assad agudizaron las tensiones entre el CNS y el ELS, especialmente tras el establecimiento de una Oficina de Enlace Militar por parte del primero. Su misión sería “comunicarse con los grupos opositores armados, organizar y unificar sus mandos en un solo comando central, definir sus misiones defensivas y ponerlas bajo supervisión del CNS y coordinar sus actividades de acuerdo con la estrategia global de la revolución”.<br />
<strong>El bloqueo del CNS</strong><br />
En respuesta a las presiones del Grupo de Amigos de Siria, reunido el 1 de abril en Estambul, el CNS se comprometió a través del Pacto Nacional para una Nueva Siria a unificar a la oposición. No obstante, estas tentativas fracasaron nuevamente. En el propio seno del CNS se empezaron a registrar disensiones y dimisiones. Radwan Ziadh ejerció la autocrítica al señalar: “Se han cometido errores y los miembros del CNS no son representativos: no hay combatientes del interior, lo que hace que carezca de legitimidad. Por eso defiendo la creación de un nuevo CNS desde cero” ( Al Yazira, 13 de mayo de 2012). Rima Fleihan, una defensora de los derechos humanos que había abandonado previamente el Consejo, afirmó: “El CNS está al borde del colapso a menos que se transforme en el representante del conjunto de la oposición” (Reuters, 21 de mayo de 2012).<br />
Ante la agudización de las divisiones, Ghaliun presentó su dimisión el 22 de mayo. En la reunión del CNS celebrada en Estambul los días 9 y 10 de junio se eligió a Abdel Baset Saida, un académico kurdo residente en Suecia, como su sustituto. El respaldo de los Hermanos Musulmanes fue decisivo para su elección frente a otros candidatos más incómodos como George Sabra, un cristiano próximo al histórico dirigente comunista Riad al Turk (conocido como el Nelson Mandela sirio). La incapacidad del CNS para aglutinar al conjunto de la oposición quedó en evidencia una vez más.<br />
Ante esta situación, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, advirtió que el CNS “no puede ser considerado más como el líder visible de la oposición” ofreciendo su apoyo a la Iniciativa Nacional Siria planteada el 1 de noviembre por el exdiputado Riad Seif. El Plan Seif constataba el fracaso de la revolución sin líderes propugnada por el CNS al afirmar: “Siria necesita desesperadamente un fuerte liderazgo que sea cooperativo e inclusivo, un liderazgo que responda a las necesidades de la revolución y a la firmeza de nuestro pueblo”. Además planteó la creación de un Consejo integrado por grupos políticos, consejos locales, fuerzas revolucionarias y figuras nacionales; un Consejo Militar Supremo que incluirá representantes de las consejos militares y de las brigadas;  un Comité Judicial; y un gobierno de transición integrado por tecnócratas.<br />
La Cumbre de Doha, celebrada del 8 al 11 de noviembre, se cerró con el establecimiento de una Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria. Muaz al Jatib, antiguo imán de la mezquita de los Omeyas, fue designado su presidente, y Riad Seif y Suhayr al Atasi sus vicepresidentes. Esta nueva plataforma fue inmediatamente reconocida como representante  legítima del pueblo sirio por el Consejo de Cooperación del Golfo, la Liga Árabe y Francia.<br />
Estos cambios obligaron al CNS a llevar a cabo una profunda renovación mediante la elección de George Sabra, de confesión cristiana, como nuevo presidente y de Muhamad Faruq Taifur, de los Hermanos Musulmanes, como vicepresidente. A pesar del golpe sufrido, el CNS se mantiene como la principal fuerza de la Coalición Nacional (con 22 de los 65 miembros). Queda por saber si, una vez que ha renunciado al monopolio de la oposición, el CNS será capaz de adaptarse a la nueva distribución de fuerzas existente sobre el terreno.</p>
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		<title>Líbano en el contexto convulso de Oriente Próximo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 12:21:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Existen motivos para que Hezbolá no se desarme, incluso aunque no nos guste su ideología”, opina este economista e historiador libanés, crítico con los juegos de las potencias occidentales en la región. Entrevista con Georges Corm por Natalia Sancha A sus 73 años, el economista e historiador Georges Corm ha analizado Líbano desde todas las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Existen motivos para que Hezbolá no se desarme, incluso aunque no nos guste su ideología”, opina este economista e historiador libanés, crítico con los juegos de las potencias occidentales en la región.</strong><br />
Entrevista con Georges Corm <em>por Natalia Sancha </em><br />
A sus 73 años, el economista e historiador Georges Corm ha analizado Líbano desde todas las perspectivas. Exministro de Finanzas, Corm se siente decepcionado por la clase política libanesa, a la que evita frecuentar a pesar del gran respeto que siente por el exprimer ministro Salim el Hoss. Nacido en Egipto, donde pasó su adolescencia, este cristiano maronita sorprende tanto a la audiencia libanesa como a la europea con un argumentario inusual. Hombre de discurso incómodo, mantiene firmes posiciones como, por ejemplo, en la defensa de la milicia chií Hezbolá, la crítica a los juegos de las potencias occidentales en la región o hacia Israel. Aunque se le busque para ejercer de político en Líbano, él rechaza participar en el juego y convertirse “en un objeto de decoración en torno a un jefe autoritario y patriarcal”. Sigue dando clases como profesor y trabaja como consultor. Esta entrevista se realiza en su oficina de Beirut.</p>
<p>afkar/ideas: En los casi dos años de conflicto en Siria, Líbano ha estado relativamente tranquilo. ¿Cree que la situación empezará a deteriorarse con los recientes acontecimientos, como el atentado contra Wissam Al Hassan o los enfrentamientos entre partidarios de Hezbolá y del Sheij Ahmed el Asir?</p>
<p>georges corm: No creo que esto sea aun un tema candente. Desde el principio, los acontecimientos en Siria han afectado a Líbano. Existe una división muy fuerte entre dos grupos políticos que, afortunadamente, pertenecen a distintas comunidades, son transcomunitarios y, por tanto, no existe polarización comunitaria entre los partidarios y los detractores del régimen sirio. Todo esto es una vieja historia. Esta polarización se creó con el asesinato de Rafik Hariri. Evidentemente, la paradoja de la situación reside en que los mayores defensores de la presencia siria en Líbano durante 15 años se transformaron de la noche a la mañana en feroces detractores, pero no ha cambiado nada. De todos modos, Líbano es un Estado débil, es lo mínimo que se le puede llamar. Es un Estado-tampón, como yo lo denomino y, por tanto, es muy permeable a todas las influencias regionales. Por supuesto, con este vecino enorme llamado Siria es imposible que no tenga cierta repercusión en Líbano. Pero hasta ahora incluso la ha tenido de forma contenida, a pesar de los fenómenos cada vez más espectaculares desde el punto de vista mediático como lo de este cheij de Saida del que usted habla.</p>
