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	<title>Afkar / Ideas</title>
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	<description>Revista trimestral para el díalogo entre el Magreb, España y Europa</description>
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		<title>Reflexiones europeas sobre la Primavera Árabe: Bernardino León</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 17:13:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articulos]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[El enviado de la UE para el Mediterráneo sur no es pesimista: a pesar de los retrasos, Egipto, Túnez, Marruecos hacen las cosas bien. ¿Argelia? ¿Libia? Ahí conviene esperar. Bernardino León, diplomático español, antiguo secretario de Estado, secretario general de la presidencia y Sherpa del G-20, es desde hace cuatro meses enviado de la Unión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El enviado de la UE para el Mediterráneo sur no es pesimista: a pesar de los retrasos, Egipto, Túnez, Marruecos hacen las cosas bien. ¿Argelia? ¿Libia? Ahí conviene esperar.</strong></p>
<p>Bernardino León, diplomático español, antiguo secretario de Estado, secretario general de la presidencia y Sherpa del G-20, es desde hace cuatro meses enviado de la Unión Europea para el Mediterráneo sur, un cargo nuevo con el que la UE pretende estar más presente en las transformaciones de la región.</p>
<p>afkar/ideas: ¿Cómo definiría el mandato de embajador en Misión Especial de la Unión Europea para el Sur del Mediterráneo?</p>
<p>bernardino león: Es un mandato amplio en lo geográfico y concreto en su contenido. Señala específicamente que se busca más diálogo y más eficacia de la Unión Europea en los países del Mediterráneo sur, entendiendo por ello el norte de África, Oriente Próximo y el Golfo. Creo que la Unión debe tener un instrumento para trabajar únicamente en aquellos países que están en transición y que de esta forma sea también el comienzo de una nueva relación, diferente. Salir de ese enfoque regional que hemos tenido durante años de “todos por igual”. Ahora lo que importa es la diferenciación de aquellos que realmente están en transición, frente a quienes no lo están, y diferenciación dentro de aquellos que están en transición entre unos y otros. De alguna forma hacer realidad el principio more for more. Es la manera en la que hasta ahora la UE lo está interpretando. No todo el mundo, pues he tenido reiteradas peticiones de ocuparme de Siria. Pero me parece importante no confundir, tampoco dar señales que pudieran ser ambiguas. Si la persona que se ocupa de las transiciones viaja a Siria, puede interpretarse como un mensaje de ambigüedad y confundir al gobierno sirio.</p>
<p>a/i: ¿No le pesa el nuevo cargo?</p>
<p>b.l.: Herman van Rompuy ha dicho que los dos grandes desafíos que tiene en este tiempo histórico la UE es la crisis de la deuda y las transiciones árabes. Si es así, qué duda cabe que es un honor y una gran responsabilidad que se me encomiende gestionar, contribuir a marcar estrategias, a hacer la política de la Unión en esa región. Pero no lo afronto como una carga, sino con realismo e ilusión.</p>
<p>a/i: El rey de Marruecos ha impulsado una reforma de la Constitución presionado por la Primavera Árabe. ¿Cómo percibe esos movimientos reformistas?</p>
<p>b.l.: Mohamed VI y las propias autoridades marroquíes han señalado que este es un primer paso, una primera reforma pero no el final del camino, y eso es razonable. No comparto esos análisis que dicen que es muy poco. Creo que es una reforma de calado y hay que valorar que el rey la haya impulsado. No diría, como se plantea en la pregunta, presionado por la Primavera Árabe: ha sido un elemento, pero este rey ha sido reformador desde el primer momento. Ahí están las comisiones de la verdad para investigar los abusos de derechos humanos que se cometieron durante el reinado de su padre, por los que ha habido indemnizaciones y peticiones de disculpas. El rey ha hecho un esfuerzo en la lucha contra la pobreza: con sus iniciativas, con sus políticas hacia el Norte, una zona que su padre había abandonado. Es decir, hay una trayectoria de reformismo favorecida por estas revoluciones en el mundo árabe.<br />
Creo que las reformas son de calado y están en la línea de querer dar a los partidos políticos marroquíes un protagonismo mayor; de terminar con la dicotomía entre Consejo Real y gobierno y con el nombramiento por parte del Rey de primer ministro; de querer crear una Corte Constitucional que termine también con la anomalía de que es el rey el máximo intérprete de la Constitución&#8230; Este es un elemento importante también para Jordania. En una época en la que la Constitución pasa a ser el centro de la vida política, no es la mejor fórmula que el rey siga siendo su máximo intérprete.</p>
<p>a/i: ¿Qué papel podría desempeñar España acompañando ese proceso de transición? ¿Lo está haciendo con las autoridades marroquíes?</p>
<p>b.l.: España puede hacer mucho por acompañar ese proceso. Tenemos, bien por nuestra relación bilateral, bien por esa búsqueda de referentes que puedan ser útiles, la posibilidad de estar presentes. Lo estamos de hecho porque hay un intercambio y un diálogo permanente entre Marruecos y España, entre las autoridades y también entre los dos reyes. Yo creo que es importante que se siga haciendo así. Que cuando no compartamos algún movimiento lo digamos, pero que sobre todo seamos constructivos. España y Francia son los dos países, Marruecos nunca lo ha ocultado, que pueden y deben tener una mayor presencia, un mayor acompañamiento de la reforma.</p>
<p>a/i: ¿Está teniendo contacto con el movimiento del 20 de febrero a nivel europeo?</p>
<p>b.l.: No lo he tenido todavía, pero lo tendré.</p>
<p>a/i: Argelia es un Estado clave para España. ¿Qué espera en el futuro inmediato?</p>
<p>b.l.: Argelia ha dado algunos pasos aun tímidos aunque ha anunciado cambios importantes en los próximos meses. Todavía es pronto para valorar el alcance.</p>
<p>a/i: Al principio de las protestas en Libia, la UE y la comunidad internacional dijeron que no contemplaban a Muamar Gadafi como parte del futuro de Libia. ¿Forma Bashar al Assad parte del futuro de Siria?</p>
<p>b.l.: Al principio se pensó que podía ser así, y se intentó que fuera así. Es decir, el régimen sirio, como ocurre en este tipo de dictaduras, es complejo y el presidente Assad desde un primer momento se manifestó dispuesto a llevar a  cabo reformas. Yo creo que ha hablado más de lo que ha actuado, pero siempre una evolución es preferible a una revolución. La comunidad internacional quiso favorecer esa vía, que fuese el régimen el que abriera la puerta de la transición, sabiendo que Siria es un país donde la complejidad no está solo en el entorno presidencial. Alrededor del presidente hay personas que tienen una línea más dura; otros que, desgraciadamente son los menos, pueden tener una visión más abierta y más moderada, pero es una sociedad donde se cruzan las tensiones. Hay tensiones étnicas entre la mayoría suní, el 55% de la población, y las distintas minorías chiíes, alauíes, cristianas, judías, kurdas, que tienen miedo de lo que pudiera hacer una parte de esa mayoría suní, que temen que pudiera estar especialmente radicalizada, y que también pueden sentir una cierta protección al estar gobernados por representantes de otra minoría. Esas tensiones se dan entre partidarios de la transición a  la democracia y quienes no lo son, quienes son partidarios de un régimen más centrado en la religión. En definitiva, una situación muy complicada y un vecindario muy complicado: Israel en una situación también difícil, con la crisis que hemos vivido en torno a la cuestión del Estado palestino en Naciones Unidas; Irán también desconcertado por lo que está ocurriendo y preocupado por la situación interna de Siria… Razones suficientes para que la comunidad internacional reaccionara con prudencia, incluso diría que con  paciencia. Ahora, esa paciencia se ha acabado.</p>
<p>a/i: ¿Sí?</p>
<p>b.l.: Sí, esa paciencia se ha acabado y en estos momentos creo que ya nadie en Occidente, nadie en el mundo árabe, confía en que Assad pueda ser la persona que guíe a su país a esa democracia. Por eso se sigue trabajando en Naciones Unidas, buscando un consenso que cada vez es más amplio. Vemos que países como China o Rusia se van acercando a ese consenso. Hemos visto reacciones muy duras, por ejemplo del rey Abdalá de Arabia Saudí, o del secretario general de la Liga Árabe; hemos visto a los países del Golfo retirar a sus embajadores… Por tanto, ese consenso está creciendo sobre una base muy sólida: el primer impulso viene de la propia región, lo cual es clave. Y llegará, todavía no hemos conseguido esa resolución pero llegará, y llegará un consenso. Sabemos que hay países que no quieren que se reproduzca el esquema de Libia, esto es evidente y  tenemos que contar con ello, pero creo que todavía hay margen para conseguir que aumente la presión internacional.</p>
<p>a/i: ¿Se puede entender que China y Rusia están en una operación de suave retirada en el Consejo de Seguridad, o se mantienen firmemente?</p>
<p>b.l.: Yo creo que están avanzado, que van entendiendo nuestro camino. No hay un cambio de posición profundo todavía, pero sí creo que hay una evolución, sobre todo una mayor preocupación de lo que está haciendo Assad y el régimen sirio.</p>
<p>a/i: ¿Cree que la imposición a partir del 15 de noviembre de las sanciones que tocan el tema de los hidrocarburos van a suponer un paso no decisivo, pero casi, y que podremos empezar a ver el principio del fin?</p>
<p>b.l.: Es difícil establecer un horizonte temporal, pero sí ver que las sanciones en el sector de hidrocarburos van a afectar al régimen y al país. Soy defensor de las sanciones; a veces tienen incluso mala prensa, pero creo que en la mayoría de los casos producen resultados y son un instrumento de cambio importante, sobre todo en casos como este donde por el momento ha sido difícil encontrar un consenso en el Consejo de Seguridad.</p>
<p>a/i: ¿Cree que el papel que está desempeñando el ejército en la transición egipcia es dominante?</p>
<p>b.l.: Creo que sí, es un papel que además procede de una tradición asentada en Egipto desde la época de Nasser. El ejército ha tenido un papel muy importante en la vida política egipcia, pero también creo que hay una voluntad de cambio, de dejar el poder en manos de los civiles y de hacer un transición, aunque se sabe que no es fácil. Vamos viendo, a pesar de que probablemente habrá retrasos, que se sigue adelante con el calendario electoral: en noviembre comenzamos con las primeras citas electorales. Da la impresión de que quizá haya retraso en las presidenciales, habrá nueva Constitución, habrá una reforma&#8230; El bloque que ha protagonizado la revolución no es homogéneo, con diferencias importantes entre unos y otros respecto a cómo, por ejemplo, se debía afrontar la reforma constitucional, respecto al calendario…</p>
<p>a/i: Sobre los principios supraconstitucionales… Vemos que hay dos grandes corrientes: una islamista y otra, digamos, más abierta, liberal. El ejército además de hacer de árbitro quizá intenta hacerse indispensable. ¿Existe ese riesgo?</p>
<p>b.l.: Yo creo que es un actor indispensable y que, probablemente, quiere dejar el poder en manos de los civiles. No piensa que al país le vaya a ir mejor si eso no ocurre. Los militares ya han visto hasta donde ha llevado una presidencia como la de Mubarak, si no se hubiese impedido a través de la revolución y de la acción de los militares, porque solo la revolución no habría impedido la posible sucesión de su hijo… Luego, además, creo que hay un cierto sentimiento nacionalista, de orgullo, que ahora se ha reforzado; los militares han visto que se refuerza cuando Egipto lidera las reformas. Por tanto, también los militares egipcios saben que si su país quiere seguir ejerciendo el liderazgo tendrá que cumplir esas reformas. Sabiendo que es un país complicado, donde hay una parte importante de la población que vive en áreas rurales que puede ser más conservadora sociológicamente hablando, con unos niveles de analfabetismo en algunas zonas muy elevado. Todo eso no es una caldo de cultivo que favorezca una transición rápida. Aquellos líderes locales que tuvieron un rol importante en el PND de Mubarak  también van a ejercer un  papel, que no será probablemente el más favorable a una transición. Hay que negociar con los Hermanos Musulmanes, en cuyo interior hay tendencias muy diferentes. Por una parte, tenemos a los más maduros, que defienden una manera de actuar; por otra, a los jóvenes que han estado en muchas ocasiones al lado de los revolucionarios laicos. Todas esas fuerzas actúan en la transición egipcia y como árbitros de todas ellas están los militares.<br />
Una Asamblea Constituyente con partidos democráticos, aunque no sean mayoritarios, provocará la necesidad de llegar a consensos, porque los Hermanos Musulmanes son inteligentes y hasta ahora han mantenido estrategias inteligentes de buscar pactos con todos. Se generarán nuevas dinámicas y serán dinámicas democratizadoras, liberalizadoras, igual que la elección dentro de unos meses, ojalá que sea más pronto que tarde, de un presidente, aunque no tenga un partido detrás, pero de un presidente con poderes… Si los egipcios eligen a alguien con capacidad de liderazgo, con capacidad de introducir elementos transformadores en el sistema, se producirán dinámicas de cambio más que considerables.<br />
Pero Egipto no es Túnez. Túnez es un país más homogéneo, donde socialmente hay una trayectoria histórica que favorece una transición rápida, y Egipto evidentemente no es así. No habrá una transición rápida pero habrá una transición. Los militares saben que no pueden cometer ciertos errores. Es un país grande, de gran población, con recursos. No le sobran las reservas, pero tiene unos activos extraordinarios, no solo energéticos. Tiene el turismo, tiene el Nilo, que es en sí mismo ya una “bendición divina”, tiene restos arqueológicos de un valor extraordinario, tiene el canal de Suez…  Egipto es un país que bien gestionado puede ir muy bien.</p>
<p>a/i: ¿El general Tantawi, hoy mariscal, quiere mantener las riendas en manos del ejército o quiere, en cambio, facilitar una lenta transición hacia la sociedad civil?</p>
<p>b.l.: Lo que estamos viendo es lo segundo. El mariscal Tantawi, el general Anan, el general Assad… todos, porque es un Consejo, tienen la voluntad de seguir adelante. Ha habido retrasos en el calendario, también los ha habido en Túnez, que se interpretaron como una señal de que las cosas no iban bien. Bueno, yo creo que es una señal de que se han querido organizar bien las elecciones, con todas las garantías. Si tiene que ir más despacio para que el resultado sea mejor, entonces tenemos que entenderlo, tenemos que favorecerlo, pero que no se detenga, esa es la clave en Egipto. Vivimos tiempos en los que la gente quiere que las cosas ocurran muy rápido y algunas no pueden ocurrir tan rápido.</p>
<p>a/i: ¿Qué deduce de las elecciones de Túnez del 23 de octubre?</p>
<p>b.l.: La primera buena noticia es que esas elecciones han estado bien organizadas, han sido ejemplares, las primeras democráticas en la historia de Túnez. La segunda: de la elección saldrá una Asamblea Constituyente fragmentada pero con algunos bloques importantes. Hay una fuerza hegemónica, Ennahda. Esa fuerza tiene un apoyo importante de la población, pero hay partidos laicos de centro, centro-izquierda, como puede ser Ettakatol o el PDP, que han logrado también un apoyo considerable.<br />
Hasta ahora están demostrando unos y otros capacidad de llegar a consensos. Túnez va a ser un referente para el mundo árabe. Y espero además que tengan una capacidad de trabajar con la comunidad internacional y con la Unión Europea. El 28 y 29 de octubre se celebró la task force Túnez-UE y pude compartir la preparación y el análisis de los resultados con los 12 principales partidos políticos que integran la conocida como comisión Ben Achur: todos apoyan una mayor implicación de la UE en el proceso.</p>
<p>a/i: ¿Cómo encaja su papel con la Unión por el Mediterráneo?</p>
<p>b.l.: Hemos tenido una época, por distintas razones, de un cierto estancamiento del proceso de la Unión por el Mediterráneo. Creo que ahora vamos a asistir a un cierto relanzamiento. El nombramiento de Yussef Amrani como secretario general es muy positivo, es una persona con capacidad de liderazgo y de renovación. Los cambios que se están produciendo en el Sur a corto plazo quizá compliquen la escena, pero a medio plazo pueden ser muy positivos para la UpM. En la medida en que haya una mayor sintonía en los principios y valores, que ya sí podrán ser plenamente compartidos con países que, en algún momento, completen sus transiciones democráticas, todo eso favorecera una mayor unión.</p>
<p>a/i: Una vez que Palestina ha decidido presentar su solicitud a Naciones Unidas y se abre la posibilidad de su reconocimiento como Estado miembro, ¿en qué situación queda la UE? Para algunos incluso, dada la limitación de maniobra que tiene Estados Unidos, esta es una oportunidad para la UE.</p>
<p>b.l.: Tengo que decir en primer lugar que la cuestión palestina no entra dentro de mi mandato. Sí entraría dentro de mi mandato el refuerzo de las instituciones palestinas, todo lo que pueda contribuir a la democratización de la sociedad palestina como sociedad que está en el Mediterráneo sur. Dicho esto, creo que la UE ha demostrado que incluso allí donde puede haber diferencias de criterio y de visión entre los Estados miembros, hay posibilidades: número uno, de ponerse de acuerdo; número dos, de tener una posición constructiva que ayude a que se siga adelante en el proceso de paz. Estados  Unidos es un actor indispensable. Desde que se creó el Cuarteto,<br />
EE UU acepta que siendo un actor indispensable, con un liderazgo especial en Oriente Próximo, necesita del apoyo de la comunidad internacional. Creo que lo más positivo que ha ocurrido en los últimos días es que Naciones Unidas reaparece como un actor decisivo. Me parece que no era ni positivo ni inteligente que la ONU estuviese marginada del proceso. El gobierno israelí tiene que entender que, por muchas que sean las dificultades y la necesidad de cuidar las coaliciones, habrá que hacer concesiones. Pienso que hay una parte importante del Likud que entiende que la única solución pasa por un acuerdo definitivo en el que habrá que ceder, dicho entre comillas, desde la perspectiva israelí, o responder a exigencias de la otra parte que serán muy duras. Hay una mayoría en el centro, Kadima, y una mayoría en la izquierda, laborista y de otros partidos, que saben que ha llegado el momento de la verdad. Quizá ahora mismo hay una calma momentánea después de la última Asamblea General, pero tiene que imponerse un sentido de urgencia.<br />
