
Durante el primer semestre de 2010, la coalición religiosa de derechas encabezada por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, estuvo tratando de reformar la sociedad israelí de tal forma que fortaleciera su plan respecto a Jerusalén Este y Cisjordania. Esta posición fue una clara manifestación de lo cerrado, y por lo general negativo, que es el vínculo entre la política interna de Israel y la cuestión palestina.
La obsesión del gobierno sobre un creciente aislamiento internacional de Israel le llevan a ignorar auténticas oportunidades para el progreso hacia la paz.
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