<p>a/i: O el atentado&#8230;</p>
<p>g.c.: Sí, el atentado. Pero, como sabe, todos los servicios secretos del mundo están en Líbano. Y como ha visto, no ha pasado nada.<br />
a/i: Teniendo en cuenta que cuando se produjo el asesinato de Hariri, la crisis parecía interna libanesa, motivada por la presencia siria y que la crisis actual, cuyo riesgo es que se extienda a Líbano, procede de la política interna siria, ¿podríamos decir que el panorama ha cambiado?</p>
<p>g.c.: En absoluto. En 2005 asistimos a interferencias de los embajadores de las potencias occidentales desde el primer segundo después del asesinato, a un nivel jamás visto en la historia reciente de Líbano. Siria no era el núcleo del problema. Éste, tal como yo lo viví desde dentro, era el giro antisirio del grupo político dominante entre los libaneses que,  hasta entonces y durante décadas, había sido prosirio sin ambages y que arrastraba a Siria a meterse constantemente en los asuntos internos del país a razón de sus propios intereses materiales. Este era el problema. Por contra, con el presidente Lahud, que inició su mandato en 1998, tuvimos un descenso en el número de tropas sirias presentes en Líbano y su repliegue fuera de las grandes zonas urbanas, lo que hizo que su presencia pasara a ser mucho más discreta y que se suprimieran muchos puestos de control. Así, la situación había evolucionado de forma favorable en cuanto a las relaciones sirio-libanesas. Prueba de ello es que tuvimos el gobierno de Salim el Hoss con la llegada del presidente Lahud, en el que, de 16 ministros que formaban el gobierno, solo dos eran conocidos por su sumisión al régimen sirio.</p>
<p>a/i: En relación con el nacimiento de nuevos actores en Líbano, ¿cuál es en su opinión el papel de los salafistas, tanto en el norte (Trípoli) como en el sur (Saida) del país?</p>
<p>g.c.: El único elemento nuevo es la aparición de salafistas en Saida, que hasta ahora estaban circunscritos a los campos palestinos de este municipio. Además, tal y como se documenta en los reportajes de Seymour Hersh, fueron mantenidos por la familia Hariri. En cuanto a Trípoli, hace años que prácticamente es un emirato salafista bajo protección y financiación saudo-hariri. Así que no hay nada nuevo. Que hagan más o menos barullo&#8230; Trípoli es así desde hace años.</p>
<p>a/i: ¿No resulta alarmante la falta de reacción en el momento del atentado?</p>
<p>g.c.: De hecho sí que la hubo. Intentaron entrar en la sede del gobierno a la fuerza, aparentemente no había coordinación entre los partidos que lo llevaron a cabo, que enarbolaban montones de banderas de la oposición siria, cosa que resulta de lo más sorprendente, y en las embajadas occidentales sin que se haya producido discrepancia ninguna.</p>
<p>a/i: Así, excepto por la división de los actores cristianos entre el bloque del 14 y del 8 de Marzo, ¿cree que volvemos a la situación de 2004?<br />
g.c.: La situación es muy distinta en relación con lo que pasó tras la resolución 1559. La mayoría del bloque prosirio pasó a ser antisirio en 24 horas y toda una parte del bloque cristiano que se había caracterizado por la oposición, incluso militar, a la presencia siria, el grupo del general Aun, se alió con Hezbolá. En mi opinión, esto impidió una guerra civil interna y cambió completamente la ecuación en Líbano. Hoy tenemos dos grandes grupos que reflejan ideas divergentes sobre la política regional.</p>
<p>a/i: Y ¿qué papel desempeña la religión?</p>
<p>g.c.: La religión no juega ningún papel en todo esto. Aunque en todas partes se utilice el elemento étnico, comunitario, para explicar los conflictos, esto solo sirve para simplificar. Ya en 1975-90, durante el conflicto libanés, aunque había muchísimos cristianos a favor de la coalición propalestina, se decidió que la minoría parlamentaria de cristianos en la Cámara de Diputados representaba a todos los cristianos de Líbano.</p>
<p>a/i: Casi todos los países del norte de África y Oriente Medio han experimentado movimientos sociales de protesta de masas pidiendo el cambio. ¿Los han tenido también en Líbano?</p>
<p>g.c.: En Líbano ha habido un movimiento transcomunitario que ha reivindicado la caída del sistema confesional y que se manifestó en tres ocasiones. Primero fueron 2.000 personas, después 10.000, luego 30.000 personas. Además ha habido otros elementos que entraron en escena, como los partidos políticos tradicionales que intentaron mezclarse con el movimiento. Por ahora está en estado latente, pero podría resurgir en cualquier momento.</p>
<p>a/i: ¿Cree que la falta de contestación social es una excepción libanesa?  Por ejemplo, en una de las manifestaciones que menciona, había unos cuantos miles de personas, pero cuando el líder de Hezbolá hizo su llamamiento salieron 100.000, igual que cuando Saad Hariri convoca a sus partidarios. ¿Por qué tienen tan poca afluencia las convocatorias sociales transcomunitarias?</p>
<p>g.c.: Esta convocatoria representaba a una elite transcomunitaria de la sociedad, pero el público es mucho más amplio que los que salen a la calle. Simplemente es que siempre hay cierto bombo mediático. Algunos acontecimientos, como lo que sucede en Siria, hacen que de momento el movimiento esté latente. Hay muchos jóvenes activistas que no se ponen de acuerdo, cosa que es normal, pero que potencialmente pueden constituir un gran movimiento de la sociedad civil en Líbano. Durante la guerra de 1975-90 había una señora, llamada Iman Jalife, que ya ha fallecido, que consiguió movilizar a cientos de miles de personas en las manifestaciones por la paz y contra las milicias.</p>
<p>a/i: Entonces ¿no resulta raro que en un país como Líbano, con un pasado de movilización social y en el contesto regional actual de impulso social, no suceda nada?</p>
<p>g.c.: Es que, desgraciadamente, a menudo los jefes comunitarios retoman estas movilizaciones sociales y, por esa razón, la gente se muestra prudente. Hay un movimiento con un fuerte potencial, pero debido a las tensiones actuales es normal que la gente sea cautelosa.</p>