La UE ha tenido siempre una posición de vanguardia respecto al Estado palestino. Fue la primera, en la declaración de Venecia en 1980, en hablar del Estado palestino; generó un escándalo internacional y algunos se rasgaron las vestiduras. En 1999, con la declaración de Berlín, se dio un paso más diciendo que tenía que haber un Estado palestino que la UE reconocería en su debido momento. Quizá ese debido momento se esté acercando, si Israel se mostrara dispuesto a negociar y a no paralizar en el tiempo el proceso de acuerdo. Siempre será más positivo que el Estado nazca de un acuerdo de paz bilateral, fruto de un entendimiento, con unos parámetros aceptados por Israel y por los palestinos, pero también por los Estados vecinos y por la comunidad internacional.</p>
<p>a/i: Nos gustaría conocer su opinión sobre la situación en Libia.</p>
<p>b.l.: En primer lugar, ha terminado el régimen de Gadafi, un régimen que ha sido de lo peor que ha conocido la región en el siglo XX; un régimen que, para pervivir, ha vaciado institucionalmente el país, vaciado las mentes de los libios e impedido la prosperidad económica, intelectual, política… Por tanto, la labor que hay que hacer en el caso de Libia es una labor mucho más compleja, que va a requerir mucho más esfuerzo y tiempo que la de otros países. Si es evidente que Túnez y Egipto van a necesitar mucho apoyo internacional para salir adelante, lo es todavía más en el caso de Libia. Segundo, tenemos que estar preparados para trabajar en la articulación de un país donde la geografía y el clima imponen unas dificultades inmensas; con muy poca población; con falta de cultura política y además con recursos energéticos que pueden ser un gran activo para el país, pero que también son problemáticos. Se ha producido la vuelta al país de gente joven que estaba estudiando fuera, que tienen una visión muy abierta del mundo y que pueden hacer mucho por crear un élite funcionarial y política necesaria para el país. Pero también hay elementos radicales islamistas que adquieren protagonismo. Las dificultades son grandes.</p>
<p>a/i: ¿Será necesaria una misión internacional de pacificación en Libia?</p>
<p>b.l.: Creo que no. Las nuevas autoridades libias son muy celosas de su soberanía y quieren ser ellos los que guíen el proceso. Esto es positivo.</p>
<p>a/i: ¿Cómo cree que vigila el gigante saudí a Estados Unidos y a Israel?</p>
<p>b.l.: Yo creo que los saudíes están reaccionando y haciendo cosas que eran impensables hace muy poco tiempo. El primer paso ha sido un gran programa de reformas económicas que ojalá muchos nos pudiéramos permitir. Recientemente hemos visto medidas que permiten una participación de las mujeres en la vida política, medidas liberalizadoras que eran ayer inimaginables. Estábamos esperando que autorizaran conducir a las mujeres; o que se suprimiera esa obligación anómala de que los maridos tengan que autorizar los viajes a sus esposas. Pero nos hemos encontrado con que se ha permitido la participación de la mujer, el voto en las elecciones municipales y se ha anunciado que también será así en las próximas legislativas. Es un país especial con su tradición wahabí y sus características religiosas muy específicas, país que además guarda los Lugares Santos del islam. No han optado por el inmovilismo. Y además recordaba hace unos minutos la declaración que hizo el rey Abdalá sobre Siria, declaración valiente, declaración dura. La evolución es siempre preferible a los cambios más violentos. Además Arabia Saudí tiene que desempeñar necesariamente un papel de liderazgo en el mundo árabe. No solo Arabia Saudí, también hay que recordar la labor que están haciendo Qatar, Emiratos, Omán o incluso Kuwait. Su implicación en el conflicto en Libia ha contribuido a construir un consenso amplio en el mundo árabe sobre la actitud a adoptar ante las revoluciones, y anuncia además que estos países van a seguir en esa senda de reforma, una reforma gradual, pero reforma.</p>
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		<title>Egipto, entre la revolución y las urnas</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 16:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El lento tránsito de la legitimidad popular de Tahrir al Parlamento, sumado al enrocamiento de la Junta Militar, abre un periodo de incertidumbre sobre el camino que seguirá la transición. Tras el giro violento que experimentó la Primavera Árabe al brotar en Yemen, Libia, y Siria, los dos primeros países donde triunfó la revuelta, Túnez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El lento tránsito de la legitimidad popular de Tahrir al Parlamento, sumado al enrocamiento de la Junta Militar, abre un periodo de incertidumbre sobre el camino que seguirá la transición.</strong></p>
<p>Tras el giro violento que experimentó la Primavera Árabe al brotar en Yemen, Libia, y Siria, los dos primeros países donde triunfó la revuelta, Túnez y Egipto, fueron incluidos durante meses dentro de una misma categoría: la de las revoluciones exitosas. Sin embargo, sus transiciones democráticas avanzaron por caminos bastante diferentes. Mientras en Túnez los partidos políticos fueron capaces de pactar una hoja de ruta, y su relación con el gobierno interino fue bastante fluida, en Egipto, la Junta Militar que asumió el poder tras la caída de Hosni Mubarak se dedicó a instigar las divisiones entre laicos e islamistas y a retrasar el traspaso de poder el máximo tiempo posible.</p>
<p>El contraste fue evidente los primeros días de noviembre. Cuando Túnez aún conservaba en la retina la  ilusión y esperanza expresadas en sus primeras elecciones libres, consideradas a nivel internacional como modélicas, la plaza Tahrir volvía a estallar. El centro de El Cairo se convertía de nuevo en una batalla campal entre jóvenes revolucionarios y fuerzas del orden. Aunque los disturbios pudieron sorprender a muchos, el malestar se había cocido a fuego lento durante muchos meses.</p>
<p><strong>Las raíces de la revuelta</strong></p>
<p>La causa principal de la segunda ola revolucionaria se encuentra en la falta de voluntad real por parte de la Junta Militar de llevar a cabo una proceso de transición sustantivo, a pesar de su compromiso público con las demandas revolucionarias tras la caída de Mubarak. Nueve meses después de la renuncia del denostado dictador, no había excesivos cambios en la vida cotidiana de los egipcios. La ley de emergencia, decretada hace más de tres décadas, continuaba vigente, lo que permitió que se juzgara a más de 12.000 civiles en tribunales militares solo durante este periodo. No se desmanteló el sistema de seguridad responsable de violaciones sistemáticas de derechos humanos durante el régimen de Mubarak. Se cambió su nombre, pero no sus prácticas. El país continuaba siendo administrado por la cúpula del ejército sin una fecha clara para el traspaso de poderes a un gobierno civil. E incluso el juicio a Mubarak, símbolo de la nueva justicia revolucionaria, se encontraba estancado ante la falta de cooperación de las autoridades.</p>
<p>No obstante, la gota que colmó el vaso de la paciencia popular fue la presentación a principios de noviembre de un documento que recoge una serie de principios que la nueva Carta Magna del país debería respetar. De acabarse aplicando, la incipiente democracia egipcia quedaría encorsetada por la tutela militar. Por ejemplo, el texto priva al futuro Parlamento de la  iniciativa legislativa en asuntos relacionados con las fuerzas armadas. El legislativo tampoco podría fijar el presupuesto de éstas, que sería secreto.</p>
<p>Además, en su anexo, se establece que 80 de los 100 miembros del comité que deberá redactar la Constitución serán seleccionados por la Junta Militar de entre “representantes de la sociedad civil”, como líderes sindicales, clérigos o magistrados. Al Parlamento le correspondería solo nombrar a los 20 miembros del comité restantes. En caso de no consensuar un texto en un periodo de seis meses, la Junta Militar se arroga la prerrogativa de formar un nuevo comité sin presencia de representantes del legislativo.</p>
<p>En protesta contra el llamado documento de los “principios supraconstitucionales”, el 18 de noviembre se celebró una manifestación multitudinaria en la plaza Tahrir, el epicentro de la revolución del 25 de enero. Al finalizar la concentración, unas 200 personas, la mayoría víctimas de la revolución que aún no habían cobrado las compensaciones prometidas, decidieron iniciar una acampada en el corazón de la emblemática plaza. De madrugada, fueron desalojadas de forma brutal por la policía, lo que encendió los ánimos de miles de activistas que acudieron a “recuperar el control de la plaza”. Se iniciaban así varios días de batalla campal en el centro de El Cairo, que se saldarían con 43 víctimas mortales y más de 2.500 heridos.</p>
<p>Contrariamente al extendido estereotipo que describe al revolucionario como un joven culto de clase media, la realidad es que en Tahrir había una presencia importante de chavales de barrios populares, como Imbaba. De hecho, ellos eran los más intrépidos entre los rebeldes, pues osaban dirigirse a los aledaños del ministerio del Interior, convertidos en el principal frente de batalla. “Es mejor que me juegue yo la vida que lo hagan los chicos de clase alta. Ellos no pueden morir, son los que deberán construir un país mejor el día de la victoria”, confesó en plena batalla un adolescente que vestía unas zapatillas viejas y unos tejanos raídos.</p>
<p><strong>El papel de los islamistas</strong></p>
<p>Buena parte del éxito de la manifestación del 18 de noviembre se debió a la participación de los Hermanos Musulmanes, que realizaron una demostración de fuerza al movilizar a miles de sus seguidores, algunos incluso venidos en autobús desde diversos puntos del país. Su decisión de secundar la protesta representó un cambio súbito en su estrategia, después de haber contemporizado con la Junta Militar en los meses anteriores. Envalentonados por la victoria de sus correligionarios de Ennahda en Túnez, y convencidos de la capacidad de repetir su hito en Egipto, el movimiento islamista no aceptó verse relegado por el polémico documento a un papel secundario a la hora de fijar las reglas de juego del nuevo sistema político.</p>
<p>Sin embargo, una vez empezaron los disturbios, los Hermanos Musulmanes se abstuvieron de apoyar públicamente a los jóvenes que luchaban en la calle contra las fuerzas del orden. Repetían así su actuación durante la primera ola revolucionaria. Si bien la mayoría de jóvenes que batalló contra el ejército hasta hacerse con el control de Tahrir eran laicos, algunos de ellos eran salafistas, una de las corrientes más conservadoras del islam. De hecho, el presidenciable salafista, Hazem Abu Ismail, fue uno de los primeros que salió públicamente en defensa de los activistas y censuró duramente la actuación de las fuerzas de seguridad.</p>
<p>La posición oficial de los Hermanos Musulmanes, expresada después de varios días de enfrentamientos, fue una crítica a la violencia excesiva utilizada por las autoridades, pero sin instar a sus seguidores a participar en las marchas de repulsa organizadas por las asociaciones de jóvenes y partidos afines. Además, la organización insistía en la importancia de mantener el calendario electoral previsto, que fijaba la primera ronda de las elecciones legislativas para el 28 de noviembre.</p>
<p>Esta actitud le valió acusaciones de oportunismo por parte de activistas y partidos políticos al considerar que los islamistas querían evitar a toda costa una escalada de los enfrentamientos que pudiera llevar al aplazamiento de su ansiada victoria en las legislativas. En un comunicado público, los Hermanos Musulmanes, que en las elecciones están representados por su brazo político, el Partido Libertad y Justicia, negaron que su postura respondiera a cálculos electorales, y la justificaron argumentando que una suspensión de los comicios sería negativa para el país, ya que prolongaría el periodo de gobierno de la Junta Militar, y podría provocar el caos.</p>
<p>Por su parte, la mayoría de partidos laicos ofreció su apoyo a los activistas de Tahrir, pero solo después de las primeras 72 horas de altercados. Al igual que en enero, el estallido revolucionario pareció coger a los partidos políticos con el paso cambiado. Fueron nuevamente los jóvenes activistas quienes tomaron la iniciativa política en el pulso contra la Junta Militar y los partidos se limitaron a seguirles a remolque. De ahí que la mayoría de manifestantes insista en definirse como independiente, y muestre una actitud crítica hacia los partidos políticos en general. Si alguien les representa son decenas de organizaciones sociales, como el Movimiento 6 de Abril, la más conocida a nivel internacional.</p>
<p><strong>Elecciones y perspectivas de futuro</strong></p>
<p>A pesar de los estallidos de violencia que la precedieron, la primera de las tres rondas para elegir la nueva Asamblea Popular se desarrolló sin graves incidentes. En total, ejercieron su derecho a voto los ciudadanos de nueve de las 27 provincias del país, que incluían las ciudades más importantes del país, Alejandría y El Cairo.</p>
<p>Según los datos oficiales, la participación fue del 52%, muy superior a la de los comicios organizados bajo el régimen de Mubarak. En teoría, en Egipto el voto es obligatorio, y no ejercerlo supone una multa de 500 libras (unos 60 euros), si bien raramente se aplican las sanciones. Aunque numerosos votantes de los barrios populares señalaron esta razón como su principal motivación para acudir a las urnas, la mayoría de analistas considera un éxito el nivel de participación.</p>
<p>Durante los dos días de votación, se registraron numerosas irregularidades, aunque no fueron de gran importancia. Entre las más comunes, la apertura con retraso de numerosos colegios electorales, y la violación de la norma que prohíbe entregar propaganda electoral a partir de las 48 horas previas al inicio de los comicios. En general, la percepción tanto entre la ciudadanía como los pocos observadores internacionales presentes fue que los comicios habían sido limpios. Así pues, por primera vez desde la revolución de 1952, Egipto contará con un poder legislativo legítimo a ojos de la mayoría de la población.</p>
<p>Sin embargo, cabe destacar que la campaña electoral se celebró en un clima de excepcionalidad que pudo condicionar sus resultados. Durante los 10 días previos a los comicios, la atención de los medios se centró en el pulso que libraban las fuerzas del orden y los jóvenes revolucionarios. En señal de respeto a las víctimas, numerosos partidos cancelaron sus actos de campaña. Esta situación impidió que los partidos políticos contaran con el tiempo y el espacio necesario para presentar sus programas, algo especialmente necesario si tenemos en cuenta que la mayoría de los 47 partidos que concurren a las elecciones se crearon durante los últimos meses.</p>
<p>Sin duda, la ausencia real de campaña favoreció al partido que cuenta con una mejor organización y una identidad más conocida: los Hermanos Musulmanes. El movimiento islamista realizó toda una demostración de fuerza en la primera ronda, ya que fue el único con una presencia notable en todos los colegios electorales. Ante la desorganización de las autoridades, una de las principales tareas de los 40.000 voluntarios del movimiento desplegados por las nueve provincias, fue informar al elector de cual era su colegio electoral. Un nuevo ejemplo de la capacidad de proveer servicios por parte de un movimiento islamista ante la dejación del Estado de sus responsabilidades.</p>
<p>Si bien no existen resultados oficiales, la prensa local ha filtrado datos sobre recuentos parciales que otorgan al islamismo una victoria aplastante. Entre los Hermanos Musulmanes, con diferencia la fuerza más votada, y la coalición salafista Al Nur podrían recabar entre el 60% y el 70% de los escaños en juego. Así pues, y teniendo en cuenta que las provincias aún por votar tienen un perfil incluso más conservador, todos los pronósticos apuntan a un nuevo Parlamento controlado por partidos islamistas.</p>
<p>Tal como pretendía la Junta Militar, el inicio de unas maratonianas legislativas –la elección de la Cámara Baja se prolongará hasta el 10 de enero, y la de la Cámara Alta hasta el 11 de enero–, parece haber relajado la presión que sufría por parte de Tahrir, cada día ocupada por menos activistas. Probablemente, el centro de contestación al poder de la autoridad militar se desplazará pronto al Parlamento electo, ya que la hoja de ruta de la cúpula castrense le otorga unos poderes muy limitados que difícilmente aceptarán la mayoría de diputados.</p>
<p>La crisis generada por la segunda ola revolucionaria provocó la dimisión del gobierno presidido por Essam Sharaf, y al exprimer ministro Kamal Ganzuri le fue asignada la tarea de formar un nuevo ejecutivo. Su nombramiento fue rechazado por todas las fuerzas políticas de la oposición y por los grupos de jóvenes revolucionarios que piden la creación de un gobierno de “salvación nacional” que asuma los poderes de la Junta Militar. No obstante, la cúpula castrense no planea entregar el poder a una autoridad civil hasta julio, después de la celebración de las elecciones presidenciales.</p>
<p>El lento tránsito de la legitimidad popular desde la plaza Tahrir al futuro Parlamento, sumado al enrocamiento de la Junta Militar, abre un periodo de gran incertidumbre sobre el camino que seguirá la transición egipcia durante los próximos meses. En buena parte, dependerá del grado de presión a la cúpula castrense que escojan aplicar los Hermanos Musulmanes. Después de más de seis décadas de persecución, su probable victoria electoral les sitúa frente a la mayor cuota de poder nunca obtenida. Y, con ella, también ante una gran responsabilidad.</p>
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		<title>La religión en la era posrevolucionaria</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 16:44:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuanto más se abra la esfera pública a los islamistas, menos se resistirán al cambio. La amenaza no viene de la religión, sino de los que quieren reproducir las estructuras autoritarias. Las revueltas sin precedentes que han tenido lugar en Oriente Próximo, en la llamada Primavera Árabe, constituyen un hito en la historia moderna árabe. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cuanto más se abra la esfera pública a los islamistas, menos se resistirán al cambio. La amenaza no viene de la religión, sino de los que quieren reproducir las estructuras autoritarias.</strong></p>
<p>Las revueltas sin precedentes que han tenido lugar en Oriente Próximo, en la llamada Primavera Árabe, constituyen un hito en la historia moderna árabe. Tras décadas de estancamiento y degradación, los jóvenes árabes han liberado a sus países de los regímenes autoritarios y autocráticos que llevaban largo tiempo en el poder. Sin embargo, la Primavera Árabe ha dado pie a un encarnizado debate sobre el papel de la religión en la esfera pública árabe. En Egipto, así como en Túnez, el debate público ha girado en torno a dos cuestiones principales. La primera es la relación que debería establecerse entre religión y política en los nuevos sistemas políticos y hasta qué punto las sociedades árabes pueden adoptar el secularismo o el laicismo. La segunda es el papel de los movimientos islamistas en la remodelación de la política y la construcción de nuevos contextos políticos en la era posterior al autoritarismo.</p>