<p>a/i: Volvamos a hablar de Siria. Han pasado casi dos años desde que comenzaron las protestas y hoy nos damos cuenta de que hay una evolución del conflicto en varias fases. Empezó con una fase de protesta popular pacífica que, poco a poco, se militarizó en parte con la entrada de rebeldes armados para hacer frente al ejército sirio. ¿En qué punto cree que nos encontramos actualmente? ¿Estamos ante un impasse o más bien en un punto de equilibrio?</p>
<p>g.c.: No, hoy estamos en un impasse porque tanto las posiciones rusa, china, y quizás la iraní, como las posiciones occidentales se encuentran paralizadas. Como hemos visto con la constitución de esta nueva coordinación de los movimientos de la oposición en el extranjero, el discurso sigue siendo el mismo: “nada de negociar con el régimen”. Mientras tengan una actitud de “no negociación”, desgraciadamente la violencia solo puede continuar. Las únicas revoluciones que han tenido éxito son aquellas que han permanecido pacíficas. Es decir, la egipcia y la tunecina, en la que los manifestantes han sufrido heroicamente un gran número de víctimas. La única manera de hacer caer a los dictadores es la movilización en masa de toda la población, y no dejar que entren las armas. Lo vimos también en Libia.</p>
<p>a/i: De hecho, son bastantes los opositores históricos al régimen sirio que al principio se opusieron al régimen y que, en el momento en que las armas entraron en los rangos de los rebeldes, se retractaron.</p>
<p>g.c.: Dijeron que de todos modos la oposición en el exterior estaba en manos de las potencias occidentales, como Turquía, Arabia Saudí o Catar. Que no tenían representatividad real sobre el terreno, especialmente en comparación con los opositores del interior y que, para ellos, efectivamente, un proceso armado se encaminaría hacia una guerra civil que no acabaría jamás. Por ello, se implicaron en un diálogo y el propio régimen sirio integró a ciertas personas de esta oposición en el gobierno actual. Especialmente el ministro de Reconciliación. En definitiva, dos o tres ministros que pertenecen a la oposición interna.</p>
<p>a/i: Hezbolá se considera un aliado de Siria desde hace mucho tiempo y desde&#8230;</p>
<p>g.c.: No desde hace tanto tiempo, realmente no desde el principio. No hay que olvidar la masacre que las tropas sirias perpetraron entre elementos de Hezbolá cuando volvieron a Beirut en 1987 tras ser expulsados por la invasión israelí en 1982. Así como las luchas contra Hezbolá de Amal, muy cercano a Siria, entre 1986 y 1988: 2.500 víctimas.</p>
<p>a/i: Como aliado de Siria y tras la retirada de las tropas israelíes del Sur, la cuestión que se plantea la oposición a Hezbolá es el porqué de la existencia militar del partido.</p>
<p>g.c.: Los motivos de su existencia son infinitos, incluso desde la perspectiva militar. Primero, no hay que olvidar los 22 años de ocupación y todo lo que la población del sur y de Bekaa ha sufrido. En segundo lugar, no se han recuperado todos los territorios y la línea azul de Naciones Unidas desfavorece a Líbano: decenas de miles de metros cuadrados de territorio que Israel intenta apropiarse y que no le pertenecen. En tercer lugar, Israel sigue viendo la fórmula libanesa como un reto para su existencia que es monosectaria, monocomunitaria, mientras que, a pesar de todos los incidentes en el camino, la fórmula libanesa sigue siendo una fórmula multicomunitaria. De algún modo, Líbano e Israel son enemigos existenciales. Un sacerdote libanés que era teólogo y filósofo a la vez, llamado padre Mubarak, lo explicaba muy bien: “no hay lugar en esta región del mundo para un Estado monocomunitario”. Así, mientras no se normalice la existencia israelí, Líbano está en peligro. Por ello necesita seguir armado. Actualmente, la mejor fórmula para hacer frente al ejército israelí es esta guerra de partidarios, asimétrica, que no cuesta nada al Estado libanés, que en absoluto tendría los medios para organizar un ejército capaz de defender el territorio frente al ejército israelí, la quinta o sexta potencia militar del mundo. Así que existen muchas razones para no desarmar al partido, aunque no nos guste para nada.</p>
<p>a/i: Con Hezbolá ¿hay coherencia entre su discurso y sus acciones?</p>
<p>g.c.: Es muy coherente. Si argumentamos que Israel es el principal peligro para Líbano, la actitud de Hezbolá está justificada. Mientras que si consideramos que Israel no es un peligro, y que es un Estado muy simpático que no reviste ningún problema, evidentemente diremos que el enemigo es Irán o Siria.</p>
<p>a/i: ¿Percibe un sentimiento antichií creciente?</p>
<p>g.c.: No más que antes. Hace ya años, y me remito de nuevo a los análisis de Seymour Hersh en el New Yorker, que Estados Unidos es consciente de su fracaso con la invasión de Irak y de que solo ha servido para aumentar la influencia de Irán. Por ello, decidió poner en marcha una especie de guerra civil entre suníes y chiíes en todo Oriente Medio, hablando del eje del mal chií, en contraposición con el eje del bien encarnado por la alianza entre Estados Unidos, Arabia Saudí, Catar, Pakistán, que es un Estado ultrademocrático y laico&#8230; ¿no? Allí se respetan los derechos humanos y de la mujer&#8230; es un pantonima. Si nos fijamos en las alianzas americanas, ¿cuáles son los tres pilares fuera de Japón o del mundo occidental? Arabia Saudí, Pakistán e Israel. Tres Estados religiosos en los que no se respetan los derechos humanos, estos son los principales pilares de su influencia. No hace falta saber nada más. Es suficientemente elocuente.</p>
<p>a/i: ¿Siria podría unirse a esta alianza si se impone un régimen amigo?</p>
<p>g.c.: Personalmente soy más bien pesimista. Creo que Siria va a conocer la misma suerte que Irak. Cuando se vierte tanto dinero y se envía tanta gente a combatir con ideología takfirista, que no yihadista&#8230;</p>
<p>a/i: ¿Esta radicalización ideológica es la última fase de la guerra en Siria?</p>
<p>g.c.: No, estaba claro desde el principio. El principal error del régimen sirio fue seguir metiendo en prisión a los opositores de derecha e izquierda que no representaban ninguna amenaza para su régimen y no haber visto lo que pasaba en sus fronteras, del lado jordano, libanés y turco.</p>
<p>a/i: ¿No ha sido este un error común durante la última década, centrarse en los Hermanos Musulmanes para luego descubrir a los salafistas?</p>
<p>g.c.: Esto es otro engaño para bobos, puesto que son las mismas fuentes de financiación las de los Hermanos musulmanes y las de los salafistas. Pero la diferenciación permite crear un teatro de sombras en el que los Hermanos Musulmanes aparecen como moderados en relación con los salafistas. Es un teatrillo malo, igual que antes cuando los Hermanos Musulmanes sirvieron como fantasma que agitar para regímenes como el de Mubarak y otros.</p>