<p>No es de extrañar que muchos liberales y laicistas árabes hayan sacado a relucir sus preocupaciones y reservas heredadas respecto al resurgimiento de los movimientos islamistas. Sin embargo, desde la caída de los regímenes autocráticos en Túnez, Egipto y Libia, los liberales y los laicistas no han hecho nada para convencer a la opinión pública de su programa. De forma alarmante, algunos de ellos defienden no solo la exclusión de los islamistas de la escena política sino, lo que resulta más irónico, suspender la transición democrática para impedir que los islamistas lleguen al poder.</p>
<p>Este artículo sostiene que la religión –utilizada como una fuente normativa de valores y de identidad más que como un texto sagrado– desempeñará una función esencial en la transición democrática en el mundo árabe. Y no solo por la influencia en el contexto posrevolucionario de los actores islamistas, que poseen redes importantes arraigadas en la mayoría de las sociedades árabes, sino, lo que es más importante, por el aumento de la demanda de valores, expresiones y principios morales islámicos en la esfera pública árabe. Sin embargo, esto no implica, como muchos podrían deducir, que ese papel vaya a socavar la transición democrática o a truncar sus resultados. Al contrario, cualquier intento de marginar o excluir la religión de la esfera pública no solo fracasará, sino que también obstaculizará la transición.</p>
<p><strong>Religión y revolución, una relación polémica</strong></p>
<p>Hasta qué punto puede influir la religión en las revoluciones y de qué manera? A primera vista, la historia de la lucha por la libertad puede interpretarse como el conflicto entre dos fuerzas opuestas que luchan por remodelar y dominar la esfera pública. Se produce entre los que aspiran a conservar el poder e influencia y los que desafían esta tendencia y ambición hegemónicas para liberar a la sociedad del Estado. Desde la revolución francesa en el siglo XVIII hasta la iraní en el siglo XX, los conflictos políticos y sociales han girado en torno a quién debe dominar al otro, el Estado o la religión. Como señalan Hammond y Machacek, las religiones y los Estados no son solo ideas, sino conjuntos de roles desempeñados por gente. Huelga decir que estos roles son antagónicos y se disputan la esfera pública. Por tanto, las revoluciones ponen de manifiesto la volátil relación entre Estado y religión. Cuanto más domina el Estado la esfera pública, menos prospera la religión y más profundo es el enfrentamiento.</p>
<p>¿Pero qué pasa con la Primavera Árabe, desempeña la religión algún papel?  En contra de las crónicas que restan importancia al papel de la religión en las revueltas árabes, yo mantengo que este ha sido importante y, en algunos casos, crucial para el éxito de las revueltas. Sin embargo, este papel ha adoptado diferentes formas y expresiones. Por ejemplo, en las primeras fases de las revueltas, las mezquitas fueron el principal entorno para movilizar a los manifestantes, impulsar acciones colectivas e instigar las protestas. Dado que los regímenes árabes habían cerrado todas las ventanas políticas y reducido la esfera pública, las mezquitas eran el único recurso que tenía la gente para reunirse y manifestarse en favor de la libertad. Es cierto que durante décadas los autócratas árabes han intentado controlar las mezquitas para impedir que los islamistas las utilicen para reclutar a miembros y diseminar su ideología. Sin embargo, la Primavera Árabe ha revitalizado las mezquitas y les ha asignado un papel crucial para proteger a muchos manifestantes. Y lo que es más importante, en la plaza Tahrir (Egipto), en Saná (Yemen) y en Dará (Siria), las mezquitas han constituido una zona de amortiguación entre los manifestantes y las brutales fuerzas de seguridad.</p>
<p>Otra expresión de la religión la encontramos en el papel de las oraciones de los viernes a la hora de instigar las protestas. Una vez más, las mezquitas fueron el epicentro de la Primavera Árabe. Debido al represivo aparato de seguridad de los Estados árabes, era extremadamente difícil que miles de manifestantes se reunieran y se manifestaran contra las autoridades sin poner en peligro sus vidas. Sin embargo, durante las oraciones de los viernes era posible movilizar a muchos manifestantes y dar pie a una acción colectiva espontánea. No es de extrañar que los jóvenes activistas hayan utilizado hábilmente las oraciones de los viernes para movilizar a muchos individuos corrientes y apolíticos e instarles a gritar contra los regímenes autoritarios. No es casualidad que las marchas “del millón de personas” en muchas ciudades árabes tuvieran tener lugar los viernes. Estas multitudes desencantadas pueden ser consideradas por los durkheimianos como una forma de “efervescencia colectiva”, en la que la religión se considera una fuerza sobrenatural que dirige a las masas que aplauden su resurgimiento, pero para los manifestantes no era más que una acción colectiva racional y astuta.</p>
<p>Sin embargo, la manifestación más visible de la religión en la Primavera Árabe ha sido la función, positiva o negativa,  que han desempeñado los eruditos y las instituciones religiosas. Desde el principio, muchos eruditos destacados (ulemas) han apoyado las revueltas árabes. Por ejemplo, el jeque Yusif Al Qaradawi, de Doha, respaldó las revueltas en Túnez, Egipto y Libia, y sigue apoyándolas en Yemen y Siria. De manera similar, la institución Al Azhar, el centro islámico más antiguo del mundo musulmán y guía del islam moderado, dio su apoyo a los manifestantes e instó a los autócratas a que dejaran de matarlos. Es verdad que el Gran Jeque y rector de Al Azhar al principio no respaldó la revolución egipcia, pero una vez que Hosni Mubarak fue derrocado, adoptó una retórica progresista y de apoyo a la Primavera Árabe.</p>
<p><strong>Islam contra laicismo, un debate irrelevante</strong></p>
<p>El largo debate entre islam y laicismo no es solo engañoso, sino también irrelevante, en especial en el contexto actual. Y no por culpa del declive del laicismo y la secularización en todo el mundo, sino también por el estrepitoso fracaso del modelo occidental de modernización que se ha tratado de imponer a otras culturas y sociedades, independientemente de las diferencias. No obstante, la Primavera Árabe ha revivido el antiguo debate entre islam y democracia, y entre islam y laicismo. A lo largo de los últimos meses, la principal cuestión en Egipto, y también en Túnez, era la identidad que asumiría el país con el nuevo sistema político. Mientras que los liberales y los laicistas defendían un Estado laico puro, los islamistas han abogado por dar un carácter conservador al Estado para poder determinar los códigos morales y éticos de la sociedad.</p>
<p>Lo que es más importante, el peso cada vez mayor de la cuestión de la identidad en el espacio público sitúa en primer plano la problemática de la relación entre religión y sociedad, y entre religión y Estado, en el mundo árabe. Sin detenerme demasiado en los antecedentes históricos de esta cuestión, doy por sentado que los antiguos regímenes de Túnez y Egipto deben ser considerados responsables de sabotear esta relación. Por ejemplo, con Mubarak y Zine el Abidine ben Ali, estaba prohibido hablar de si la sociedad podía ser independiente del Estado y de cuál debía ser el papel de la religión en la esfera pública, la cual estaba sometida a una dura censura. Por consiguiente, tras la caída de estos regímenes, estas cuestiones han salido a relucir y seguirán constituyendo una especie de termómetro para evaluar la relación entre las tendencias islamista y liberal/laicista en el próximo periodo.</p>
<p>Sin duda, el encarnizado debate entre islamistas y laicistas en la esfera pública despierta preocupaciones sobre el futuro de la Primavera Árabe. Sin embargo, es un reflejo de la eterna crisis de identidad en el mundo árabe, sobre todo entre las generaciones de jóvenes. Es más, revela hasta qué punto están dispuestos ambos bandos a construir un consenso en el contexto posautocrático. Sin embargo, a mi modo de ver, este debate, más que indicar las diferencias ideológicas entre islamistas y laicistas, refleja la habilidad política de unos y otros. En otras palabras, refleja el incipiente conflicto social en la era posterior al autoritarismo. Vale la pena mencionar que los liberales y los laicistas proceden en su mayoría de las clases altas y medias altas de la sociedad y que desempeñaron un papel esencial a la hora de poner la revolución egipcia en marcha. Los islamistas, por otro lado, representan a la clase media baja, y algunos de ellos participaron en la revolución desde su inicio. Es más, como nueva parte interesada, los islamistas emplean la cuestión de la identidad para ganar adeptos y manipular la opinión pública. Por otro lado, los liberales y los laicistas intentan utilizar la misma cuestión para aumentar su atractivo y ganarse el apoyo del exterior. La identidad en este caso va más allá del estrecho marco organizativo e invade el espacio cultural.</p>
<p><strong>Panorama confuso</strong></p>
<p>Para muchos analistas occidentales, y también árabes, han sido los jóvenes los que han desatado la Primavera Árabe. Sin embargo, no se puede dar por sentado que estos jóvenes activistas eran todos  liberales y laicistas. Es verdad que la mayoría de los manifestantes en las calles árabes no han adoptado ninguna ideología religiosa ni defendido la creación de un Estado islámico, pero tampoco han exigido un Estado laico.</p>
<p>Otra idea engañosa sobre la Primavera Árabe es la tendencia a infravalorar el papel de los islamistas. Es un hecho conocido que los islamistas no participaron, o al menos no animaron las protestas contra Ben Ali y Mubarak. Sin embargo, un análisis más minucioso revela lo contrario. Por ejemplo, en Egipto, muchas de las corrientes islamistas estaban presentes en la plaza Tahrir, tímidamente al principio y luego con todas sus fuerzas. Una vez que los islamistas (que suelen ser el chivo expiatorio de los regímenes despóticos) se dieron cuenta de que lo que estaba pasando era más que una manifestación, instaron a los suyos a unirse a la batalla.</p>
<p>Los islamistas se decantaron sabiamente por mantenerse en un segundo plano durante las revoluciones árabes. Sin embargo, esto se debió a razones principalmente tácticas. La primera era atenuar la fobia occidental hacia las revueltas islamistas. Habían aprendido la lección argelina de principios de la década de los noventa, cuando el régimen abortó la victoria electoral de los islamistas y ejerció una represión brutal sin que hubiera una respuesta de Occidente, que no hizo nada para detener ese golpe de Estado. La segunda era evitar la represión del régimen. Los islamistas en Túnez y Egipto estaban seguros de que cualquier participación en las manifestaciones podría dar lugar a una auténtica masacre. Por consiguiente, evitaron deliberadamente todos los eslóganes religiosos y los gritos a favor de un Estado islámico. Y, por último, era clave para el éxito de la Primavera Árabe que los islamistas se sentaran en el asiento de atrás de las revueltas hasta que los regímenes autocráticos fueran derrocados.</p>
<p>Lo que es más importante, la participación en las revoluciones árabes no se limitó a una facción islamista. En Egipto, por ejemplo, la plaza Tahrir estaba llena de miembros de los Hermanos Musulmanes, antiguos yihadistas, salafistas e islamistas independientes. En Túnez, la base popular del movimiento Ennahda participó en la revolución. En Libia, Abdel Hakim Belhaj, un antiguo yihadista y fundador del Grupo Islámico Combatiente Libio, lideró el asalto final contra Trípoli, lo cual no deja de ser irónico. En Yemen y Siria, los Hermanos Musulmanes desempeñan un papel crucial en las protestas contra los regímenes de Alí Abdulá Saleh y Bashar al Assad, respectivamente. Es más, en Egipto, así como en Túnez y Libia, los jóvenes revolucionarios han alabado a los islamistas por salvaguardar las revoluciones árabes en épocas difíciles, cuando los regímenes autocráticos se aferraban con todas sus fuerzas al poder.</p>
<p><strong>El mito de la ‘Primavera islamista’</strong></p>
<p>A pesar de la euforia de la Primavera Árabe, muchos académicos y analistas han manifestado su nerviosismo y preocupación por la posible reaparición de los islamistas en el mundo árabe. Su avance en Túnez y Egipto ha reforzado la famosa idea de la “Primavera Islamista”. Irónicamente, los políticos occidentales no comparten este sentimiento, probablemente porque tienen que aceptar la nueva realidad que se impone en la región. Sin embargo, el razonamiento de aquellos a los que les preocupa el resurgimiento de los islamistas parece infundado, si no irrelevante. Invoca al viejo “coco” islamista, que ha sido creado y adoptado por los dictadores derrocados, Ben Ali, Mubarak y Gadafi.</p>
<p>Es verdad que los islamistas, por motivos históricos y de organización, son la fuerza más coordinada y politizada en el mundo árabe, pero esto no hace que su ascenso sea inevitable. A diferencia de aquellos que percibieron la victoria del partido Ennahda en Túnez como una amenaza islámica, creo que estuvo por debajo de las expectativas. Es cierto que Ennahda obtuvo aproximadamente el 40% de los escaños de la Asamblea Constituyente pero, dadas sus altas expectativas antes de las elecciones, esta victoria parece modesta, si no decepcionante. Sin embargo, la otra cara de este triunfo es que aproximadamente un 60% de los tunecinos no están con Ennahda, o están contra. Es más, su reaparición eclipsó los otros aspectos de la exitosa transición tunecina, que puede considerarse única y fuera de lo común en el mundo árabe.</p>
<p>Además, este mito del auge de los islamistas desluce los cambios masivos que están teniendo lugar dentro de los movimientos islamistas en el mundo árabe. Por ejemplo, los islamistas en Egipto no son por ahora monolíticos, sino que, al contrario, están divididos, fragmentados, y hasta cierto punto enemistados. La fase posterior a la revolución del 25 enero desencadenó una especie de “explosión” en la escena islamista egipcia. La participación política se ha convertido ahora en el camino preferido para la mayoría de los miembros de los grupos y tendencias islamistas, incluidos aquellos que anteriormente rechazaban y, tal vez, condenaban la participación política y la actividad de los partidos políticos por razones religiosas e ideológicas.</p>
<p>Por otro lado, muchos salafistas y antiguos yihadistas consideran que la participación democrática es la mejor vía para promover sus proyectos religiosos y políticos y para obtener legitimidad en la esfera pública. Mientras tanto, por primera vez en su historia, los Hermanos Musulmanes han fundado un partido político. A pesar de las muchas reservas que se han manifestado con respecto a la falta de transparencia que rodeó la creación del Partido Libertad y Justicia, sigue siendo un paso decisivo para integrar a los Hermanos Musulmanes en la vida política. Los salafistas, a su vez, han fundado tres nuevos partidos hasta el momento: Al Nour (Luz), Al Asala (Autenticidad) y Al Fadila (Virtud). Y hay muchas probabilidades de que haya nuevos partidos salafistas, sobre todo teniendo en cuenta la considerable fluidez que caracteriza esta tendencia en la actualidad. Pero puede que lo que más sorprendente sea el movimiento antiguamente yihadista (Al Yamaa Al Islamiya y la Yihad egipcia), cuyos líderes también se inclinan ahora por participar en la política bajo la égida de un partido político.</p>
<p>¿Qué significa todo esto? Significa que los islamistas, a pesar de todo lo que se ha dicho sobre su poder e influencia, están listos para el cambio, y van a cambiar. Sin embargo, la característica más llamativa de este cambio es el estallido de dinamismo y conflictos internos después de décadas de estancamiento organizativo y generacional. Es como si la revolución hubiera reventado una especie de dique, y desencadenado nuevas energías revitalizadoras que tratan de reestructurar y reordenar los movimientos y que pueden aflorar en forma de disputas y divisiones. Por ejemplo, los Hermanos Musulmanes, el movimiento islamista más antiguo del mundo árabe, ha presenciado divisiones históricas entre las generaciones más viejas y las más jóvenes. Hasta el momento, cuatro partidos han surgido del grupo de más edad y muchos líderes veteranos han abandonado el movimiento en protesta por su política.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>La maravillosa Primavera Árabe ha puesto de manifiesto lo dinámicas que son las sociedades árabes. Ha mostrado la capacidad de los jóvenes árabes para construir una nueva esfera pública propia que refleje sus ideas y aspiraciones. En mi opinión, la cuestión no es el papel y el espacio que pueda tener la religión en esta incipiente esfera, sino más bien el impacto que tendrá sobre la religión el que esta esfera se emancipe del Estado. En este artículo he sostenido que la religión –insisto, las dimensiones culturales y simbólicas de la religión– ha desempeñado un papel vital en las revueltas árabes. Sin embargo, este papel no ha sido rígido ni estático. A pesar de la aparición del islamismo en los momentos posteriores a las revueltas, estaba claro que los movimientos islamistas se inclinaban por el cambio. Cuanto más se abra esta esfera para incluir a los islamistas, menos se resistirán al cambio y menos retrógrados se mostrarán. Por último, creo que la amenaza para las incipientes democracias árabes no provendrá de la religión, ni del islamismo, sino más bien de aquellos que luchan por reproducir las viejas estructuras autoritarias y de ese modo poner fin a la Primavera Árabe.</p>
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		<title>¿Qué tenemos que aprender sobre el proceso de desarrollo turco?</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 16:15:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Turquía es para la región MENA una gran fuente de inspiración para el desarrollo, más que un modelo absoluto e inmutable. La diversificación es un rasgo evidente de la transformación económica turca. Tiene tres aspectos: tecnología, geografía y mercados. Es necesaria una segunda oleada de reformas de la administración pública, el sistema fiscal, judicial, educativo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Turquía es para la región MENA una gran fuente de inspiración para el desarrollo, más que un modelo absoluto e inmutable.</em></p>
<p><em>La diversificación es un rasgo evidente de la transformación económica turca. Tiene tres aspectos: tecnología, geografía y mercados.</em></p>
<p><em>Es necesaria una segunda oleada de reformas de la administración pública, el sistema fiscal, judicial, educativo, el mercado laboral y la sanidad.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Turquía ha aumentado su influencia económica y política en la región de Oriente Medio y Norte de África (MENA, según sus siglas en inglés). En este sentido ¿hasta qué punto puede ser útil como modelo para la transformación económica de la región MENA? Su experiencia refleja que hay algo que no se puede pasar por alto: más importante que la integración en la economía mundial es la forma de integrarse. Teniendo en cuenta esto, Turquía es un buen modelo para los países MENA, con algunas advertencias que deben ser consideradas.</p>
<p>El año 2011 ha estado cargado de acontecimientos para Turquía y sus vecinos. Los levantamientos populares en Túnez, Egipto, Siria y otros países árabes han fracturado los antiguos regímenes en el poder durante décadas y ahora existen oportunidades para crear más y mejores Estados democráticos.</p>
<p>Política y económicamente Turquía tiene todavía una influencia fuerte. Los cambios en su relación con los países MENA no solo están confinados a la política: ha habido un incremento sustancial de sus relaciones comerciales. La participación de los países MENA  en las exportaciones turcas ha aumentado desde el 13% en 2000 hasta el 27% en 2011. Turquía no solo es un importante compañero comercial para la región MENA, sino que es también, junto con Israel, una de las dos potencias industriales en la región. Es interesante observar que las relaciones comerciales entre Turquía e Israel no han sido dañadas por los recientes contratiempos políticos. Incluso, después del  traumático incidente Mavi Marmara, el comercio bilateral entre Israel y Turquía aumentó un 30%. Parece que en países donde el sector privado es el motor de la economía, las relaciones de negocio no están supeditadas a los cambios políticos.</p>
<p><strong>¿Cómo es el modelo económico turco?</strong></p>
<p>Una mirada a los últimos 30 años puede darnos la respuesta. La transformación económica de Turquía empezó en los años ochenta, con las reformas de su presidente, Turgut Özal: la liberalización comercial, la reforma financiera, de precios y la convertibilidad de divisas permitieron a Turquía integrarse efectivamente en la economía global y convertirse en una potencia industrial en la región.</p>
<p>Esta es una importante diferencia entre las economías de Turquía y los países MENA: muchos están de alguna manera aislados del sistema económico global, lo que les imposibilita beneficiarse de las redes económicas, sociales y políticas globales. La primera oleada de reformas en Turquía, concluida en 2001 con la privatización, la disciplina fiscal y monetaria, la política bancaria prudente, la independencia de las autoridades reguladoras económicas, dio sus frutos en forma de tasas de crecimiento acelerado, diversificación de mercados, urbanización, desarrollo regional y mejoras tecnológicas. Estos son los aspectos fundamentales de la transformación económica que los países MENA deberían llevar a cabo.</p>
<p>En 1980, Turquía y los países MENA llegaban tan solo al 23% del PIB de Estados Unidos. En 2010, Turquía, ha reducido la diferencia y ha alcanzado el 30% del PIB americano. Sin embargo, los países MENA han retrocedido: solo tienen el 18% del PIB de EE UU. El esfuerzo de Turquía por la liberalización ha sido amortizado con la industrialización del país: mientras que en 1980 la exportación de manufacturas suponía tan solo el 27% del total, en 2010 era el 82%. En Egipto, por ejemplo, estas exportaciones se redujeron del 28% al 23%.</p>
<p>Los datos sobre educación son también interesantes. La tasa de matriculación en educación superior en Turquía pasó del 6% en 1980 al 38% en 2010. Sin embargo Egipto, con un mayor índice de matriculación que Turquía en 1980, pasó del 11% a tan solo el 28%, mientras que Túnez y Argelia pasaron de un 3% a un 34% y 31% respectivamente. La primera oleada de reformas explica, en mi opinión, la diferencia producida en las tres últimas décadas.</p>
<p>La diversificación es un rasgo evidente de la transformación económica turca. Esta diversificación tiene tres aspectos: tecnología, geografía y mercados. Todos estos factores tienen también un efecto significativo en la transformación social de Turquía.</p>
<p>En primer lugar, Turquía ha logrado modernizar en los últimos 15 años su producción tecnológica y hacerla pasar de nivel bajo a medio. En 1996, la producción de tecnología media apenas excedía el 20% mientras que la baja superaba el 55%. En 2009, tanto la producción de baja tecnología como media ocupaban un 40% de la producción total. Este desarrollo llevó a la sofisticación de las exportaciones que se tradujo en mayores beneficios y mayor nivel de vida. El siguiente desafío será mejorar su producción de alta tecnología : para ello necesitará mejorar  la transferencia de tecnología, la regulación de patentes y el desarrollo de I+D.</p>
<p>En segundo lugar, el país ha experimentado una visible diversificación geográfica de su producción industrial. El abanico de capacidades de muchas provincias de Anatolia ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. En 2009, 24 ciudades ya habían logrado crear cinco o más empresas que formaban parte de las primeras 1.000 empresas industriales de Turquía, repartidas por todo el país a excepción de la zona este. Ya son una realidad los centros urbanos en Anatolia. Hace 50 años, tan solo el 30% de la población vivía en zonas urbanas pero tras la migración posterior a 1960, esta cifra se incrementó hasta el 75% actual. El reto es lograr que el este de Turquía cree empresas que puedan entrar entre las 1.000 principales.</p>
<p>En tercer lugar, Turquía ha experimentado un profundo cambio en materia de exportación respecto de sus socios comerciales a lo largo de  los últimos 15 años. La participación comercial con Europa, su socio principal, ha ido bajando desde 2007, sobre todo por la crisis. Sin embargo, el incremento en la participación comercial con Oriente Medio y África bajó el nivel de sofisticación de sus exportaciones. Aunque la diversificación de mercado, puede considerarse como un desarrollo deseable, el hecho de enfocarse a los mercados occidentales donde la demanda de productos de alto coste es mayor, es esencial para una modernización tecnológica.</p>
<p>El principal catalizador de la transformación económica turca ha sido la mejora en la conectividad. Las diferencias  regionales se vieron reducidas con la construcción de vías rápidas, incrementándose  el número de empresas en zonas regionales, que pasaron a pertenecer a esas 1.000 primeras empresas de Turquía. El uso de internet, que revolucionó el flujo de información en los negocios, mejoró en poco tiempo. El acceso a internet de los hogares se incrementó de un 20% en 2007 a un 43% en 2010. La reducción en costes de información, comunicación y transporte facilitaron el comercio, la transferencia de tecnología y, finalmente, el desarrollo económico.</p>
<p><strong>Avanzar en las reformas</strong></p>
<p>A pesar de todo, a la hora de debatir sobre si seguir o no el modelo turco, los países MENA deben considerar algunas salvedades: aunque Turquía ha dado los pasos económicos necesarios durante los últimos 30 años, el proceso aún no ha terminado. Turquía representa un buen modelo para los países MENA listos para el cambio gracias a  las impresionantes estadísticas económicas y a las similitudes culturales y religiosas, pero se necesita una segunda oleada de reformas para consolidar la primera y avanzar hasta el siguiente nivel.</p>
<p>¿Cuáles son estas reformas de segunda generación? Si en la primera oleada se cambió el modo de interacción pasando de las directivas gubernamentales a las reglas de mercado, esta segunda tanda de reformas está más relacionada con los problemas estructurales que impiden un fuerte crecimiento en el país. Turquía ofrece un buen modelo para las reformas de primera generación, prerrequisito para emprender las de segunda generación. Estas reformas deben dar prioridad al impulso de las inversiones y el buen clima empresarial, la administración pública, el sistema fiscal, judicial, educativo, el mercado laboral y la sanidad. Un ejemplo: en el último informe de la Corporación Financiera Internacional (CFI), Turquía ocupa el puesto 65 en cuanto a lugar para hacer negocios, pero en otras áreas ocupa un puesto mucho más bajo, como en el de permisos de construcción (137 de 183 países), cierre de empresas (115) o pago de impuestos (75). Estas cuestiones están directamente relacionadas con la administración pública. Los problemas de funcionamiento dentro del sistema legal son otro factor que condiciona muy negativamente el clima empresarial. En Turquía, los casos judiciales simples pueden tardar varios años en resolverse. De igual manera, el sistema educativo necesita ser reformado si se quiere aumentar la disponibilidad de mano de obra. El criterio a seguir no debe ser simplemente aumentar el número de colegios o de aulas disponibles. En lugar de eso, habría que centrarse en la formación profesional.</p>
<p>Si se emprenden las postergadas reformas, Turquía se acercará poco a poco a las economías que la han inspirado como EE UU o Corea del Sur. En 1980, Egipto, Turquía y Corea del Sur tenían casi el mismo nivel de ingresos, pero mientras Turquía tiene un 30% del nivel de ingresos per cápita de EE UU, Corea del Sur tiene más del 60%.</p>
<p>Turquía ha terminado con éxito su proceso de integración en la economía global. Ahora es el turno de la región MENA. Sin embargo, hay algo que no se debe pasar por alto: más importante que la integración en la economía mundial es la forma de integrarse. Turquía tiene por delante un proceso más interesante y difícil. Tal y como sucedió con Corea en las tres últimas décadas, ha llegado el momento de su modernización. Una mayor sofisticación, producción de alta tecnología y una población más cualificada impulsarán al país en la escala de la economía mundial. Turquía es para la región MENA una gran fuente de inspiración para el desarrollo más que un modelo absoluto e inmutable. Las circunstancias mundiales en permanente cambio y la naturaleza única de cada país deben hacer que la región tome ejemplo del proceso de desarrollo turco y lo adapte a sus propias condiciones.</p>
<p>No obstante, el experimento turco, aún sin terminar, nos puede seguir sorprendiendo con la segunda oleada de reformas.</p>
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		<title>Tres victorias islamistas, ¿y después?</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 16:02:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al cierre de este número se cumple un año desde aquel 17 de diciembre de 2010, día cero de la revolución, en que con su sacrificio el tunecino Mohamed Buazizi iniciaba una era de cambio en el mundo árabe. En este año han caído tres dictadores en Túnez, Egipto y Libia; Osama bin Laden ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al cierre de este número se cumple un año desde aquel 17 de diciembre de 2010, día cero de la revolución, en que con su sacrificio el tunecino Mohamed Buazizi iniciaba una era de cambio en el mundo árabe. En este año han caído tres dictadores en Túnez, Egipto y Libia; Osama bin Laden ha sido borrado del mapa y Estados Unidos ha anunciado la retirada de sus tropas de Irak y de Afganistán. Tres acontecimientos que han trastocado el esquema de las relaciones internacionales dominante desde septiembre de 2001.</p>
<p>Además, en los últimos tres meses los tres países revolucionados han iniciado sus procesos de transición con mayor o menor calma social, y los tunecinos y egipcios han disfrutado de su nueva libertad acudiendo masivamente a las urnas en unas elecciones que, aun con posibles fallos, representan sin duda las más transparentes que se han celebrado jamás. Sin olvidar los comicios de Marruecos, fruto de la reforma constitucional aprobada en referéndum, que han sido limpios según todos los observadores internacionales, pero que no han registrado una participación elevada aunque fuera la más alta desde la llegada al trono de Mohamed VI.</p>
<p>Tres meses y tres victorias islamistas, la de Ennahda en Túnez, del Partido Justicia y Desarrollo en Marruecos y la parcial de los Hermanos Musulmanes en Egipto, pues queda por ver qué resultados obtendrán en las siguientes fases del proceso electoral en curso. Victorias inevitables tras décadas de represión y oposición, de labrar el terreno social e ideológico, de colmar pacientemente los vacíos que los regímenes autoritarios fueron acumulando en la marginalidad, la exclusión, la injusticia y la indignidad.</p>
<p>Ahora llega el turno de los islamistas, una ventana de oportunidad para algunos y un peaje indispensable del pluralismo para otros. Está claro que tendrán que lidiar con la inexperiencia, con el desgaste de la política y adentrarse en la cultura del consenso y de la negociación, puesto que aunque sean los ganadores necesitarán la complicidad del resto de fuerzas políticas y, si son audaces, buscarán aliados para no enfrentarse en solitario a los múltiples retos que les esperan. Los restos del dogmatismo tendrán que transformarse en pragmatismo.</p>
<p>Tienen por delante una ardua misión: construir un nuevo marco político, redactar nuevas constituciones, reformar unas instituciones sin respaldo popular, desgastadas por décadas de despotismo y sentar los pilares de unas sociedades cuyas expectativas están muy por encima de los logros posibles a corto o medio plazo.</p>
<p>El potencial de decepción es elevado e incluso peligroso para la estabilidad de la región. Los nuevos gobernantes deberán dar respuesta a las demandas socioeconómicas que se acumulan desde el estallido de las revueltas: desempleo, redistribución de la riqueza –con lo que implica de pérdida de privilegios para las élites económicas–, revitalización del mundo rural, reforma del sector fiscal, redefinición de las políticas de subsidios, revitalización del sector privado, captación de inversión&#8230; Los nuevos gobiernos deberán formular una política económica que, de momento, parece haber sido la gran ausente en los programas electorales de los partidos islamistas.</p>
<p>Entre tanto, algunos se preocupan excesivamente por la cuestión de la religión y la esfera pública. Sin pretender restarle importancia, lo cierto es que no debería capitalizar ni el debate ni la acción de los próximos meses.</p>
<p>¿Tendrán tiempo los nuevos gobiernos islamistas para imponer su supuesta agenda moral en la sociedad? Aunque pudiera satisfacer a algunos y disgustar a otros, en ningún caso debería hacerse en detrimento de una respuesta a las acuciantes demandas socioeconómicas de una población cada vez más impaciente.</p>
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		<title>El despertar árabe en cifras: ‘the wakerisk’</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 15:19:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Eva Medina es profesora de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora en el Máster en Economía y Relaciones Internacionales: Geopolítica y Geoeconomía de la UAM-MERIGG; Alejandro Lorca, Cátedra Jean Monet e investigador MERIGG. www.uam/merigg.es Aunque haya determinado el momento del estallido de las revueltas, el motor del despertar árabe no debe buscarse en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Eva Medina es profesora de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora en el Máster en Economía y Relaciones Internacionales: Geopolítica y Geoeconomía de la UAM-MERIGG; Alejandro Lorca, Cátedra Jean Monet e investigador MERIGG. www.uam/merigg.es</em></p>
<p><strong>Aunque haya determinado el momento del estallido de las revueltas, el motor del despertar árabe no debe buscarse en el ámbito económico sino político.</strong></p>
<p><strong>Alors que la crise est en train d’avoir un effet similaire sur les taux de chômage en général, les niveaux de pauvreté et l’inégalité sont pires dans les pays « sans révolution ».</strong></p>
<p><strong>Tous les pays partagent un point : la demande de changements en termes de liberté et de transparence pour que les gouvernants regagnent la confiance de leurs citoyens.</strong></p>
<p>Desde diciembre de 2010 el mundo árabe se ha enfrentado a acontecimientos  a los que la literatura especializada y la prensa occidental han bautizado con el nombre de Primavera árabe, pero que los autores prefieren llamar Despertar árabe, tal y como es conocido en la región. Estos acontecimientos se han caracterizado por desobediencias civiles, con protestas de la ciudadanía que demanda cambios a sus líderes políticos.<br />
Desde el principio, se han publicado diversas opiniones sobre los factores desencadenantes del despertar árabe, que en sus distintas versiones (protesta, revuelta o preguerra) se ha manifestado con más o menos intensidad según los países. Los regímenes políticos en el mundo árabe son muy diversos, sus historias, economías y organizaciones sociales desiguales. Y los resultados hasta ahora también son diferentes. Sin embargo, se habla de un denominador común que justifica el despertar árabe: un fenómeno liderado por una población joven, que en un contexto de pobreza, inflación de los precios de los alimentos y alto nivel de desempleo, se revela contra líderes represivos, cuya elevada antigüedad en el poder ha facilitado la acumulación de grandes fortunas mediante, en muchos casos, la aplicación de prácticas corruptas. Todo ello en un contexto donde el creciente uso de internet y de las redes sociales acelera el proceso de contagio entre países.</p>
<p>Las consecuencias de este movimiento libertario preocupan a los distintos actores del entorno internacional. A las naciones protagonistas de los movimientos, por la inestabilidad económica y los desequilibrios políticos que pueda generar; al resto de naciones árabes donde aún no se ha propagado el movimiento, por la amenaza que supone a la estabilidad de sus gobiernos; y a la comunidad internacional en general, por sus efectos en términos de presión sobre los precios de la energía, aumento de la presión migratoria, radicalización del terrorismo y de las corrientes extremistas musulmanas.</p>
<p>En este contexto, en las siguientes líneas se presenta la construcción del indicador “wakerisk” que permitirá asignar una puntuación a los países según su exposición a estos episodios. Para ello, y como paso previo, será necesario identificar el peso o relevancia que los factores desencadenantes del despertar árabe han tenido en el proceso, lo que permitirá obtener una ponderación con la que realizar su agregación.</p>