<p>a/i: ¿Está hoy más aislada Siria con la pérdida de un aliado de peso como Turquía?</p>
<p>g.c.: Este ha sido el segundo error grave del régimen sirio: firmar todos los acuerdos y entregarse atado de pies y manos a Turquía en 2007. Para las industrias sirias fue un acuerdo devastador. En el campo ya se vivía una crisis económica y social que se agravó, puesto que muchas fábricas tuvieron que cerrar y el paro aumentó como consecuencia de la venta de productos turcos fruto del librecambio.</p>
<p>a/i: Volviendo a la religión&#8230;</p>
<p>g.c.: Perdemos el tiempo con la religión. Todos los conflictos tienen causas que residen en la ambición, el deseo de hegemonía, de meter mano en las materias primas&#8230; No se produce un conflicto solo por tener religiones diferentes. Es una idea estúpida. Además, en Oriente Medio las diferentes comunidades han coexistido desde la antigüedad.</p>
<p>a/i: Entonces ¿qué piensa de esta obsesión y protección de los cristianos de Oriente Medio por parte de Occidente?</p>
<p>g.c.: Sí, se trata de un sueño occidental. Que se vayan los cristianos para que finalmente haya un mundo árabe islámico, y luego &#8230; el Estado de Israel. Cada cual justifica al otro, el Estado judío y los Estados islámicos, o kurdo &#8230;</p>
<p>a/i: ¿De qué modo se beneficiaria<br />
Occidente?</p>
<p>g.c.: Desde el principio, los cristianos incomodan a los occidentales porque no comparten su lenguaje y la mayoría se valen por ellos mismos. Les dicen “atención, os equivocáis de camino”. Muchos cristianos han sido antiimperialistas, anticolonialistas, antifranceses. Uno de los principales nombres de la resistencia palestina se llama Georges Habash (un cristiano). Incluso gente como yo somos muy molestos, por muy francófonos o francófilos que seamos, criticamos muy abiertamente la política de Francia. Por eso, mejor evacuarnos a Canadá o a otra parte. Seríamos mucho menos molestos.</p>
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		<title>Política y medios de comunicación en Túnez</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 12:17:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Mientras no tengamos Constitución, código electoral, una institución que supervise los medios de comunicación, y no conozcamos la naturaleza del régimen político, es difícil saber cuáles serán los retos”. Entrevista con Larbi Chouikha por Giulia Galluccio y Milena Paglia Con motivo de la proyección del documental Dégage! del director Mohamed Zran durante la primera sesión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Mientras no tengamos Constitución, código electoral, una institución que supervise los medios de comunicación, y no conozcamos la naturaleza del régimen político, es difícil saber cuáles serán los retos”.</strong><br />
<em>Entrevista con Larbi Chouikha por Giulia Galluccio y Milena Paglia</em><br />
Con motivo de la proyección del documental Dégage! del director Mohamed Zran durante la primera sesión del ciclo DocuDebats 2012 sobre las revoluciones árabes organizado por el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), la revista afkar/ideas ha tenido la oportunidad de conversar con Larbi Chouikha sobre la revolución tunecina y el estado actual de la transición política del país.<br />
Politólogo, activista y desde siempre defensor de los derechos humanos, Larbi Chouikha es profesor de Comunicación en el Instituto de Prensa y Ciencias de la Información (IPSI) de la Universidad de Manuba, Túnez. Ha sido miembro de la Instancia Superior Independiente para la Elecciones (ISIE) y de la Instancia Nacional para la Reforma de la Información  y de la Comunicación (INRIC) en Túnez. Doctor en Ciencias de la Información y de la Comunicación por la Universidad París II y especializado en Ciencias de la Comunicación y de la Información, sus estudios abordan no solo los medios de comunicación, las nuevas tecnologías y la comunicación, sino también las cuestiones relacionadas con la defensa de los derechos humanos en Túnez. Es, de hecho, miembro de la Liga Nacional por la Defensa de los Derechos Humanos y de la sección tunecina de Amnistía Internacional.<br />
afkar/ideas ha aprovechado para preguntarle sobre el efervescente debate en torno a la libertad de expresión y de opinión en el que Túnez se encuentra sumido, sobre todo tras la huelga general de periodistas que tuvo lugar el 17 de octubre a favor de la libertad de prensa y de los derechos de los ciudadanos.</p>
<p>afkar/ideas: ¿Qué opina usted sobre el proceso de reforma del sector de la información y de la comunicación? ¿Qué ha cambiado con respecto a la época de Zine el Abidin ben Ali?</p>
<p>larbi chouikha: Antes de la revolución tunecina, teníamos un paisaje mediático completamente sometido al poder político, por lo que no se podía hablar de medios de comunicación autónomos, independientes, ni de periodistas en el sentido estricto de la palabra. De hecho, a menudo solo había periodistas que no hacían más que reproducir comunicados. Sin embargo, después del 14 de enero de 2011 se suspendieron todas las leyes que regían el mundo de los medios de comunicación. El Ministerio de la Comunicación, que bajo Ben Ali ejercía de Ministerio de la Censura, se suprimió; y desde entonces, se ha producido un vacío que ha creado ciertas paradojas. La primera es que esos periodistas que vivieron –también antes de Ben Ali, diría casi durante medio siglo– bajo una losa de plomo en la que no podían hablar, tenían miedo o pasaban su tiempo leyendo despachos para no correr riesgos, se encontraron abandonados a su suerte de un día para otro. Sin embargo, tal libertad ha planteado también un problema, puesto que no contaban con la formación apropiada –lo digo en calidad de profesor de periodismo–, no tenían las herramientas del oficio ni podían respaldarse con una ética profesional.</p>
<p>a/i: ¿Cómo se está reorganizando el sector?</p>
<p>l.c.: La INRIC, la Instancia Nacional para la Reforma de la Información y de la Comunicación, creada con el objetivo, entre otros,  de colmar el vacío con el comité de la Alta Instancia, la llamada Instancia Ben Achour, se formó en marzo de 2011. En la INRIC hemos preparado dos decretos-ley: el decreto 115, que hace referencia a la libertad de la prensa escrita y electrónica, y el decreto-ley 116, relativo a la libertad de comunicación audiovisual y a la creación de la Alta Autoridad para la Comunicación Audiovisual (HAICA en sus siglas en francés), es decir, una instancia de regulación que existe en todos los países democráticos.<br />