<p>La vertiente cuantitativa del análisis nos obliga al uso de técnicas matemáticas, práctica no muy común en el análisis de las relaciones internacionales. Si bien existen pocas revistas y centros de investigación en donde se lleva a cabo esta tarea, los autores de este trabajo somos firmes defensores de ella (es una de las características esenciales del Máster en Economía y Relaciones Internacionales: Geopolítica y Geoeconomía de la Universidad Autónoma de Madrid- MERIGG).</p>
<p>Con respecto a esta polémica, las relaciones internacionales están en una situación similar a la que estaban las ciencias económicas en los años veinte. En esa década, se empezaron a recoger datos sobre variables económicas que se creían factores relevantes en los hechos económicos, pero no fue hasta la siguiente década cuando John Maynard Keynes, en su Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, construyó el marco conceptual donde estas variables se relacionaban. Con la aparición de la sociedad de econometría, y los trabajos de la Cowles Commission en los años treinta, se allanó el camino hacia el uso generalizado de las matemáticas como lenguaje de análisis de la economía. Desde las décadas pasadas, las relaciones internacionales están atravesando un camino similar. La utilización de las técnicas formalizadas es posible hoy por la aparición periódica de datos sociales y políticos que posibilitan la cuantificación de las variables relevantes en las relaciones internacionales. Existen múltiples datos oficiales y no, recogidos por fundaciones y centros de estudios privados y públicos, que sin duda se irán multiplicando en el futuro. En el campo de las relaciones internacionales no ha aparecido aún “el Keynes” que se precisa para construir el marco teórico en el que se muevan e interrelacionen las variables, pero estamos seguros de que lo hará en un futuro.</p>
<p><strong>Desencadenantes del despertar árabe</strong><br />
El “despertar árabe” no se ha manifestado ni de la misma forma ni con la misma intensidad en los distintos países de la zona. Si bien todos comparten rasgos comunes que favorecerían la aparición de estas revueltas, la primera pregunta que nos hacemos es ¿por qué no se han producido de manera más generalizada?</p>
<p>Podemos distinguir claramente dos grupos de países. Aquellos donde las protestas han sido más intensas, que denominaremos países “con revolución”, en el que se encuentran Bahréin, Egipto, Libia, Siria, Túnez y Yemen; y el resto, agrupados en los denominados países “sin revolución”. Probablemente el comportamiento de los factores desencadenantes del proceso no ha sido el mismo en los dos grupos, por lo que la comparación entre ambos permitirá identificar aquellos rasgos que comparten los países “con revolución” y que los diferencian de los países “sin revolución”.</p>
<p>De una base de datos de cerca de 50 variables para más de 170 países, se ha agregado la información de partida, a través de la técnica estadística de componentes principales, obteniéndose 11 factores (gráfico 1), que miden, en una escala de 0 a 10, lo que la literatura especializada en la materia define como desencadenantes del despertar árabe. Parece lógico pensar que si, por ejemplo, el factor desempleo es uno de los desencadenantes de las revueltas, los países en los que éstas se han manifestado con mayor intensidad registren mayor puntuación para esta variable que el resto. De la misma manera, si este factor registrase puntuaciones similares en ambos grupos, no sería un factor explicativo del despertar árabe ya que un mismo nivel de desempleo no habría generado un efecto similar en todos los países.</p>
<p>Para detectar si los valores medios de los factores son significativamente distintos en los dos grupos, se realiza un análisis de la varianza (ANOVA) que permite contrastar la hipótesis de igualdad de medias en los valores de los indicadores de ambos grupos. El rechazo de esta hipótesis permitirá identificar las variables que registran un comportamiento diferente en los países más inestables y que, por tanto, más importancia tienen como desencadenante de las protestas.</p>
<p>Los resultados revelan que no todos los desencadenantes del despertar árabe identificados desde un punto de vista teórico han tenido la misma importancia en el desarrollo del fenómeno. Así, solo se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre las medias de ambos grupos para los factores relacionados con la ausencia de libertades democráticas, el número de años en el poder y la corrupción. Aunque la diferencia de medias para los casos de educación y pobreza puede parecer elevada, la gran dispersión existente en los datos explica que esa diferencia no resulte estadísticamente significativa. Para el resto de variables –desigualdad de renta, ausencia de gobernanza, uso de tecnologías de la información, porcentaje del gasto en alimentos en presupuesto familiar, desempleo y edad media de la población– las diferencias de medias no resultaron muy elevadas y, por tanto, no se consideran significativas desde un punto de vista estadístico.</p>
<p>Con todo, los países “con revueltas” se caracterizan por tener gobiernos con muchos años en el poder, elevada corrupción y escasas libertades democráticas. En relación con los factores demográficos no se observan grandes diferencias: en ambos grupos el peso de la población joven es similar y también lo son sus niveles educativos. Aunque a priori pudiera parecer que la educación es ligeramente superior en los países “con revueltas”, como ya se ha indicado, esas diferencias no resultaron significativas desde un punto de vista estadístico. En relación con los factores económicos, se registran también valores muy similares en ambos grupos e incluso algo peor para aquellos países que no han registrado protestas.</p>
<p>Así, mientras que la crisis económica actual está teniendo un efecto similar en las tasas de desempleo de ambos grupos, los niveles de pobreza y desigualdad de la renta son incluso peores en los países “sin revueltas”, lo que limita la importancia de este factor como desencadenante del proceso.<br />
A partir de estos resultados se puede concluir que el motor del despertar árabe no debe buscarse en el ámbito económico sino en el político. No hay duda de que los aspectos económicos están presentes en los jóvenes de la plaza de Tahrir, y que son los que han determinado el estallido de las revueltas. En un contexto de pobreza, se han combinado las fuertes alzas en los precios de los alimentos con un rápido crecimiento del desempleo, sobre todo entre los jóvenes, lo que ha generado una masa de descontento que ha abonado el camino hacia las revueltas. Sin embargo, aunque éste ha sido el contexto económico general en la región de Oriente Medio y Norte de África, la respuesta no ha sido la misma en todos los países: las revueltas más violentas se han registrado, no en los que tienen peores condiciones económicas, sino en aquellos con menos libertades y más corrupción. Son, por tanto, los aspectos políticos la motivación predominante: lo que demanda el despertar árabe de sus gobernantes es transparencia y libertad.</p>
<p><strong>¿Qué posición ocupa cada país?</strong><br />
Si centramos el análisis en los factores con mayor poder explicativo del despertar árabe, podemos clasificar a los 16 países analizados en cuatro cuadrantes (gráfico 2). El eje horizontal mide la ausencia de libertades democráticas, variable que aumenta de izquierda a derecha, mientras que el eje vertical mide el nivel de corrupción que crece de abajo hacia arriba: es decir, en el cuadrante superior-derecho estarían los países más corruptos y con mayor ausencia de libertades democráticas.</p>
<p>La primera conclusión es la fuerte relación entre ausencia de libertades civiles y corrupción: son los países con gobiernos más represivos los que a su vez registran mayores niveles de corrupción (cuadrante “A”). Tres de los seis países “con revueltas” se sitúan en este cuadrante (Yemen, Libia y Siria) –países donde la violencia aún está presente en el momento de escribir estas líneas, acercándose, incluso, a una guerra civil. Todos estos países comparten un rasgo, que hasta ahora no se ha incluido en el análisis por resultar de difícil medición: nos referimos a la existencia de enfrentamiento entre facciones. En el caso de Yemen y Libia el enfrentamiento se produce entre tribus, mientras que en Siria se da entre facciones religiosas.</p>
<p>Los otros tres países donde también se han registrado protestas –Egipto, Túnez y Bahréin–, se encuentran más próximos al centro de coordenadas. Se trata de países que han soportado un despertar árabe intenso, aunque corto, que en el caso de Egipto ha terminado con el control del poder por el ejército y en el de Bahréin con la intervención de Arabia Saudí. Son países, a su vez, donde existe un mayor peso del ejército: en Egipto y Túnez, éste se ha impuesto con la promesa, para algunos dudosa, de un cambio hacia un gobierno de libertades y transparencia.</p>
<p>Dentro del cuadrante “A” de mayor riesgo se sitúan también dos países, Arabia Saudí y Sudán, donde no se han registrado revueltas violentas. En el caso de Arabia Saudí apuntamos dos factores que están evitando la violencia: por un lado, la capacidad financiera para “comprar la protesta” gracias a los ingresos que aporta el petróleo; y, por otro, un factor religioso que actúa de estabilizador, como es el wahabismo y su estructura de poder por medio de las mezquitas. Sudán es también un país con alto riesgo, agravado por el enfrentamiento Norte-Sur. Aunque esta lucha ha acabado por dividir en julio de este año el país en Sudán y Sudán del Sur, el conflicto por una zona petrolera sigue abierto y con ello el riesgo presente.</p>
<p>En el cuadrante “B” están los países con alta corrupción, pero con más libertades que los países del cuadrante “A”. Aquí se sitúan Líbano, Argelia y Marruecos, donde los gobiernos han puesto en marcha diversas reformas, sobre todo en Marruecos, pero cuyos resultados a la hora de apaciguar las revueltas está por ver. Mientras que en Argelia el gobierno podrá “comprar por algún tiempo la protesta”, el gobierno de Marruecos no tiene capacidad financiera para hacerlo y tendrá que avanzar en las reformas, como por ejemplo en la descentralización del poder, hoy en manos de “Palacio”.</p>
<p>En el cuadrante “C” están situados los países en mejor situación, es decir, con mayores libertades y menor corrupción y que, por tanto, se encuentran lejos de un despertar árabe violento. Aunque en un próximo futuro, debido al “efecto contagio”, la situación podría empeorar.</p>
<p><strong>El indicador “wakerisk”</strong><br />
U na vez identificados los factores explicativos del despertar árabe es posible construir un indicador que, otorgando una puntuación por país, cuantifique su exposición al riesgo. Para ello se ha realizado un análisis de componentes principales que ha permitido construir el indicador “wakerisk”, que recoge el 83% de la información que aporta cada factor de forma individual. Los resultados de este análisis se detallan en el cuadro 1 donde los países aparecen ordenados de mayor a menor nivel de riesgo.</p>
<p>Los países que registran mayor “wakerisk” son Yemen (10), Libia (9,6) y Siria (9,3), donde la violencia en la calle hace que se aproximen, o terminen, en una guerra civil. En el caso de Túnez (7,0) y Egipto (7,2), países donde el despertar árabe, aunque violento, fue corto y pasaron a un proceso de transición con cierta rapidez, el “wakerisk” registra valores más bajos. Tal y como se ha comentado, se trata de países donde el desarrollo del despertar árabe se podría interpretar como un “golpe militar camuflado”. Entre ambos grupos y, por tanto, con valores altos en el indicador “wakerisk”, encontramos países que, de momento, no han asistido a un despertar árabe. Se trata de Arabia Saudí, Sudán, Argelia y Marruecos. El más preocupante es Arabia Saudí dado su papel clave en la oferta del mercado del petróleo. Cualquier interrupción de su producción supondría un holocausto petrolero. Por otro lado, el hecho de ser productores de petróleo, como Argelia y Sudán del Sur, genera capacidad financiadora para mantener una política de subvenciones, una forma “de comprar a los desobedientes civiles” utilizada en el mundo árabe. Los países con menor “wakerisk” son Qatar (4,9) Jordania (5,6), Kuwait (5,9), Omán (6,1) y Emiratos Árabes Unidos (6,3).</p>
<p>El panorama, como hemos visto, es muy distinto entre países. En algunos, el “despertar” se ha convertido en una “guerra cuasi-civil”, donde los dirigentes se aferran al poder. En otros, en los que el “despertar” aunque intenso, fue corto, es previsible que la transición a la que han pasado con cierta rapidez se convierta en un periodo de larga duración. Además, existe un grupo de países en los que el riesgo de un “despertar” es elevado por lo que, dada su importancia estratégica en la economía mundial, deberemos estar atentos a su evolución. Sin embargo, todos los casos comparten un nexo en común, la demanda, por parte de sus ciudadanos, de cambios que impliquen libertad y transparencia, y que les devuelva la confianza en sus gobernantes.</p>
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		<title>Palestina, Israel y Egipto tras la ‘Primavera Árabe’</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 15:02:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los cambios en el mundo árabe suponen un estímulo para los palestinos, al tiempo que han hecho surgir un movimiento de protesta en Israel. El Movimiento Juvenil 15 de Marzo, cuyo nombre procede de las manifestaciones que tuvieron lugar ese día en Cisjordania y en la Franja de Gaza para exigir un acuerdo entre Al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los cambios en el mundo árabe suponen un estímulo para los palestinos, al tiempo que han hecho surgir un movimiento de protesta en Israel.</strong></p>
<p>El Movimiento Juvenil 15 de Marzo, cuyo nombre procede de las manifestaciones que tuvieron lugar ese día en Cisjordania y en la Franja de Gaza para exigir un acuerdo entre Al Fatah y Hamás, es la expresión palestina más clara de la Primavera Árabe de 2010 y 2011. Al día siguiente, el líder de Al Fatah, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, anunció su voluntad de viajar a Gaza a fin de mantener conversaciones con Hamás para llegar a un acuerdo. El 4 de mayo se firmó un pacto de reconciliación en El Cairo.</p>
<p>La puesta en práctica del acuerdo entre Hamás y Al Fatah se ha paralizado porque Abbas insiste en mantener a Salam Fayad como primer ministro de la ANP. Hamás cree que Fayad es demasiado sumiso a Israel y a Occidente. Abbas considera que la credibilidad internacional de Fayad, que proviene de su doctorado en Economía de la Universidad de Texas, su experiencia profesional en el Banco de la Reserva Federal de Saint Louis y en el Fondo Monetario Internacional (FMI), y de que desde 2007 ha logrado crear una economía aprobada por el FMI y el Banco Mundial en Cisjordania, aumenta la viabilidad de su plan para solicitar la admisión de Palestina como Estado miembro de la ONU en septiembre. De hecho, Abbas ha adoptado la estrategia de Fayad de establecer un Estado palestino de facto creando instituciones que promueven la seguridad, la buena gobernanza y una economía de libre mercado.</p>
<p><strong>Cambio en el equilibrio de fuerzas regional</strong><br />
A pesar de que su aplicación se encuentra en un punto muerto, el acuerdo entre Hamás y Al Fatah es uno de los varios indicios de la modesta, pero significativa, reorientación de la política exterior egipcia desde la destitución del expresidente Hosni Mubarak. El régimen de Mubarak era el país árabe que más apoyaba a Abbas y a su partido Al Fatah. Su exjefe de la inteligencia militar, Omar Suleiman, trató de presionar a Hamás para que firmase un acuerdo favorable a Al Fatah. Egipto también ha abierto el paso fronterizo de Rafah hacia la Franja de Gaza, aunque de manera irregular y con unas restricciones que confinan indefinidamente a muchos habitantes de Gaza en su cárcel al aire libre.</p>
<p>En febrero de este año, dos buques de guerra iraníes cruzaron el Canal de Suez, los primeros desde 1979. La indignada reacción israelí estuvo en consonancia con su campaña para incitar a la histeria mundial anti-iraní. En abril, Egipto anunció su voluntad de reanudar las relaciones diplomáticas con Irán. Estas medidas simbólicas cambiaron ligeramente el equilibrio de fuerzas regional, que el gobierno israelí de extrema derecha de Benjamín Netanyahu encuentra intolerable.</p>
<p>La revelación de los Informes de Palestina por parte de Al Yazira confirmó que los negociadores de la ANP, presionados por Estados Unidos, ofrecieron al gobierno del exprimer ministro israelí, Ehud Olmert, concesiones que iban mucho más allá del consenso nacional palestino. Sin embargo, no fueron suficientes para llegar a un acuerdo. Por eso, además de por las presiones regionales árabes y palestinas, Abbas trató de reconciliarse con Hamás porque no podía llegar a un acuerdo de paz negociado con unas condiciones que ningún palestino aceptaría.</p>
<p>El papel de Al Yazira pone de relieve la reafirmación de una dimensión panárabe en la política de Oriente Próximo. El nuevo panarabismo tiene su origen en unas realidades culturales históricas y contemporáneas de las que la más importante es un idioma árabe estándar común (fusha). Esto permite que los canales de televisión por satélite panárabes hagan llegar a decenas de millones de hogares árabes unas odiadas noticias sobre políticas occidentales en Palestina, Irak y Afganistán. El nuevo panarabismo ni está políticamente unido, ni trata de estarlo, a diferencia del de los años cincuenta y sesenta. La televisión por satélite transmite el mensaje de los “nuevos predicadores” del islam suní, de los cuales los más populares son el egipcio Amr Jaled, en gran medida apolítico, y el carismático líder del partido Hezbolá de Líbano, Hasan Nasralá.</p>
<p>El Movimiento Juvenil 15 de Marzo y varios comités populares de Cisjordania convocaron una manifestación en el puesto de control de Qalandiya entre Jerusalén y Ramala el 15 de mayo, día del aniversario de la creación del Estado de Israel o Día de la Nakba (catástrofe). Cuando cerca de 1.000 manifestantes se aproximaron al puesto de control, los soldados israelíes dispararon numerosas descargas de gases lacrimógenos. Cerca de un centenar de personas resultaron heridas por su inhalación y por el impacto de balas de metal revestidas de goma. Ese día también se celebraron manifestaciones en Jerusalén Este, Hebrón y Al Walaya, un pueblo en la periferia sur de Jerusalén cuyas tierras (pero no sus habitantes) se encuentran en vías de ser anexionadas por Israel.</p>
<p>El ejército israelí, sorprendido por las manifestaciones del Día de la Nakba, en las que los palestinos trataron de cruzar la frontera para “volver” de la Franja de Gaza, de Siria y de Líbano, respondió de forma especialmente brutal. Al menos 15 personas resultaron muertas por los disparos. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que gobierna Egipto impidió que los manifestantes alcanzaran el paso fronterizo de Rafah, alegando que la reorientación de la política exterior egipcia cortaría de raíz cualquier enfrentamiento directo con Israel.</p>
<p>Las manifestaciones palestinas pacíficas organizadas por comités populares en los pueblos, en las que participan centenares de jóvenes en su mayoría israelíes, no son consecuencia del Despertar Árabe, aunque las ha fomentado. La lucha popular en la que participan hombres y mujeres palestinos de todas las edades, a diferencia de la lucha armada, ha sido la estrategia principal de la campaña contra el muro de separación, el 85% del cual se encuentra dentro de la Línea Verde, que Israel construye desde junio de 2002. En 2004, el Tribunal Internacional de Justicia dictaminó que “la construcción del muro y su régimen asociado [confiscaciones de tierras, asentamientos] eran contrarios al derecho internacional”. Israel ha devuelto algunas de las tierras confiscadas en Budrus, Bil‘in y varios pueblos al oeste de Jerusalén. Pero el muro, aunque inacabado, permanece en pie.</p>
<p>El 15 de julio, 2.500 israelíes y palestinos se manifestaron en Jerusalén para apoyar la campaña en favor del ingreso de Palestina en la ONU. La manifestación, que discurrió desde la Puerta de Yaffa hasta Sheij Yarrah, se celebró en su totalidad en Jerusalén Este. Esto y el hecho de que los organizadores prohibieran las banderas israelíes, que el “bando pacifista” sionista exhibe tradicionalmente para resaltar sus credenciales patrióticas, dieron un sabor árabe a la ocasión. Sin embargo, no más del 10% o 15% de los participantes eran palestinos (habitantes de los barrios de Jerusalén Este de Silwan, Isawiyya y Sheij Yarrah, así como ciudadanos israelíes palestinos de Yaffa, Ramle, Taibe, entre otros lugares). La manifestación fue organizada conjuntamente por comités populares palestinos y grupos vecinales de Jerusalén, y por Solidaridad, una organización relativamente nueva surgida de la lucha de los palestinos, israelíes y organizaciones internacionales para evitar que los colonos judíos desalojaran a familias palestinas de Sheij Yarrah en 2009.</p>
<p>Veintiocho familias palestinas, con la colaboración del gobierno de Jordania y de la ONU, renunciaron a su condición de refugiados a cambio de viviendas en Sheij Yarrah. Después de que Israel ocupara Jerusalén Este en 1967, los tribunales israelíes admitieron las demandas de organizaciones judías que afirmaban que sus escrituras otomanas del siglo XIX, de dudosa autenticidad, establecían que las viviendas eran de su propiedad. Las leyes israelíes impiden que los palestinos reclamen la propiedad de sus antiguas propiedades en Israel, aunque dispongan de escrituras válidas.<br />
Solidaridad incluye a ciudadanos israelíes tanto judíos como palestinos y trabaja estrechamente con comités vecinales en el Jerusalén Este árabe. La manifestación del 15 de julio, la más importante en Jerusalén en los últimos tiempos, fue considerada un éxito por los organizadores y participantes. Los miembros de Solidaridad esperan que la acción conjunta continúe y están preparados a seguir el ejemplo del Movimiento 15 de Marzo en la organización de una acción popular paralela a la solicitud de ingreso en la ONU presentada por la ANP. Pero el Movimiento 15 de Marzo es un fenómeno nuevo y su joven liderazgo todavía no tiene un programa o una estrategia claros. Además, su base se encuentra entre los jóvenes cosmopolitas de Ramala cuyos puntos de vista y experiencias vitales son muy distintos de los de la mayoría de los habitantes de Cisjordania.</p>
<p><strong>Egipto e Israel: modelos neoliberales </strong><br />
La Primavera Árabe puede tener un impacto sorprendente, aunque indirecto, sobre la política israelí. El 14 de julio, un gran número de jóvenes israelíes acamparon a lo largo del bulevar Rothschild, la calle más moderna del centro de Tel Aviv, para protestar por el elevado coste de la vivienda. Los precios son un 20% más altos que hace un año. Un piso pequeño en Tel Aviv está muy lejos del alcance de la mayoría de los jóvenes y los alquileres son desorbitados. El campamento en el bulevar Rothschild disparó la imaginación de los jóvenes israelíes. En los días siguientes se produjeron acciones parecidas en más de media docena de ciudades, desde Kiriat Shmona, en el Norte, hasta Beersheba, en el Sur.</p>
<p>El 23 de julio, decenas de miles de personas participaron en una marcha de antorchas muy combativa en Tel Aviv. Los manifestantes coreaban: “Viviendas decentes, precios razonables”, “El poder para los ciudadanos” y “Esta generación exige viviendas”. Algunos pedían la dimisión del primer ministro Netanyahu. Eran exigencias parecidas a las planteadas por los árabes a sus líderes durante 2011. En los días siguientes se produjeron manifestaciones y sentadas exigiendo “justicia social” –una consigna destacada en la plaza Tahrir de El Cairo– en Jerusalén y otras ciudades.<br />
Durante la primera semana de las protestas, uno de los manifestantes del bulevar Rothschild le dijo a un periodista de la radio israelí Channel 2: “Tenemos que hacer lo que hicieron en Egipto. Yalla, tahrir, yihad”. El hecho de que un israelí de clase media sugiriera, aunque solo fuera un exceso retórico, que este movimiento tenía algo que aprender de un fenómeno político árabe resulta asombroso y no tiene precedentes, por no hablar del uso de la palabra extremadamente provocadora, yihad.</p>
<p>La plaza Tahrir lleva ocupada desde el 8 de julio y el bulevar Rothschild desde el 14 de julio. Los manifestantes de ambas ciudades tienen algo en común, aunque normalmente queda eclipsado por el conflicto árabe-israelí. En Egipto, al igual que en Marruecos, Túnez y Jordania, la Primavera Árabe es en parte una rebelión contra el modelo de desarrollo neoliberal, aunque rara vez se nombra. De forma parecida, la crisis de la vivienda en Israel es un síntoma de las políticas neoliberales, especialmente la bajada del tipo de interés: ha pasado del 4% en agosto de 2008 al 0,5% en el periodo de abril a agosto de 2009 como respuesta a la recesión económica causada por la crisis financiera mundial. La falta de regulación y el recorte de los tipos de interés para fomentar la inversión –típicas políticas neoliberales– produjeron una burbuja especulativa.</p>
<p>Todos los gobiernos israelíes desde 1985, el régimen de Mubarak desde 1991 y la ANP desde 2007, han adoptado políticas económicas neoliberales promovidas por EE UU, el FMI y el BM. Egipto e Israel se consideran un éxito según los criterios neoliberales. Sus economías, así como la de Cisjordania, han experimentado un crecimiento considerable desde mediados de la década de 2000.</p>
<p>Pero el crecimiento no ha reducido significativamente un índice de pobreza que alcanza el 20% en Egipto y el 25% en Palestina (18,3% en Cisjordania y 38% en Gaza), ni ha moderado la brecha cada vez mayor que separa a los más ricos de los más pobres. La pobreza en Egipto y Palestina no es una novedad. Pero es menos conocido que en Israel más de un tercio de la mano de obra gana el salario mínimo, 4.100 shekels (unos 833 euros) al mes, y cerca de una cuarta parte de la población (en su mayoría ciudadanos árabes y judíos ultra-ortodoxos) vive por debajo del umbral de pobreza. El 40% de los pobres tienen un empleo.</p>
<p>Al igual que en EE UU, capital del neoliberalismo, en Egipto, Israel y los Territorios Palestinos Ocupados la riqueza se encuentra muy concentrada. Según las estadísticas más recientes del CIA World Factbook , el índice Gini de desigualdad (en una escala de 0 a 100, cuanto mayor es el número, mayor es la desigualdad) era de 45,2 en EE UU, 39,2 en Israel y 34,4 en Egipto. Los ingresos medios del 10% de la población más rica de EE UU son 15,9 veces los del 10% más pobre, 13,4 en Israel y ocho en Egipto. No hay estadísticas disponibles para Palestina desde que Fayad adoptara la estrategia neoliberal. Pero Ramala exhibe descaradamente una concentración de inversiones de capital de lujo que no tiene parangón en ningún otro lugar de Cisjordania o Gaza. En Egipto hay menos desigualdad que las otras “estrellas” regionales árabes del FMI, Jordania, Túnez y Marruecos. EE UU e Israel se encuentran entre las economías capitalistas desarrolladas con más desigualdad.</p>
<p>Por desgracia, los orígenes comunes de su grave situación económica no unirán a los pueblos de Israel, Egipto y Palestina. La mayoría de los egipcios rechazan la idea de que tienen algo en común con los israelíes. Puede que, aunque se muestren reacios a admitirlo, la gran mayoría de los israelíes que ocupa el bulevar Rothschild sepa que el excesivo coste del proyecto de los asentamientos subvencionado por el gobierno en Cisjordania y Jerusalén Este agrava sus problemas económicos. Y no se plantearon la posibilidad de pedir una disminución del presupuesto militar porque, como muchos israelíes, creen que su existencia se encuentra eternamente amenazada. Por consiguiente, puede pasar mucho tiempo antes de que convenzan u obliguen a un número significativo de israelíes a abandonar su proyecto de asentamiento colonial y compartan la tierra entre el río Jordán y el mar Mediterráneo con los palestinos sobre una base de igualdad. Es más probable que los palestinos, especialmente los ciudadanos árabes que constituyen el 20% de la población israelí, se den cuenta de que su futuro está vinculado al de los judíos israelíes, cualquiera que sea la forma política que éste pueda adoptar.</p>
<p>El intento de la ANP de convertirse en miembro de la ONU se basa en gran medida en la fructífera gestión por parte de Fayad de un resurgimiento económico neoliberal muy limitado y territorialmente circunscrito. Este proyecto es popular, sobre todo en el norte de Cisjordania, porque ha mejorado la seguridad y las infraestructuras y ha proporcionado empleos, aunque concentrados de forma desproporcionada en las nuevas fuerzas de seguridad conocidas como Brigada Dayton, por ser el nombre de la primera persona que las formó, el general americano Keith Dayton. Según un sondeo de opinión llevado a cabo por teléfono entre abril y mayo de 2010, el 82% de los palestinos en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza creía que las políticas de Fayad “beneficiaban a los intereses palestinos” y el 72% pensaba que “sería capaz de ser el nuevo presidente”. Sin embargo, el 54% creía que su plan para conseguir la condición de Estado mediante el desarrollo económico no tendría éxito.</p>
<p><strong>Al Nabi Salé, ejemplo de resistencia</strong><br />
La incesante expansión de los asentamientos israelíes es el principal obstáculo para que Palestina se convierta en un Estado y prácticamente ha echado por tierra la solución de dos Estados. El microcosmos de Al Nabi Salé, un pueblo situado a unos 30 kilómetros al noroeste de Ramala, es representativo del proceso. Desde diciembre de 2009, el comité popular de Al Nabi Salé organiza todos los viernes manifestaciones para frenar la expansión del asentamiento de Halamish, que ni siquiera está autorizado por las autoridades israelíes. Las manifestaciones empezaron después de que los colonos expropiaran una fuente natural en las tierras de Al Nabi Salé. Al cabo de varias semanas, los colonos de Halamish quemaron 150 olivos de Al Nabi Salé cerca de la fuente.</p>
<p>El muro de separación no pasa cerca de Al Nabi Salé y por eso no es un tema urgente. Los objetivos directos de las manifestaciones son la ocupación y el proyecto de los asentamientos. Según un agente de seguridad jubilado palestino que vive en Al Nabi Salé y que trabajó en coordinación con sus homólogos israelíes, las autoridades militares israelíes los consideran un problema grave que deben solucionar.</p>
<p>Todos los viernes, el ejército israelí asedia el pueblo y lo convierte en una zona militar sin restricciones para el uso de gases lacrimógenos, de granadas detonadoras, de bombas fétidas y de balas de metal revestidas de goma. Más de 120 habitantes del pueblo han sido hospitalizados con heridas graves.</p>
<p>Los estudiantes de la Universidad de Bir Zeit y jóvenes de Ramala, entre los que se incluyen seguidores del Movimiento 15 de Marzo, acuden a menudo a las manifestaciones de Al Nabi Salé. En la del 22 de julio, varios de ellos afirmaron que el intento de la ANP por convertirse en miembro de la ONU tenía poca importancia, tanto si llegaba a buen puerto como si no. Una estudiante palestina de una excelente universidad americana que estaba pasando las vacaciones de verano en casa, insistía categóricamente: “Es un intento desesperado de la ANP ilegítima”. Aunque reconoce que el Movimiento 15 de Marzo no tiene una estrategia alternativa, cree que los palestinos obtienen fuerza de la Primavera Árabe. “Sentimos que ahora tenemos apoyos”, afirmaba.</p>
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		<title>Revolución de Oriente Próximo, Toma 2: era constitucional</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 14:51:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Articulos]]></category>

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		<description><![CDATA[Chibli Mallat es custodio de los Dos Lugares Santos. Profesor visitante de Estudios legales islámicos, Facultad de Derecho de Harvard; presidente de [la organización] Derecho a la no violencia. Para el debate sobre la no violencia ver ‘The Philosophy of the Middle East Revolution, Take One: Nonviolence’, Middle East Law and Governance, 3 (2011), 136-47. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Chibli Mallat es custodio de los Dos Lugares Santos. Profesor visitante de Estudios legales islámicos, Facultad de Derecho de Harvard; presidente de [la organización] Derecho a la no violencia. Para el debate sobre la no violencia ver ‘The Philosophy of the Middle East Revolution, Take One: Nonviolence’, Middle East Law and Governance, 3 (2011), 136-47.</em></p>
<p><strong>Aunque es pronto para hacer conjeturas sobre el éxito de la transición, el momento para el debate constitucional ha llegado.</strong></p>
<p>Los procesos constitucionales representan la base estratégica de la democracia y, en Oriente Próximo, brindan un futuro institucionalizado a la no violencia como un intenso indicador de la revolución en marcha. La pregunta es cuándo y cómo llegar a ese punto. Este artículo gira en torno al momento constitucional en medio de la revolución en Oriente Próximo.</p>
<p>Una importante advertencia: un proceso constitucional no representa forzosamente el único camino a seguir para un Estado. Mientras que una constitución parte de la base de un Estado con fronteras por lo general definidas y aceptadas, a escala nacional e internacional, este no es siempre el caso, sobre todo en Oriente Próximo. Se podría concebir la división en dos o más Estados de un territorio determinado, de facto y de iure. Somalia es el sempiterno ejemplo de facto de Estado fallido dividido en varios territorios repetidamente destrozados por la violencia y la inestabilidad. Sudán y Su-dán del Sur, dos Estados desde 2011, representan una secesión de iure reconocida y apoyada por poderosos argumentos, sostenidos como están por un norte discriminatorio, represivo y belicoso a lo largo de varias décadas. Los argumentos a favor de la secesión no son válidos solo en Sudán, razones similares siguen agitando a Irak y otros países. Las minorías perseguidas tienen un motivo de queja común que se plasma en la necesidad de que el Estado las proteja frente a la brutalidad estructural de la mayoría. La duda, sin embargo, es si la secesión es preferible a un cambio de régimen central.</p>
<p>Aunque comprendamos el deseo de las víctimas de larga duración de cortar todas las cuerdas que las atan a un aterrador régimen central, las secesiones son preocupantes en muchos sentidos y son una corriente peligrosa por tres razones que se observaron claramente en los Balcanes en 1992 y que ahora amenazan la revolución en Oriente Próximo: la secesión es una receta para la limpieza étnica, permite al dirigente central permanecer en el poder y engendra la lógica para más secesiones. La secesión oficial de Sudán concluida en 2011 ha seguido las tres lógicas. La gente sigue siendo asesinada tanto en el Norte como en el Sur, el dictador del Norte, Omar Bashir, sigue gobernando con mano de hierro, y Darfur y Nuba parecen ser los siguientes en la senda hacia la secesión.</p>
<p>Pero Sudán no es el único y el fantasma de la secesión se cierne sobre Yemen, donde se dan circunstancias similares. Y éste no es el mejor camino a seguir, ni en Yemen ni en ningún otro lugar, incluida Palestina. Un proceso constitucional para los árabes y los judíos en Israel es una alternativa mejor, más justa y más realista que la secesión de la Palestina histórica en dos o tres Estados.</p>
<p><strong>El momento constitucional</strong><br />
Las constituciones –reformadas o totalmente revisadas– son contratos sociales que captan las expectativas de la gente en un texto que impone el espíritu de un nuevo régimen sobre las ruinas del antiguo. Las ruinas nunca son limpias; la revisión y redacción de la Constitución es un proceso complejo y la reforma constitucional es la primera escala para que una revolución llegue a buen puerto. Se desarrolla de forma natural en países como Egipto y Túnez donde el jefe del anterior régimen ya no encarna el alto simbolismo del orden anterior que se le atribuía como dictador. E incluso si el dictador ha sido derrocado, el proceso constitucional no transcurre en un vacío. Dependiendo de la situación de la oposición convertida en gobierno y de las expresiones del anterior régimen que sobrevivan, es inevitable que toda la sociedad bulla en torno a las constituciones y la reforma constitucional. Con la profunda remodelación del contrato social, muchos prototipos y declaraciones constitucionales acaban valiendo menos que el papel y la tinta con que se redactan. En una revolución popular se producen innumerables documentos y propuestas; sin embargo, la cristalización de una nueva constitución que funcione es otro asunto diferente y mucho más complejo.</p>
<p>Para complicar todavía más la situación, el debate constitucional no se restringe a los países en los que el sine qua non, la caída del Faraón, se ha consumado. Los dictadores que se ven desafiados siempre invocan la constitución y la necesidad de reforma como el camino para recuperar la paz social. Antes de que se proponga una reforma en respuesta a un levantamiento popular, la constitución amontona polvo en un estante, y sus atributos democráticos se reprimen con métodos muy perfeccionados: la manipulación de elecciones y plebiscitos, legisladores de adorno y un uso indebido de la policía y el aparato represivo; declaración de derechos, palabras por lo general vacías; cláusulas de una constitución que no se ponen en práctica, como si no existiera. Mientras que en los países democráticos es algo excepcional, en los países autoritarios por regla general se hace caso omiso de las cláusulas que protegen los derechos de los ciudadanos.</p>