El problema es que estos dos decretos-ley, promulgados en noviembre de 2011, nunca han sido aplicados. La ausencia de un marco jurídico e institucional persiste y, por consiguiente, se han producido deslices como los nombramientos al frente de los medios de comunicación públicos. No obstante, el 17 de octubre, tras una gran manifestación organizada por periodistas –la primera vez en la historia de Túnez en la que los periodistas toman la iniciativa de organizar una huelga general seguida por todos los medios (públicos, privados, radio, televisión, prensa escrita y electrónica)– la troika anunció públicamente la activación de estos dos decretos-ley propuestos por la INRIC.<br />
Actualmente, con respecto al decreto 116 ha surgido un debate sobre la composición de la HAICA y sus auténticas prerrogativas, que todavía estamos intentando definir mejor.  Aun así, el 10 de diciembre de 2012, con ocasión del Día Mundial de los Derechos Humanos, el presidente de la República debería anunciar oficialmente la creación y composición de la HAICA.<br />
Hoy los medios de comunicación tunecinos deberían liberarse del yugo del poder político, pero también estar protegidos frente a la potestad del dinero. Es necesario que sean autónomos dentro de un marco jurídico que defina unos principios vinculados con la trasparencia, el respeto a las leyes y la ética. Por eso actualmente las ONG, el Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos y otras asociaciones a favor de la defensa de los derechos humanos están librando una gran batalla para que esos decretos-ley se apliquen realmente y garanticen, entre otros, los principios de la libertad de expresión.</p>
<p>a/i: ¿Cómo está cambiando la relación entre los profesionales delperiodismo y las autoridades?</p>
<p>l.c.: Túnez está atravesando hoy una fase excepcional de su historia. Nos encontramos ante una situación de aprendizaje, de concertación –porque se debe asociar a todo el mundo antes de tomar decisiones importantes– y al mismo tiempo de construcción.<br />
La huelga del periódico Dar al Sabah del 17 de octubre de 2012 es característica de este periodo de confusión que reina hoy en Túnez y, sobre todo, de la negativa del gobierno a llegar a un consenso antes de tomar medidas. Al día siguiente de la revolución, y a causa del vacío jurídico nacional en el ámbito de los medios de comunicación, los gobiernos de transición crearon la INRIC, que es una instancia pública y al mismo tiempo consultiva, es decir que el gobierno debería consultar sistemáticamente todos los nombramientos de los cargos al frente de los medios públicos. Pero después de las elecciones del 23 de octubre, el nuevo gobierno rechazó  ponerse de acuerdo con la INRIC y tomó la iniciativa de nombrar a unos dirigentes. Por esa razón, la instancia decidió en julio congelar sus actividades. Por lo tanto, una vez más, en todas las situaciones consideradas revolucionarias, es necesario encontrar tiempo para ponerse de acuerdo.</p>
<p>a/i: Con respecto a la Constitución, ¿cómo se plantea el debate sobre las cuestiones relativas a la libertad de expresión?</p>
<p>l.c.: Con respecto a la Constitución, aunque está todavía en fase de formulación, hay muchos proyectos como el que surge del preámbulo que nos preocupa mucho. En él está escrito que se debe crear una instancia nacional independiente de regulación de la información. Ante ello, en la INRIC, y yo mismo a título personal, nos hemos levantado contra tal propuesta por dos razones. La primera es que no existe en ningún país democrático una instancia de regulación que abarque todos los medios de comunicación. La segunda, que es la que más nos preocupa, es que al crear una instancia de este tipo se podría dar pie a que el antiguo Ministerio de la Información se rehabilitara. Y eso es también el resultado de una confusión en torno al concepto de regulación: es necesario distinguir entre regulación, autorregulación y corregulación, y cuando hablamos de regulación, ésta se dirige únicamente al audiovisual. Hoy trabajamos para que el derecho a la información se inscriba en la Constitución en calidad de principio constitucional y, sobre todo, para que la libertad de expresión y de opinión se enuncien explícitamente en el preámbulo, cosa mucho más importante que crear una instancia de regulación que abarque a los medios de comunicación en un sentido amplio. Es necesario que los periodistas se rebelen. En varias experiencias de transición democrática, por ejemplo en Europa del Este, fueron los periodistas los que defendieron el principio de la libertad de expresión. El 17 de octubre, el día de la primera huelga nacional de periodistas, será siempre para mí la fecha en la historia de Túnez en la que los periodistas se hicieron conscientes de la defensa de la libertad de expresión, que es un derecho de toda la sociedad.<br />
a/i: ¿Cuál es la relación entre los nuevos medios de comunicación (internet, redes sociales, periodismo ciudadano, etc.) y los medios tradicionales?</p>
<p>l.c.: Algunas veces se completan, otras van en paralelo. Pueden completarse porque los medios electrónicos se inspiran en los tradicionales, y cuando los medios tradicionales no consiguen tratar cuestiones relevantes, son los nuevos medios los que las recogen. Esos nuevos medios constituyen un elemento más en el paisaje mediático. Al mismo tiempo, evidentemente, sigo siendo riguroso con respecto a la profesionalidad, porque hay que verificar la información, especialmente cuando se trata de informaciones sobre personas, particulares, al igual que hay que tener cuidado con lo que se dice, puesto que desmentir luego parece a veces demasiado fácil. Hay que tener un conocimiento previo de la profesión. A parte de esto, los nuevos medios de comunicación consiguen enriquecer el debate de ideas en Túnez.</p>
<p>a/i: ¿Cuáles son, según usted, los retos de los medios de comunicación en Túnez en el momento político actual y ante las elecciones previstas para el 23 de junio de 2013?</p>
<p>l.c.: En primer lugar, no estoy tan seguro de que las elecciones vayan a celebrarse el próximo junio. Mientras no tengamos una Constitución, un código electoral, mientras no haya una HAICA lista para supervisar los medios de comunicación durante las elecciones, y no conozcamos ni siquiera la naturaleza del futuro régimen político, es difícil saber cuáles serán los retos de nuestro futuro.<br />
Sin embargo, con respecto al pasado, en todos los medios de comunicación hay hoy mucho más debate, incluso demasiado a veces. Sin ánimo de lamentarme, por supuesto, quisiera que se hiciera un poco más de investigación periodística, porque todavía no tenemos una cultura que implique trabajo de campo, es decir desvelar todos los aspectos relacionados con la información. Por otra parte, lo que se tendría que analizar en primer lugar es qué sucede con la autocensura entre los periodistas. Existen aun distintas formas de autocensura que proceden de viejas prácticas heredadas del antiguo sistema y que no podemos borrar de un día para otro. Hay formas de autocensura que provienen también de presiones sociales o religiosas. Y, por último, hay formas de autocensura que son probablemente propias de las empresas de comunicación. ¿Hasta dónde podemos alejarnos de las líneas rojas?<br />
En todo caso, yo estoy a favor de una libertad de expresión que sea lo más general posible; creo que si eventualmente se establecen líneas rojas, deben fijarlas los propios periodistas, establecerlas con la condición de que se expliquen a la opinión pública. En definitiva, es necesario ser muy transparentes con la opinión pública.</p>
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		<title>Nuevas orientaciones diplomáticas</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 12:14:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La política exterior de los países del norte de África es víctima de la indecisión e inestabilidad, que se prolongarán hasta la llegada de regímenes legítimos y estables. Ridha Kéfi Las revoluciones árabes, que se saldaron con la caída de tres regímenes dictatoriales en el norte de África –Túnez, Egipto y Libia–, y con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La política exterior de los países del norte de África es víctima de la indecisión e inestabilidad, que se prolongarán hasta la llegada de regímenes legítimos y estables.</strong><br />
<em>Ridha Kéfi</em></p>
<p>Las revoluciones árabes, que se saldaron con la caída de tres regímenes dictatoriales en el norte de África –Túnez, Egipto y Libia–, y con el ascenso en los tres países de regímenes islamistas, han cambiado completamente la configuración geopolítica regional, sobre todo en lo que concierne a las relaciones magrebíes, árabes y euromediterráneas.<br />
A decir verdad, las líneas ideológicas y políticas en los tres países continúan moviéndose, las revoluciones siguen estando inacabadas y la situación general es susceptible de sufrir sobresaltos, mutaciones, incluso cuestionamientos radicales, ya que las fuerzas presentes (islamistas, nacionalistas, liberales, laicas, progresistas…) se encuentran, a su vez, en fase de reestructuración.<br />
En cuanto a las poblaciones, que se han liberado del yugo de la opresión y de la dictadura, no piensan dejarse dominar de nuevo por un régimen dictatorial, sea cual sea su obediencia. Más aun cuando la reivindicación de libertad y democracia es ahora muy fuerte entre todas las clases sociales y no solo entre las élites políticas. La prolongación de las manifestaciones populares para presionar a los gobiernos provisionales hoy en el poder, y modificar algunas de sus decisiones, es la prueba del gran dinamismo sociopolítico nacido gracias a las revoluciones. Además, estas manifestaciones a menudo están convocadas y dirigidas por organizaciones de la sociedad civil. Eso explica el estrecho margen de maniobra del que gozan los actores políticos, sobre todo los que detentan el poder, y cuyos hechos y gestos mira con lupa la opinión publica. Incluso algunas veces, llegan a denunciarlos e impugnarlos, lo que da lugar a virajes espectaculares del poder ejecutivo.<br />
Comenzar este artículo realizando estas precisiones era necesario para subrayar la dificultad de identificar, hoy en día, cambios o nuevas orientaciones de la política exterior en los países de la Primavera Árabe, víctima de la indecisión y la inestabilidad que prevalecen actualmente en estos países y que se prolongarán aun hasta la llegada de regímenes legítimos y estables.<br />
A continuación pasaremos revista a los acontecimientos que han marcado las relaciones íntermagrebíes, interárabes y en el seno del espacio euromediterráneo desde que estallara la revolución tunecina el 14 de enero de 2011.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>El Magreb en estado de hibernación</strong><br />
Después de la caída del régimen de Ben Ali en Túnez, el viento de revuelta se impuso, casi simultáneamente, en todos los países del norte de África, Egipto y Libia obviamente, pero también en Argelia y Marruecos. Sin embargo, estos dos últimos lograron, al cabo de algunas semanas, reprimir las revueltas populares utilizando la zanahoria de los regalos sociales (subida de salarios, control de los precios de los bienes de primera necesidad, etcétera) y el palo de la represión policial. No obstante, la caída de los regímenes de Ben Ali y Mubarak, así como la guerra civil en Libia, acrecentaron el miedo a un hipotético efecto dominó que alcanzaría Argel y Rabat. Este temor afectó a las relaciones intermagrebíes, que pasaron por un periodo de enfriamiento.<br />
Ante el temor al empeoramiento de la guerra civil en Libia y a la dispersión de los combatientes islamistas y las armas por sus regiones saharianas, en las que la red Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) está ya activa, Argelia mantuvo una especie de neutralidad condescendiente con respecto a la vecina Túnez. Aun con el miedo provocado por el ascenso del partido islamista Ennahda, que no tardó en llegar al poder tras las elecciones del 21 de octubre de 2011, Argel no intentó en ningún momento inmiscuirse en los asuntos tunecinos. La visita a Argel realizada por el exprimer ministro, Beyi Caid Essebsi, en cuanto asumió el cargo, fue bien recibida por las autoridades argelinas, que incluso decidieron conceder una ayuda financiera para apoyar a su huésped en su misión de conducir el barco de la transición política a buen puerto. Incluso después de que los islamistas accedieran al poder en Túnez, Argelia no se separó de dicha posición de neutralidad condescendiente respecto a su vecino. La visita a Argel del presidente de la república provisional, Moncef Marzuki, a su llegada al Palacio de Cartago, permitió reforzar este clima de confianza. Paralelamente, la cooperación militar y en materia de seguridad permitió asegurar las fronteras comunes e impedir la circulación de combatientes yihadistas y armas procedentes de Libia.<br />