<p>Las cláusulas prestadas de la tradición popular internacional sobre los derechos humanos, y más en el caso de esas secciones de la constitución que se supone que proporcionan protección legal al ciudadano frente a los abusos del poder estatal, se ven suavizadas por una serie de aplicaciones de emergencia, juicios militares y relacionados con la seguridad del Estado, y leyes procesales y penales subconstitucionales que obstaculizan la compensación de los ciudadanos, e incluso por la sencilla ignorancia de cualquier estipulación constitucional que proteja los derechos. Estas prácticas –un legado demasiado frecuente– arraigaron durante la segunda mitad del siglo XX en el autoritarismo militar, unipartidista y dinástico en muchas partes, con Oriente Próximo siempre  dos pasos por detrás de los avances democráticos y en materia de derechos humanos conseguidos en el África subsahariana, Latinoamérica y Europa del Este. En la primera década del siglo XXI, la represión de la disensión se ha visto intensificada por la restricción de las libertades en nombre de la lucha contra el terrorismo, un concepto rudimentario que en última instancia consagra el poder en la rama ejecutiva y proporciona un cómodo instrumento que los gobernantes de Oriente Próximo emplean con entusiasmo para perfeccionar la represión.</p>
<p><strong>Separación de poderes: una falsa declaración</strong><br />
Con respecto a la separación de poderes, la trayectoria autoritaria invariablemente conlleva una concentración de poderes en el ejecutivo. Los cambios en el poder absoluto de un solo individuo son simplemente eso, cambios, y abarcan los círculos íntimos, la familia, el sistema de un solo partido, la corte del rey y los cortesanos del presidente. Independientemente del grupo en concreto que sostenga el sistema en lo más alto y todas sus extensiones jerárquicas hasta el escalafón más bajo que controla la calle, el núcleo del poder se mantiene firmemente en manos de un gobernante, de modo que la separación de poderes, consagrada en todas las constituciones de Oriente Próximo, no es más que una declaración falsa.</p>
<p>Los parlamentos, cuando existen, no son más que un adorno. La legislación se fabrica enteramente siguiendo los caprichos del líder. El poder judicial es débil y, aunque de vez en cuando algún juez heroico agite el sistema, este no tiene problemas para hacer que sus esfuerzos se vuelvan ineficaces. En el momento en que una gran agitación social pone en entredicho los mecanismos constitucionales latentes, la primera estratagema del presidente o rey absoluto desafiados es expresar su comprensión de “las quejas legítimas del pueblo” y su disposición a convocar paneles y comisiones a los que encomendar la reforma constitucional.</p>
<p>En un discurso de arrepentimiento deplorablemente esbozado, Zine el Abidine Ben Ali daba por sentado que bastaría con calmar la tensión con un grandilocuente y degaullesco “Os he entendido”. Expresiones similares pueden encontrarse en todos los regímenes autoritarios que se ven desafiados  y que abarcan toda la  gama previsible en Oriente Próximo. “Lo entiendo, necesitamos una reforma y yo tengo más interés que vosotros. Dialoguemos sobre el cambio legal y constitucional”. Este es el patrón fácilmente discernible de un dictador a la defensiva que trata de ganar tiempo frente a la marea revolucionaria, en un esfuerzo por contenerla y hacer que caiga en el olvido.</p>
<p>Ni el líder tunecino ni su homólogo egipcio tuvieron tiempo para desarrollar el plan. En otros países en los que el jefe del Estado es capaz de aguantar más tiempo, la contrarrevolución acaba siendo más fuerte a la hora de adherirse al mantra de la reforma y el diálogo. En los primeros meses de 2011 se podía ver cómo varios países adquirían  una forma institucional e incluso lograban realizar enmiendas constitucionales que más tarde se sometían a un rápido referéndum. En estos casos, la nueva constitución es básicamente una réplica de los textos aletargados del viejo régimen. La reforma no llega al fondo, que es el poder absoluto del dirigente.</p>
<p>En países gobernados por un dictador y su progenie durante años, hablar de revisar leyes básicas no es ninguna novedad. Siempre hay un momento en que el régimen pregona la “reforma”. Cuando ésta adquiere algo de ritmo con rivales llenos de buenas intenciones, se les retira la alfombra bajo sus pies y muchos acaban en prisión. También este patrón es común en todo Oriente Próximo. ¿Por qué no se materializa esa disposición que manifiesta el dictador fugitivo de abordar la reforma constitucional? Después de todo, expresa su deseo de responder al pueblo y de iniciar un diálogo con ese propósito. Una razón obvia es la falta de confianza por parte de adversarios curtidos que han vivido en sus propias carnes sus falsas promesas.</p>
<p>Otra razón es la evidente contradicción entre la apertura y la resistencia a aceptar los resultados democráticos prometidos. Los ejemplos van desde Sadam Husein el 1 de agosto de 1991 hasta los intentos de Israel de redactar una constitución en la primera década del nuevo siglo. Ambos son un modelo elocuente y subrayan el profundo punto muerto en que se encuentra la sociedad. En Israel, éste representa el absoluto fracaso de la mayoría judía para acomodar a la minoría no judía dentro de las fronteras de 1948 y la masa más amplia de palestinos más allá de ellas. En el caso de Sadam, la aparición de un borrador de constitución en el verano de 1991 no puede entenderse fuera de la considerable presión que ejerció la población después de ocho años de una guerra devastadora iniciada por el dictador contra Irán, y durante la cual la situación de emergencia quedaba fácilmente legitimada por el conflicto abierto. Cuando la guerra llegó a su fin en 1988, la justificación para la dureza con que trataba a la población fue perdiendo fuerza y el dirigente iraquí respondió con un borrador de constitución en el que los poderes absolutos de la Constitución Provisional de 1970 parecían haber quedado debilitados.</p>
<p>Con la típica brutalidad que ha caracterizado su vida política más que la de cualquier otro dirigente de la región, Sadam era incapaz de concebir cualquier apertura que corriese el riesgo de envalentonar a sus ayudantes, o a la población en general, y animarles a buscar más poder. La invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1991, un día después de que se anunciase el borrador de constitución, es más que un mero acto simbólico. En lugar de embarcarse en cualquier clase de reforma nacional, una guerra en el extranjero le pareció una apuesta más segura para prolongar su régimen absoluto.</p>
<p>El ejemplo iraquí puede parecer extremo debido a la violencia superlativa del régimen de Sadam, pero el patrón está muy arraigado. En los albores del nuevo siglo, “reformas” parecidas se produjeron en cascada en toda la región, empezando con la denominada Primavera de Damasco en 2001, que duró unos meses antes de que sus líderes volvieran a la cárcel. En 2003, el emir de Bahréin cambió su título de rey por el de “monarca constitucional” y extendió una invitación abierta a Amnistía Internacional para que le aconsejase sobre una reforma en materia de derechos humanos. Al cabo de tres años, la situación estaba peor que antes del inicio de la “reforma”, y la “monarquía constitucional” de la que alardeaba el rey se vació de cualquier significado democrático. En 2005, ante la presión en las calles como consecuencia del efecto de la Revolución del Cedro, el dictador egipcio, Hosni Mubarak, aprobó una enmienda del artículo 76 de la Constitución para permitir unas elecciones presidenciales competitivas. Cuando su adversario más destacado se atrevió a presentar su candidatura, fue encarcelado durante cuatro años. La falta de confianza en un líder desafiado es un elemento de la tragedia griega que encuentra respuesta en el llamamiento a un cambio constitucional, pero difícilmente constituye la única explicación. Hay en juego una lógica más omnipresente. El dictador que se despierta con un desafío a su régimen en las calles se embarca en una reforma constitucional precisamente a causa de la revuelta popular y al hacerlo confiere autoridad moral a los que le desafían. Tanto adversarios como seguidores saben que el dirigente no se habría movido de otro modo y así empieza el ciclo mortal: una vez que el dictador da muestras de ceder ante la presión de la calle y entona el himno de “el pueblo tiene quejas legítimas, dialoguemos”, la calle se envalentona por su éxito, y hay más manifestaciones callejeras para impedir que se dejen las cosas para más tarde y aumentar la presión. La propensión natural del líder es entonces desencadenar el aparato del miedo contra los manifestantes, y enviar a sus matones, la policía secreta y, con el tiempo, al ejército para reprimir los cada vez más numerosos levantamientos.</p>
<p>Esto puede que funcione, como ha ocurrido en Bahréin y Siria a mediados de 2011. Pero el miedo se ha calmado, en parte porque el líder ha reconocido que “el pueblo tiene quejas legítimas” y porque las manifestaciones crecen con las víctimas cuya sangre llama a más protestas. Por cada muerte, uno puede suponer que al menos 20 miembros de la familia y allegados se echarán a las calles, inicialmente para los funerales, y más tarde con un resentimiento exacerbado contra el dictador. La espiral de manifestaciones, muertes y protestas crece, mientras que la exigencia de cambios verdaderos se endurece, donde cambio verdadero significa en última instancia que el pueblo tiene el derecho a elegir a sus gobernantes. Esto es democracia básica y es incuestionable, y el dirigente responde a ella cerrando la ventana del diálogo que en cualquier caso ha dado pocos resultados, y emitiendo una narrativa contrarrevolucionaria: la conspiración extranjera se convierte en el eje de la retórica reaccionaria, a la que se añade la acusación de que los islamistas radicales están al mando, en un intento de rechazar las críticas del extranjero. En general, la cantinela de la conspiración extranjera se dirige contra Occidente, y en concreto contra EE UU, con un guiño hacia el supuesto control de la política exterior americana por parte de Israel.</p>
<p>La represión crece y el mantra cambia ligeramente, sin tener en cuenta las contradicciones evidentes. A los regímenes les preocupa que Occidente se enemiste con ellos y, desde su punto de vista, la información por lo general comprensiva de los informativos y la posición de las organizaciones de derechos humanos se combinan con las de los gobiernos occidentales. El lenguaje del régimen se vuelve confuso; se pregona una conspiración de Occidente e Israel así como una islamista, por mucho que una y otra se contradigan.</p>
<p>Llegados a ese punto, el principal problema es la aceleración de la lógica de la represión. El dictador emplea diversos argumentos: expresa su deseo de ver nuevas leyes sobre la libertad de información, sobre los partidos políticos, sobre las elecciones parlamentarias competitivas, y puede que indique su disposición a no prolongar o renovar su mandato. Entre la falta de confianza, el envalentonamiento de la oposición y el mayor derramamiento de sangre en las calles contra las manifestaciones no violentas, nada parece funcionar.</p>
<p><strong>Repúblicas y monarquías</strong><br />
Luego sigue una lógica del momento constitucional. La reforma constitucional está sobre el tapete en todas partes, y se puede oír hablar de ella en todos los países de Oriente Medio, pero existe una diferencia constitucional cualitativa entre Bahréin, Marruecos, Jordania, Omán e incluso en Kuwait y las otras monarquías y emiratos del Golfo, y las repúblicas, Túnez, Argelia, Mauritania, Egipto, Yemen y Siria. La República Islámica de Irán, basada en la teoría chií de la tutela del jurista, velayat-e faqih, con sus propias idiosincracias, siguió los pasos de las repúblicas árabes. En 2009, el “líder supremo” debidamente designado había sido investido con un poder absoluto durante 20 años, convirtiendo el antes complejo sistema de equilibrio de poderes en una dictadura religiosa de por vida. Con el fraude generalizado en las elecciones presidenciales, la Revolución Verde llevó a Irán el talante revolucionario de Oriente Próximo que empezó en Líbano en 2005 y floreció en toda la región en 2011.</p>
<p>Lógicamente, la configuración nacional de cada revolución en ciernes es diferente, pero la distinción entre monarquías y repúblicas sienta un patrón discernible. La diferencia entre monarcas, emires y sultanes, por un lado, y presidentes de por vida con tintes dinásticos (puesto en práctica por la familia Asad en junio de 2000), por otro, conlleva consecuencias reales.</p>
<p>Las revoluciones en las monarquías árabes toleran una visión del futuro en la que el jefe de Estado no acaba derrocado. Sin embargo, por muy arraigado que esté el presidente dictatorial en una república, la premisa republicana subyacente es la transferencia de poder no dinástica. Esto es obviamente diferente en una monarquía. Un monarca absoluto, que en la práctica funciona como un presidente dictatorial, nunca puede dar a entender su voluntad de marcharse. Puede abdicar, eso sí, y si la abdicación es absoluta, lo natural es que le siga una república. También puede abdicar en favor de un hijo o un hermano. Todo esto ha ocurrido en el siglo XX en momentos de crisis, pero en la revolución de 2011 parece haber un elemento nuevo, es decir, una ventana a una “monarquía constitucional” que añade un importante matiz. Omán, Arabia Saudí, Jordania, Marruecos, Kuwait, e incluso Emiratos Árabes Unidos han vivido problemas sin precedentes como parte de la revolución en Oriente Medio. En las monarquías, las manifestaciones callejeras y los escritos de los disidentes han tendido por lo general a quedarse cortos en su exigencia de que el monarca se marche.</p>
<p>En general, las diversas respuestas de diferentes gobernantes absolutos de Oriente Próximo son parte de una panoplia que parece un intento inútil de responder al mensaje central de la revolución: la dictadura debe terminar, y el poder ejecutivo del gobernante se ha terminado. El debate sobre la reforma constitucional, cuando tiene lugar en el contexto de un dictador que no está dispuesto a abandonar el poder de forma inmediata, está profundamente distorsionado porque parte de la base de una línea divisoria de legitimidad que funciona sobre un eje binario: el gobernante está decidido a conservar el poder, la revolución está decidida a poner fin a su régimen.</p>
<p>En consecuencia, el sistema constitucional de la revolución de 2011 en Oriente Próximo se ve lastrado por un escenario complejo en el que el cambio constitucional como es debido se basa en última instancia en el fin del régimen del dictador, ya se trate de un monarca o un presidente. Túnez y Egipto son, por consiguiente, las más importantes para la experimentación constitucional. En el resto, las reformas constitucionales pueden tocar áreas de importancia relativa, pero se quedan cortas por definición a la hora de efectuar un cambio en lo más alto.</p>
<p>Para concluir, un proceso constitucional que finaliza con éxito es el antídoto tanto para el autoritarismo como para la secesión. Un proceso constitucional representa, con el tiempo, la encarnación de la no violencia. En Oriente Próximo, la agitación política abre ventanas sin precedentes a una era constitucional, sobre todo en los países en los que el jefe del Estado ha caído. Es una marea que debe apreciarse durante una década como mínimo. Todavía es demasiado pronto para hacer conjeturas sobre el éxito de la transición, pero el momento para el debate constitucional sobre el futuro de Oriente Próximo ha llegado.</p>
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		<title>Reflexiones en torno a una crisis</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 14:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entrevista con Abderrahmane hadj nacer por Ihsane el Kadi. “Europa pierde el tiempo abandonando a la orilla sur, a pesar de que su destino histórico sea ser solidaria con el Magreb, también con el África negra. Los europeos saben que su futuro depende de ello”. Abderrahmane Hadj Nacer, exgobernador del Banco de Argelia, es conocido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Entrevista con Abderrahmane hadj nacer por Ihsane el Kadi.</em></p>
<p><strong>“Europa pierde el tiempo abandonando a la orilla sur, a pesar de que su destino histórico sea ser solidaria con el Magreb, también con el África negra. Los europeos saben que su futuro depende de ello”.</strong></p>
<p>Abderrahmane Hadj Nacer, exgobernador del Banco de Argelia, es conocido por adelantarse a su época. Precursor en la defensa de la independencia de las instituciones de emisión, el proceso de integración euromediterráneo y el Magreb unido. Ello no le impide detenerse en la situación actual. En esta entrevista hace referencia a las causas profundas de la crisis mundial que ha resurgido este verano y a la ruptura del equilibrio entre los poderes aparentes y los poderes profundos que lo forman y lo rompen, pero también al destino de la relación entre Europa y el Magreb a la luz de las revisiones que imponen los vientos de la revolución. Sin concesiones.</p>
<p>afkar/ideas: En un verano, la crisis de la deuda soberana ha cruzado el Atlántico. El crecimiento se estanca otra vez en Estados Unidos, con el que cuenta el resto del mundo para volver a reiniciar la marcha. ¿Hay que temer realmente los nuevos embates de la crisis y sus consecuencias para EE UU?</p>
<p>abderrahmane hadj nacer: No tengo miedo de los bonos del Tesoro americanos. No es un Estado que pueda quebrar de repente. Ya veremos con el tiempo, cuando China sea la primera potencia o la potencia ex aequo. En primer lugar, al mundo le interesa mantener a EE UU. Pero si nos detenemos aquí, en realidad, no hemos dicho nada. Existen dos maneras de ver las cosas: técnicamente o especificando las causas de la crisis. Porque la pregunta fundamental es por qué hay crisis. En la crisis de 1929, que sirve de referencia, nos damos cuenta de que la solución no fue simplemente técnica, con el keynesianismo. Fue política. Se reequilibró el poder. El gran problema consiste por tanto en la influencia del complejo militar e industrial americano. Su objetivo era recuperar el poder en detrimento del poder aparente, es decir, del que designa la población. Ahora bien, la única legitimidad del complejo militar e industrial es su propia existencia. Hoy en día, nos encontramos en una situación nueva. No se trata de EE UU, ni solo del complejo militar e industrial, sino de tres poderes: los otros dos son el poder petrolero y, por supuesto, el poder financiero. Estos tres poderes no rinden cuentas. Han adquirido una ascendencia histórica sobre el poder aparente. Una de las causas de las crisis que se repiten viene de ahí.</p>
<p>a/i: ¿Pero de estos tres poderes, no es sobre todo el financiero el que, tanto en EE UU como en el mundo, devora lo que usted llama el poder aparente, como lo pone de manifiesto otra vez la especulación sobre las deudas soberanas en Europa?</p>