Por su parte, Marruecos se dedicó a calmar el frente interior con la promulgación de una nueva Constitución que reequilibra los poderes sin afectar a la autoridad de la institución monárquica, y con la organización de unas elecciones que permitieron que el partido islamista moderado y legal, Justicia y Desarrollo, formara gobierno.<br />
En cuanto al ámbito exterior, Rabat no se precipitó para responder positivamente a las demandas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para su adhesión oficial al club cerrado de las monarquías petroleras. De ese modo, hubiese dado una estocada mortal a la Unión del Magreb árabe (UMA), organización regional de la cual es miembro y alberga la sede del secretariado general. Pero el reino jerifí supo aprovechar la ayuda financiera de estas monarquías para resistir mejor el impacto de la crisis económica. Asimismo, ha conseguido reforzar sus vínculos con la Unión Europea (UE), su primer socio económico.<br />
En cierto modo, aunque no se llegara a celebrar la cumbre magrebí que el presidente Marzuki quería acoger en Túnez en octubre de 2012, y para la que ya había conseguido el acuerdo de principio de los cinco jefes de Estado miembros de la UMA durante su gira magrebí en marzo de 2012, los países del Magreb parecen dispuestos a mantener sus relaciones históricas, más allá (y a pesar) de las transformaciones políticas inducidas por las revoluciones en algunos de sus países miembros. La realpolitik y la inquietud por no hipotecar el futuro incitaron a los jefes de Estado de la región a mantener la construcción regional “en barbecho” (según la expresión del difunto rey Hassan II) a la espera de días mejores.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Mundo árabe: los envites de los países del Golfo</strong><br />
Al día siguiente de la caída de los regímenes de Ben Ali, Mubarak y Gadafi –a la que los países del Golfo, especialmente Catar, contribuyeron, y no precisamente poco, a través de la cadena informativa Al Yazira–, las monarquías petroleras se volcaron rápidamente, en Túnez, Egipto y Libia. Sus conexiones en estos países, los partidos islamistas, que habían pasado a ocupar la primera línea, desempeñaron un papel importante en este despliegue. Su objetivo era desviar las revoluciones acaecidas en los países del norte de África de su orientación inicial, liberal y demócrata, e impedir que sirvieran de modelos para sus propias poblaciones. ¿Qué mejor forma para lograrlo que ayudar a hacer triunfar en estos países a los movimientos islamistas y salafistas?<br />
Así, los cataríes apoyaron, financiera y diplomáticamente, a los Hermanos Musulmanes en Egipto y a Ennahda en Túnez, mediante la defensa de su causa ante Estados Unidos y otras potencias occidentales. Los saudíes, por su parte, financiaron a los grupos salafistas, que se dispersaron por los tres países a un ritmo increíble, creando asociaciones tapadera a las que denominan caritativas, de enseñanza del Corán o de obras sociales, y que en realidad sirven para reforzar la implantación de dichos grupos por las diversas regiones. A través de estas redes es precisamente cómo se reclutaron y enviaron a Siria, vía Turquía, a los combatientes yihadistas, tras unos breves entrenamientos en Libia. Muchos de ellos han muerto y otros han sido detenidos por las autoridades sirias y han aparecido en la televisión estatal.<br />
Esta evolución ha tenido un impacto importante en las políticas exteriores de los tres países, cuyas relaciones hoy les atan fuertemente a Catar, Arabia Saudí, e incluso Turquía que, en este contexto, sirve de señuelo o de falso modelo de un régimen islamista laico prooccidental.<br />
En realidad, los partidos islamistas en el poder en Egipto y en Túnez no son en absoluto comparables con el AKP de Erdogan: son partidos fundamentalistas conservadores, que pueden mostrarse pragmáticos tejiendo relaciones útiles con los países occidentales al modo de Catar o de Arabia saudí, pero que en el fondo siguen siendo monolíticos y antidemocráticos. Las recientes derivas autoritarias de los gobiernos de estos dos países delatan que, tras una fachada democrática, tienen objetivos no declarados de instaurar progresivamente regímenes islámicos en el sur del Mediterráneo.<br />
<strong>Euromediterráneo: sumarse a lo útil y a lo ingrato</strong><br />
Tras la caída de los regímenes dictatoriales en el norte de África, la opinión pública en estos países cultivó algún que otro resentimiento hacia los países europeos, considerados, sin duda erróneamente, como los apoyos más sólidos de los regímenes derribados. Los países europeos, a los que el alcance de las revueltas y la fragilidad de los sistemas dictatoriales en el poder en el sur del Mediterráneo pillaron desprevenidos, tardaron varios meses en reaccionar. Contemporizaron durante la revolución en Túnez, luego en Egipto, y dieron la impresión de dudar sobre qué posición tomar, hecho que se consideró como un apoyo tácito a las dictaduras.<br />
El compromiso de Francia, y tras ella de otros países europeos, a favor de los grupos rebeldes libios corrigió esta impresión. Además del apoyo prestado por estos países en el plano bilateral y de la Unión Europea (UE) a las nuevas autoridades de Túnez y El Cairo.<br />
Las visitas a Túnez de los altos responsables europeos, como la del expresidente de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a principios de marzo de 2011, la ayuda aportada a los refugiados libios en los campos del sur de Túnez y las ayudas financieras asignadas para apoyar a las transiciones democráticas en curso en la región, permitieron restablecer los puentes de diálogo entre el norte y el sur del Mediterráneo.<br />
Asimismo, el 19 de noviembre de 2012, tras la 9ª sesión del Consejo de Asociación Túnez-UE, se firmó en la sede del Consejo Europeo en Bruselas un acuerdo político relativo a un nuevo plan de acción entre la UE y Túnez, un signo definitivo de la reanudación de este diálogo. El acuerdo, en formato de “asociación privilegiada”, define el marco jurídico de la cooperación entre Túnez y Bruselas y abarca el periodo 2013-2017, con posibilidad de prórroga.<br />
El acuerdo pone el colofón a una voluntad común de seguir la dinámica de integración euromagrebí lanzada desde mediados de los años noventa. Las revoluciones de la Primavera Árabe y la llegada de los partidos islamistas, y el muy desarrollado tropismo de Oriente Medio, no han supuesto hipotecar este proceso como nos hizo temer el inicio de 2011. Hay que decir que, a pesar de la crisis que sufre la zona euro, la UE no ha escatimado medios para ayudar a sus socios, tunecino y egipcio, cuyas economías han quedado muy maltrechas por las sacudidas del movimiento revolucionario.<br />