<p>a.h.n.: Efectivamente, el poder financiero es el que ha ganado más terreno en el equilibrio mundial en los últimos 30 años. La financiarización de la economía se ha introducido en dos momentos muy importantes, con la acumulación del oro con Nixon, pero también con el reaganismo  en los años ochenta. El objetivo de la financiarización de la economía era crear una fuente extraordinaria de concentración de ingresos en la parte más alta de la pirámide del Estado y algunos ciudadanos americanos. Y luego ampliar esta concentración a Occidente, y después al resto del mundo. Entonces surgió un mundo que no es controlable. Ya no estamos en la economía formal y material, nos encontramos en la economía inmaterial. La financiarización hace que aparezca un poder totalmente nuevo al que se enfrenta el antiguo poder que conocemos bien, el poder militar e industrial y, por supuesto, el que conocemos bien en Argelia, el petrolero. Los tres poderes necesitan un equilibrio entre ellos que no necesariamente encuentran. Son estos momentos de desequilibrio los que desembocan en crisis. Ahora bien, el equilibrio que buscan entre ellos siempre tiene que lograrse, por desgracia, a costa del que no forma parte de la negociación, que es la población representada especialmente por la clase media, que pierde cada vez parte de su poder.</p>
<p>a/i: ¿Las divergencias en Europa y en EE UU sobre la forma de responder a la crisis de la deuda pública ponen de manifiesto que se está produciendo la búsqueda de un nuevo equilibrio entre los poderes que rigen el capitalismo mundial?</p>
<p>a.h.n.: Sin duda. Pero se trata de una búsqueda que se enfrenta a contradicciones importantes. El poder petrolero necesita un sistema keynesiano. Para vender, la economía tiene que funcionar. Para el poder militar e industrial, las crisis son necesarias para que la guerra y los gastos estén justificados. El poder financiero, por su parte, sigue otra lógica. No hay fronteras, e incluso, si me apura, no hay necesidad de guerras. Hemos encontrado la forma más sutil de la guerra que consiste simplemente en empobrecer a la clase media o en hacerla desaparecer.<br />
Y es ahí donde se muerden la cola porque no logran ponerse de acuerdo entre el keynesianismo, la guerra física y la guerra virtual. Esta situación tiene un límite. En España, la frontera política ya no se encuentra entre el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero y el Partido Popular, sino entre ellos y las plazas ocupadas por los indignados. No se trata de una revuelta, sino de un movimiento mucho más básico cuyo objetivo consiste en cuestionar este supra-mundo. La contradicción de esta crisis es que la gente que está acostumbrada a pagar el precio de estos equilibrios de poder, que es la clase media, no puede pagarlo.</p>
<p>a/i: Frente a esta crisis, ha surgido un punto de vista según el cual Europa se ha desindustrializado, se ha deslocalizado demasiado. ¿No existe el riesgo de que se detenga la entrada de inversiones extranjeras directas (IED), mientras que en el marco del Mediterráneo, los países de la ribera sur esperan todavía un incremento de las inversiones europeas dentro de un proceso prometido de codesarrollo?</p>
<p>a.h.n.: En realidad, las crisis deberían favorecer las IED. La crisis del sector aeronáutico en Europa ha forzado a Airbus, poco a poco, a deslocalizar su producción en Túnez y Marruecos. Y también quiso hacerlo en Argelia, en parte, pero no lo logró. Conocemos los problemas de Argelia. Pero no, la crisis no necesariamente afecta  negativamente a las IED porque en la carrera por la reducción de los costes, resulta a veces más sencillo deslocalizar, incluso en el Magreb, donde las cotizaciones del dirham y de los dinares jamás presentan un riesgo de apreciación. Por tanto, desde un punto de vista técnico, es necesario deslocalizar las actividades competitivas. Además, el Magreb se sitúa en la zona de influencia natural de Europa, que es África. El problema para nosotros en el Magreb es que tenemos un pasado histórico que nos hace específicos cuando se trata de inversiones europeas. A esto se le suma el hecho de que los europeos tienen que lidiar con un doble complejo: el complejo de inferioridad con respecto a los amos del mundo, es decir los americanos, y el complejo de superioridad con respecto a los árabes o a los negros. Y ese doble complejo no les permite lidiar con sus propias historias y mitos. A pesar de que el destino histórico de Europa es el de ser solidario con nosotros, los magrebíes, y también con el África negra. Los europeos saben que su futuro depende de ello. Pero en realidad, siguen considerando que somos países baldíos que deberían pertenecerles. Como si China y América o India no hubiesen hecho tampoco sus cálculos. Consecuencia: Europa pierde el tiempo. En vez de ocuparse de apoyar el desarrollo de los socios de su área geográfica, los tiene abandonados. Ese es el problema que tenemos con respecto a Europa y que Europa tiene con respecto a nosotros. No tenemos políticas que tengan en cuenta estos complejos, relacionados con la historia y con la religión. Y ese trasfondo histórico no existe en otro lugar. Cuando se produjeron las crisis de 1998 y 2007, los chinos no tuvieron problemas, mientras que los japoneses desbloqueaban fondos para mantener vivos sus mercados. En EE UU, hemos visto surgir situaciones parecidas con Centroamérica y Latinoamérica, y nada de todo eso en Europa.</p>
<p>a/i: ¿No está siendo un poco duro con Europa sobre este punto?</p>
<p>a.h.n.: No, en absoluto. Hemos visto surgir la idea, de repente, de una solidaridad activa, que había que llevar a cabo en las dos orillas del Mediterráneo. La Unión por el Mediterráneo, que debía materializar esta solidaridad mediterránea necesaria, ha resultado ser, en realidad, un derivado para excluir a Turquía y luego tratar de integrar a Israel. Para que Turquía nunca sea un país europeo, para que Israel se convierta un día en miembro de la Unión Europea.</p>
<p>a/i: ¿Podemos deducir, por ejemplo, que las revoluciones en Túnez y en Egipto son un poco consecuencia de esa falta de solidaridad, porque Europa no ha logrado ni integrar esas economías, ni hacerlas más dinámicas, ni más redistributivas, ni tampoco crear más empleo?</p>
<p>a.h.n.: Es posible afirmar, en el caso de los dirigentes europeos, que hubo un rechazo y que se negaron a ver la realidad en lo que concierne a los países árabes del Mediterráneo. Por ejemplo, cuando hablamos de democracia a un europeo, considera que la democracia le pertenece. Resulta difícil explicarle que Grecia no es un país occidental, sino que es un país oriental. Que apreciamos sus conceptos. Por otra parte, resulta difícil explicarles a los europeos que nosotros siempre hemos vivido en democracia, que es un descubrimiento reciente en Europa. Hace algunos meses, en el Comité Político del IPEMED,  cuando hablábamos de derecho en el Estado de derecho, las reacciones de nuestros socios eran amables, pero escépticas en el fondo. Casi nos decían: “De qué hablan, el desarrollo significa un Estado fuerte, significa que una dictadura controla a la población contestataria, especialmente a los islamistas, y a los argelinos particularmente”. Mantuvimos reuniones con periodistas y cada vez que explicábamos el concepto de derecho en el Estado de derecho, los periodistas nos decían que podíamos ver que Túnez es un país bien administrado y que tiene una buena clase media. Es decir, los mismos que en principio tendrían que haber investigado los bloqueos de estas sociedades se han convertido en los propagandistas del statu quo. Y ese es el error de Europa: no haber entendido que las necesidades de expresión se convierten en necesidades  básicas cuando se han satisfecho las primeras necesidades materiales de la sociedad. La necesidad para los magrebíes de participar en la vida social y en la vida de su ciudad ha permanecido oculta en Europa. Hoy en día, los dirigentes europeos la han visto, pero los viejos reflejos perduran. Sigue existiendo ese miedo oculto al surgimiento del enemigo secular del Sur que va a querer vengarse de siete siglos de dominación occidental.</p>
<p>a/i: ¿Podemos afirmar esto realmente para toda Europa en su conjunto? ¿No existen matices en las sociedades europeas en relación con el resto del mundo y con los vecinos del sur del Mediterráneo?</p>
<p>a.h.n.: Por supuesto que existen matices. Sin embargo, creo que la novedad que hay en Europa son los indignados. Han expresado claramente su solidaridad con las poblaciones del sur. Es un movimiento fundamental. Por algo los franceses reaccionaron muy rápido al impedir la ocupación de la plaza de la Bastilla y por algo las autoridades españolas, que no entendieron bien el movimiento, acabaron por reaccionar con brutalidad. Por algo en EE UU no se habla de ello. Hay un manto de silencio. En Israel, no obstante, han tenido que hablar de ello porque nada menos que prácticamente el 10% de la población se echó a la calle. Hemos visto banderas tunecinas y argelinas en Madrid, pero no necesariamente las enarbolaban los magrebíes.</p>
<p>a/i: Las revoluciones árabes se iniciaron en el Magreb. ¿Qué incidencia podemos prever que tendrá esta revolución democrática en la integración magrebí? ¿Va a liberar el proyecto magrebí o va a retrasarlo otra vez?</p>
<p>a.h.n.: Retrasarlo más de lo que está, es imposible. Porque ninguna economía magrebí se ha concebido en función de las demás economías. No es más que retórica. Y además, existe una falsa percepción por parte de las dos economías que son actualmente exportadoras, Marruecos y Túnez, de que Argelia también es su terreno baldío, de que es su Europa del Este que debe enriquecerles a la vez que empobrece a esos argelinos que no están dispuestos a convertirse en un país maduro. Todo esto son cálculos erróneos. Y la construcción magrebí no puede realizarse porque los regímenes han sido construidos basándose en la oposición. Eso no significa que sea una oposición básica. Es una oposición artificial que se mantiene permanentemente para justificar los regímenes. Argelia es el enemigo íntimo de Marruecos y Marruecos es el enemigo íntimo de Argelia. ¿Existe realmente una voluntad de pelearse por parte de los dos regímenes? No lo creo. Creo que existe una especie de alianza objetiva que justifica el estado del mundo.</p>
<p>a/i: Los movimientos como el de los indignados pueden, por tanto, poner al descubierto este desfase entre el poder aparente y el poder real que existe en otros lugares del mundo. ¿Podríamos en el Magreb plantearnos que quienes no rinden cuentas políticas, el Palacio en Marruecos y el ejército en Argelia, renuncien a su tutela sobre el poder aparente ante el efecto disuasorio de las revoluciones árabes?</p>
<p>a.h.n.: No creo en la capacidad de autoreforma de los poderes en el Magreb, incluida la del poder marroquí, que parece más inteligente y más moderno en su discurso. No creo que sean capaces de superarse a sí mismos y, por tanto, de reducir una parte del poder que tienen ahora. Vemos perfectamente, con la reacción frente a los indignados, que este debate ya se ha rechazado en Europa, donde existen, sin embargo, unas tradiciones combativas mucho más elaboradas que las nuestras. En nuestros países, es todavía peor. La solución marroquí es una solución blanda que consiste en comprar tiempo. Asimismo, la solución argelina también compra tiempo, pero más vulgarmente, con dinero. Son unas soluciones que, en definitiva, no compran nada. Las manipulaciones dentro de Túnez tienen por objetivo desanimar a la población para que no vuelva a hacer lo mismo. Ese fue el caso en Argelia durante la transición democrática de finales de los años ochenta. La diferencia entre 1988 y 2011 es que la circulación de la información es mucho más rápida y que el mundo se encuentra en una fase de cambio. Antes, la gente quería el statu quo cualquiera que fuese el discurso oficial: permitir la experiencia del FIS, eso sí que era discurso. Hoy, ya no nos encontramos en el statu quo. Estamos en un mundo que evoluciona demasiado rápido, en el que la potencia china crece más rápido de lo previsto y el declive de EE UU resulta, desgraciadamente,  más rápido de lo previsto.</p>
<p>a/i: Podemos estar de acuerdo al decir que la capacidad de auto-reforma de los regímenes existentes es escasa porque existe un temor al cambio. Pero el no cambiar nada conduce a rupturas radicales, como en Túnez y en Egipto…</p>
<p>a.h.n.: El problema en Marruecos es que la reforma la llevan a cabo jóvenes, pero que quieren perpetuar un statu quo. Porque acaban de llegar al poder y porque han obtenido muchos beneficios. Son muy buenos en el tema de la comunicación, en la elaboración de discursos de naturalezas distintas. Pero con una voluntad inherente de no modificar el sistema. Para ello cuentan con el apoyo de España y Francia, que son muy partidarios de la semántica, pero que no lo son, en absoluto, del fondo. En Argelia estamos en una situación diferente. El sistema está en poder de gente muy anciana y que cuestiona la capacidad de reproducción del sistema. Los jóvenes del interior del sistema no son herederos. Nos enfrentamos a un ejército popular. Es un sistema que jamás ha sabido engendrar herederos. Cuando no somos capaces de reproducirnos, significa que la biología supone un problema. Ahora bien, este es el caso: no se han reproducido ni a nivel genético, ni a nivel regional y tribal. Por el contrario, ha surgido otra élite que aspira al cambio. Cuando un sistema demuestra hasta ese punto que es incapaz de reformarse y que es incapaz de aceptar las soluciones técnicas que le proponen desde dentro, los que vienen detrás se ven obligados a impulsar el cambio. Ahí, por supuesto, existen dos posibilidades: o bien el caos, o bien una evolución dura, pero que, sin embargo, sigue siendo una evolución en el interior del sistema. Hay que trabajar sobre esta matriz. Nadie desea el caos.</p>
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		<title>Lo difícil está por venir</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 14:16:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ggonzalez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las revoluciones de Túnez, Egipto, Yemen, Siria y Libia tienen algo en común: lo más difícil está por hacer. Dicha esta elemental obviedad, tratamos de resumir algunos puntos básicos. ¿Por qué nos empeñamos en decir que las dictaduras son inamovibles? ¿Será acaso porque los españoles nos tragamos un dictador durante 40 años? El heroísmo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las revoluciones de Túnez, Egipto, Yemen, Siria y Libia tienen algo en común: lo más difícil está por hacer. Dicha esta elemental obviedad, tratamos de resumir algunos puntos básicos.</p>
<p>¿Por qué nos empeñamos en decir que las dictaduras son inamovibles? ¿Será acaso porque los españoles nos tragamos un dictador durante 40 años? El heroísmo de tunecinos, libios, egipcios, yemeníes y, sobre todo, sirios demuestra lo que puede hacer un pueblo capaz de luchar ordenadamente.</p>
<p>Pensemos en los casos más próximos: Marruecos, Mauritania y Argelia. Para marcar diferencias, pensemos en la frontera argelina con la marroquí, cerrada hace 18 años, a pesar de signos de distensión y de que amplios sectores de la población magrebí reclaman su apertura, clave para la integración regional y el desarrollo económico. Por su parte, Mauritania es una incógnita, quizá no lejana de su grado de maduración, donde los generales más jóvenes buscan canales de diálogo con la oposición más moderna.</p>
<p>El régimen argelino ha logrado ganar tiempo ofreciendo ayudas y reformas, pero la razón por la que los vientos de protesta no han barrido sus ciudades es otra. En Argelia acaba de cerrarse una guerra civil con un balance, según los menos pesimistas, de 130.000 muertos. El trauma no superado y el complejo entramado que configura el poder la convierten en un país con el que no se juega. Con superávit hoy, incapaz sin embargo de articular un mecanismo para que el paro juvenil baje del 25%.</p>
<p>Marruecos aparece ante sus vecinos, especialmente europeos, como un modelo de progreso. Es un modo de hablar. Pero es cierto que en Marruecos hay dos motores de los que Argelia y Mauritania carecen: por una parte un moderado avance hacia la modernidad, signifique esto lo que signifique. Por otra, un cierto equilibrio de poderes, arbitrado por la monarquía. Los avances de la legislación en defensa de la mujer o la reciente reforma de la Constitución, ambiciosa para unos, demasiado parca según otros, promovidos por el monarca y respaldados por el Parlamento, están ahí; el principio de pluralidad de partidos y sindicatos también. Marruecos es un país en marcha mientras Mauritania y Argelia parecen paralizados. Argelia es hiper rico, Marruecos no lo es: pero Rabat cuenta con una clase dirigente que mira más allá, sobre todo a Europa, de la cual depende en gran medida que los avances se hagan realidad. Veremos si está dispuesta a tomar decisiones audaces. Los resultados económicos de 2010 han sido favorables como pueden serlo los de 2011.</p>
<p>No podemos obviar aquí Arabia Saudí, Irán, Turquía, Israel y la futura Palestina. Los dos primeros constituyen fuerzas contrarrevolucionarias que intentan subsistir ante la marea democratizadora. En cambio, la Turquía de Erdogan se alza como modelo de Estado, abriendo sus brazos a la población árabe y enarbolando la causa palestina en un momento en el que se debate su estatus ante la comunidad internacional y el futuro del proceso de paz. Mientras, Israel intenta sobreponerse al progresivo aislamiento y a sus propias crisis internas.</p>
<p>El mayor reto, sin embargo, lo tienen los tres países entre el Nilo y Cartago, caracterizados por dos notas comunes: la presencia de esa ecuación Internet + telefonía móvil = comunicación + libertad. La capacidad de interconexión de estas dos tecnologías, inesperadas hace unos años, es incalculable. Por otro lado, con un peso mucho mayor, está la inteligencia y el valor de hombres y mujeres dispuestos a luchar. Este es el primer factor: el que determina la disposición a morir en defensa de la dignidad, de la libertad, la que acaba por imponerse al peor dictador en Libia.</p>
<p>Ante su primera elección libre, el 23 de octubre, deseamos toda la suerte que merecen a los tunecinos. Una de las claves de la buena orientación de las revoluciones tunecina y egipcia se ha basado en la unidad de sus ejércitos. Ahora sus sociedades deben evitar que los estamentos militares secuestren su futuro político y conjugar el frágil equilibrio entre partidarios y detractores del secularismo.</p>
<p>Aunque quede en su despacho de Damasco un joven, disfrazado de civil, Bachar el Asad, cuya represión se ha cobrado más de 2.600 vidas. Los sublevados sirios lo vencerán, es seguro.</p>
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