Túnez se ha beneficiado de una primera ayuda financiera de 400 millones de euros, a los que hay que añadir 80 millones de euros adicionales en ayuda humanitaria concedidos en 2011 para hacer frente a la acogida de refugiados libios. Asimismo, Túnez se beneficiará de los préstamos firmados por el Banco Europeo de Inversión (BEI), destinados fundamentalmente a apoyar al sector privado. Estos préstamos ascienden a un importe global de 1.800 millones de euros para el periodo 2010-2013. Solo en 2012 estos préstamos suman entre 200 y 265 millones de euros.<br />
Por su parte, Egipto recibirá de la UE, en términos de cooperación bilateral, una ayuda total de 449 millones de euros para el mismo periodo 2011-2013. En cuanto a los préstamos firmados por el BEI a favor de Egipto ascienden a 1.700 millones de euros para el periodo 2010-2013.<br />
“Durante mi última visita a Túnez en julio pasado hablé de cuatro puntos de cooperación a llevar a cabo: la asociación privilegiada, un plan de acción, una negociación de los acuerdos comerciales y un acuerdo sobre el Open Sky. Hoy hacemos realidad el primer punto y estoy convencido de que el resto saldrán adelante”, declaró Stefan Füle, comisario europeo para la Ampliación y la Política de Vecindad, durante la firma del acuerdo con la parte tunecina. Y añadía: “Somos serios con respecto a nuestras promesas. Queremos concluir acuerdos que sean beneficiosos para las dos partes. El éxito de la transición requerirá muchos esfuerzos pero no están solos, estamos dispuestos a ayudarles”.<br />
Estas palabras iban destinadas a tranquilizar a los socios del Sur que hoy se enfrentan a retos fundamentales, especialmente en los ámbitos vinculados a las reformas democráticas, económicas y sociales, así como en el sector de la seguridad.<br />
El interés de fondo de la Unión por una integración más estrecha entre los países del Magreb, y entre el Magreb y la UE, servirá como base para el refuerzo de los vínculos entre el norte y el sur del Mediterráneo y, sin duda también, para el relanzamiento de la Unión por el Mediterráneo, que ha quedado en stand-by tras su primera cumbre, en julio de 2008 en Marsella.</p>
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		<title>Líderes emergentes en el mundo árabe</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2013 12:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al redactar estas líneas, 10 de diciembre de 2012, algunos protagonistas vuelven a hacerse presentes en Oriente Próximo, en el conflicto entre israelíes y palestinos y más concretamente en la franja de Gaza. Varios emergen hoy, otros están presentes en el terreno desde hace años. Barack Obama, Benjamin Netanyahu o Mahmud Abbas entre los antiguos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al redactar estas líneas, 10 de diciembre de 2012, algunos protagonistas vuelven a hacerse presentes en Oriente Próximo, en el conflicto entre israelíes y palestinos y más concretamente en la franja de Gaza. Varios emergen hoy, otros están presentes en el terreno desde hace años. Barack Obama, Benjamin Netanyahu o Mahmud Abbas entre los antiguos. Jaled Meshal, antiguo líder de Hamás en el exilio, ha puesto por fin un pie en la franja. En El Cairo, Mohamed Morsi, elegido el 30 de junio, recuerda que es él quien ha ganado las elecciones a la presidencia. Ahora reclama poderes excepcionales para encarar una situación también excepcional. Morsi optó por pactar un principio de acuerdo con la oposición. Los egipcios saben, como sabe su nuevo presidente, que el respaldo popular recibido era limitado, un 25,3% de los votantes. Pero Morsi sabe también que aún en corta proporción, él mismo y los Hermanos Musulmanes fueron los más votados. Ahora se ha visto obligado a aceptar el ritmo frenético de la crisis y ha retirado la declaración constitucional por la que se proclamaba titular de poderes casi absolutos. No ha retirado, sin embargo, el referéndum constitucional, que mantiene para el 15 de diciembre. En meses recientes, de septiembre a diciembre, Morsi ha aparecido como un indispensable mediador internacional. Tuvo el valor de defender en Teherán el TNP, Tratado de No-Proliferación,  al pedir un Oriente Próximo sin armas nucleares. Pidió también un Consejo de Seguridad más representativo y defendió con inteligencia y prudencia la causa palestina. Al exigir que ninguna institución pudiera anular sus decisiones dio posiblemente un paso en falso. El desenlace, sometido al criterio de seis expertos, debe acabar con la promulgación de un nuevo decreto que esclarezca los poderes del presidente egipcio. Con su reelección, Barack Obama ha cobrado una altura distinta. Los cuatro próximos años se esforzará, es seguro, por lograr que Israel no reduzca a la asfixia a los palestinos. El proyecto de construir cerca de Jerusalén 3.000 viviendas en nuevos asentamientos es una inquietante decisión. Obama tiene armas de peso para conducir a Netanyahu –cuya victoria el próximo 22 de enero se da hoy por segura–  a un acuerdo.  Hay una cuestión que domina desde hace largas décadas toda campaña electoral en Israel. Se trata de asegurar la seguridad. Y hoy la seguridad se juega sobre todo en Gaza. La autoridad palestina, representada por Mahmud Abbas, acaba de conseguir un éxito en las Naciones Unidas: Palestina ha sido reconocida como estado observador. Pero la fuerza de arrastre permanece en Gaza. El viaje de Meshal ha dado la prueba. Los rivales de Netanyahu han hecho una demostración de incompetencia. Los más respetados, Tzipi Livni, antigua presidenta del partido de centro derecha Kadima, y su actual presidente, Shaul Mofaz, se han enfrentado inútilmente a Shelly Yacimovich, a Yair Lapid y a Zehava Gal-On. Todos ellos eran adversarios de Netanyahu y todos han quedado anulados por inexplicables rencillas. Hoy las encuestas conceden 38 escaños a la coalición formada por el Likud y el partido de extrema derecha de Avigdor Lieberman, hasta ahora ministro de Asuntos Exteriores y fundador del partido Israel Beitenu (la Knesset tiene 120 escaños, mayoría de 61). La necesidad perentoria de liderazgo se hace presente de nuevo en Oriente Próximo. Otro tanto ocurre en el resto del mundo, de Europa a Japón. Pero la presencia de algunos hombres o mujeres, capaces efectivamente de dirigir, cambia a veces el destino de los pueblos, casi siempre para mejor. Queremos terminar esta nota editorial mostrando nuestro agradecimiento a todos los colaboradores que participan en este número y que con su  colaboración voluntaria, han hecho posible su publicación. A todos ellos,  gracias por su apoyo.</p>
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